Paulina Concha: “Los alimentos son uno de los mercados más innovadores junto a la ropa”

11/06/2019 / Autor: Marcelo Salazar

Conversamos con Paulina Concha, Gerente de Negocios del Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria (CeTA), para conocer más de la institución proveniente de Transforma Alimentos, programa de Corfo que busca mayor competitividad desde el sector alimentario.

Propone pensar en los pollos y la situación de hace muchos años, donde eran autoabastecidos o debían necesariamente provenir de un dato de quien vendiera. “Si bien la producción tan industrializada ha tenido un mal marketing, por algo se produjo y fue un gran cambio para esa y otras industrias. Eso permitió después venderlo en el comercio y luego en supermercados. Un fenómeno similar fue el consumo de alimentos fuera del hogar, que en su inicio era menor pero que está muy presente en nuestro día a día, considerando también que la gente cocina menos”.

“La innovación en alimentos es algo continuo”, afirma Paulina Concha, Gerente de Negocios del Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria (CeTA). Esta institución busca ser referente, tanto en Chile como en el extranjero, en generar mayor valor agregado al sector. Para ello unen los mundos empresariales y académicos para fomentar investigaciones para nuevas opciones en el mercado.

En una amplia y desocupada oficina de reuniones que da hacia avenida Apoquindo, con un café humeante y unos apuntes que lee de vez en cuando, tiene un hablar rápido que a veces anticipa la respuesta antes que termine la pregunta. Manifiesta que no trabajan como una incubadora de negocios ya que buscan proyectos con su mercado objetivo ya establecido y que necesitan de la siguiente etapa de prototipos a escala de laboratorio y de pilotaje.

“El CeTA es una de las 20 iniciativas que ha desarrollado Transforma Alimentos–programa estratégico impulsado por Corfo que busca competitividad en nuestra economía a través del sector alimentario–, por eso las palabras ‘tecnológico’ e ‘innovación’ en nuestro nombre son tan importantes, ya que buscamos dar valor agregado a través del apoyo en la tecnología”.

La ejecutiva, desde su cargo, busca conectar y apoyar a las empresas, emprendedores y pymes en sus innovaciones. Esto considera todo lo necesario como “equipamiento, postulaciones, envases, pilotajes, etc. Busco iniciativas y también a los que necesitan ubicarnos para desarrollar proyectos en conjunto”, afirma.

–¿Cómo llevan a cabo esa relación?

Dentro de nuestro rol está conformar una red de plantas piloto en Chile, lo que considera fomentar cuatro centros de innovación para dar apoyo a la zona metropolitana y otras regiones donde se encuentra muy fuerte la agroindustria. Nuestro centro está conformado por los grandes investigadores de alimentos en Chile, como son la Universidad Católica, Universidad de Chile, Universidad de la Frontera, Universidad de Talca, la Fundación Chile y la Fundación Franhoufer. En Temuco partimos con el primer centro, donde hemos hecho encuentros de emprendedores e incluso ha ido gente de Santiago a desarrollar prototipos. En la Región Metropolitana se está licitando la construcción de una planta en Carén, la que será completamente enfocada a la investigación, extracción de ingredientes y descubrimiento de funcionalidades de productos nativos.

–¿Qué es lo más complicado para innovar en alimentos?

El 2014 se hizo un estudio que arrojó que las principales brechas o dificultades de los emprendedores, no de las empresas grandes, para hacer escalar sus innovaciones era que no había plantas para hacer pruebas que no fueran de toneladas sino en kilos. De no grandes volúmenes porque eso implicaba directamente una gran inversión.

–Continuando ese punto, ¿de qué hablamos cuando nos referimos a una innovación en alimentos?

Es una constante renovación. Primero, porque cambian las tendencias. ¿Te acuerdas cuando decían que el huevo hacía mal y después se descubrió que no? Que era una fuente de proteínas y de excelente calidad. También surgen creencias, como ahora que todos creen que tienen alergia al gluten o a la soya y en realidad no es tanta la gente con alergia alimentaria real. Los alimentos siguen las tendencias porque los consumidores quieren cierto tipo de cosas, lo que a veces no es tan beneficioso. Hoy en día existe un gran desafío ya que las frambuesas chilenas están entrando con fuerza a Asia, entonces hay que innovar para exportar con valor agregado.

También cada vez más empresas, sobre todo las que buscan menos impacto en el medio ambiente, buscan productos igual de ricos que los de origen animal pero a base de proteínas vegetales. Eso está hecho con mucha tecnología porque requiere igualar la textura, que sea blando, suave y sabroso. En Estados Unidos y Europa está entrando con fuerza las cadenas de fast food provenientes de, por ejemplo, hamburguesas vegetales.

–¿Pero existe un tipo de consumidor más relevante que otros?

Sí, porque esto viene muy impulsado por los millennials o gente más joven que tiene consciencia de lo que come, no solo en cómo impacta su salud sino también en el medio ambiente. Emisión de carbono, consumo de agua, uso de la tierra. Esto no significa que la gente se transforme en vegana, sino que parte de su proteína tiene más opciones. El consumidor está dispuesto a probar. Piensa en lo que comían tus abuelos, luego tus papás y después tú, ahora. Ha ido cambiando y no solo en los alimentos procesados, ya que esto también se ve en restaurantes ya que siempre nos aburrimos de comer lo mismo.

–¿Y eso lo ve el mercado? Porque una cosa es lo que quiero como consumidor y otra, las alternativas que me dan las empresas. 

El riesgo para el empresario es harto, de partida porque se requiere un espacio o una nueva planta para trabajar, pero para el consumidor es algo que no resulta tan caro. Se puede probar, “dar el lujo” de probar una mayonesa o hamburguesa diferente, lo que no significará un gran riesgo. No es un gran cambio en su vida, pero sí cuando lo adapta. Los alimentos son uno de los mercados más innovadores junto a la ropa. Si te quedas atrás, llegan otros con nuevas ideas.

–Como explicabas, su rol es conectar al mercado con la investigación académica. ¿Cómo se produce ese diálogo? Ya que trabajan con modelos distintos, en tiempos distintos, con objetivos distintos.

Lo explico desde otro driver muy fuerte en la industria que es el envase. Ha existido un cambio rápido en esto porque los consumidores no están dispuestos a pagar por exceso de plástico. Lo anterior, necesariamente, ha llevado a las empresas a aliarse con investigadores de nuevos materiales no solo reciclables, sino biodegradables. Las empresas no tienen esa capacidad de investigación y es donde buscan puntos en común con las universidades.

–¿Qué sectores productos son más proclives a la innovación?

De las exportaciones que tiene Chile, la agroindustria es la más relevante. Tenemos un gran territorio agrícola y es una fuente de ingreso, fuera del cobre. Somos de los grandes exportadores de fruta, destacando las manazas y la uva, por lo que nuestro trabajo quiere diversificar la matriz de eso. Ahora, no es sólo esto, también somos fuertes en la acuicultura donde hay mucha innovación, pero son productos más envasados y distintos

–Bajo esos dos frentes, ¿cómo proyectan a Chile en la innovación en alimentos?

Esperamos duplicar las exportaciones de aquí al 2030 y acelerar las tasas de crecimiento. Tenemos todas las capacidades y si existe un norte o foco claro es totalmente alcanzable ya que estamos en el mercado asiático y norteamericano.


Imagen cortesía Bee Naturalles / Unsplash. Interior: Elaine Casap / Unsplash

TAGS: Acuicultura / Agroindustria / Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria / CeTA / Chile / Industria alimentaria / Mercados / Paulina Concha

11/06/2019 / Autor: Marcelo Salazar

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