Bombón Vecinal: la experiencia artística argentina donde vecinos y artistas trabajan juntos en un festival “antidomingo”

13/06/2019 / Autor: Marcelo Salazar

En 2014 dieron el “vamos” en una antigua casona de Buenos Aires. Cada uno de sus espacios y habitaciones quedaron habilitados para que distintos artistas propusieran piezas cortas de teatro, danza y performances. Distintos exponentes, de diversas estéticas, han ofrecido más de 60 obras originales en las 10 ediciones que lleva esta convocatoria autogestionada. Este año Teatro Bombón dio un paso más e innovó en un nuevo formato donde esta misma experiencia fue llevada a un barrio, donde los vecinos ofrecieron sus casas y tiempo para trabajar junto a grandes exponentes del otro lado de la cordillera. Conversamos con Monina Bonelli, cofundadora del proyecto, para saber más sobre esta “dramaturgia urbana” que, también considerando lo artístico, ayuda a encontrarnos como comunidad.

 “Para mí hay algo fundamental y es que vivimos en un mundo violento, la gente está preocupada y atemorizada por la seguridad. Nuestra visión y el mensaje que arrojamos a la sociedad es que es preferible conocer a tu vecino que poner una reja en tu casa. Parece un eslogan, pero surgió en una de nuestras conversaciones como equipo”.

Monina Bonelli lo dice mientras su tez se baña en la frágil luz de este día nublado. Esta proviene desde su izquierda, donde la ventana pone una parte del centro de Santiago en un cuadro. Una pintura que consulta fugazmente con sus ojos azules. De hablar intenso y narración considerada, me habla directamente como quizás lo hizo con sus vecinos, muchos que ni conocía, para comentarles esta idea que los reuniría junto a grandes artistas de su país, Argentina.

“Uno vive al lado de una persona porque sí, es algo aleatorio. Dado que es así, capaz que en 30 años no conozcas a esa persona de al lado. ¿Qué terminamos teniendo en común? Que somos una comunidad. Si no lo somos, estamos amontonados. A pesar de que llevo 12 años en el mismo lugar, tampoco conocía a tanta gente. Esta experiencia me sirvió para hacerlo”.

No es socióloga, psicóloga, tampoco experta en temas de seguridad. Tal como dice, lo que propone “Bombón Vecinal” es fomentar la convivencia e identidad barrial de una cuadra, su cuadra en el barrio de Abasto.

Cuando nos saludamos, me entrega el folleto oficial de la versión de este año. Está dividido en cuatro partes y predomina el amarillo, además de muchos textos que leemos mientras la acompaño en su cigarrillo. “Una propuesta de activación comunal a través del arte que combina un formato de Teatro Bombón como una aproximación al trabajo comunitario”, se lee en la descripción.

Esta actriz, dramaturga, curadora y gestora cultural es también la Directora Artística del Teatro 25 de mayo de Buenos Aires, ubicado en Villa Urquiza. Un centro cultural construido por vecinos en 1919, que luego estuvo en manos privadas, que después cerró por casi 20 años y que, si no es por los mismos lugareños, ella dice que se habría convertido en una disco. Ante la insistencia, el gobierno de la ciudad lo compró y hasta el día de hoy es gestionado por el Estado, con una notoria participación vecinal.

Su cargo la lleva a abrazar el trabajo territorial y fomentar la creación del Teatro Bombón, en 2014. Junto a Cristian Scotton, también gestor cultural, crearon este festival de obras cortas que lleva 10 ediciones y que, como dice apagando la colilla, fomenta el “antidomingo”. Siempre se realiza por las tardes de ese día de la semana.

El anterior comenzó en una casona antigua de la calle Corrientes, “La Casa Iluminada” que decidieron utilizar para distintos artistas y propuestas. Con fondos propios, cada uno recibía un pequeño monto de dinero para desarrollar obras en las habitaciones.

“Sabíamos que uno de los problemas era dónde ensayar. Capaz que primero lo hacían en un lugar chico y luego en uno grande, lo que es antiorgánico para la creación. Nosotros construimos unas residencias no para que durmieran, sino para que trabajaran en el mismo espacio en que después desarrollarían sus funciones”.

Monina Bonelli fue invitada al II Seminario Internacional de Gestión Cultural, organizado por el GAM, para hablar del éxito y valor del Teatro Bombón. Tras la jornada, subimos a las salas a un costado de la biblioteca del recinto, donde la ventana da hacia edificios y un panorama que observa de reojo.

–¿Y por qué “bombón”?

 –Porque para nosotros era como una caja de bombones. Pequeña, intensa y diversa. El de chocolate no tenía que ver con el de fruta, pero estaban en el mismo lugar. En seguida se entendió y gustó el título.

Con un café cortado, un pañuelo a punto de caer de su cuello y una libreta que abre y no consulta durante toda la conversación, recuerda que la primera edición de esta idea comunitaria tuvo cinco obras y un criterio curatorial por la diversidad. “Cuando empezamos Teatro Bombón con Cristian quisimos dar el espacio a diversas estéticas, más allá de que fueran o no de nuestro gusto. El encuentro estaba en lo diverso y eso hizo que nuestra propuesta se convirtiera en un festival y no en una programación común, pues todos esos artistas se encontraban en el mismo espacio y con la posibilidad de verse entre sí”.

Actualmente, esta coproducción lleva 64 estrenos, obras inéditas realizadas en su espacio que fueron viralizándose en el boca a boca, la asistencia, cobertura de medios y luego, la invitación del Festival Internacional de Buenos Aires. Esto, porque en la organización estaba contemplada la intervención en Abasto, el barrio donde vive Bonelli en la capital bonaerense.

“Desde el FIBA me propusieron llevar el Teatro Bombón pero que, en vez de trabajar sobre un edificio, lo hiciéramos en la calle. Me encantó, por lo que propuse trabajar en la cuadra de mi casa. Vivo hace 12 años en el barrio de Abasto, donde se encuentra la mayor concentración de teatros independientes, donde llegan todos los subtes y existe una gran inmigración, principalmente peruana”.

–¿Pero por qué específicamente en tu cuadra? Podría haber sido otra.

 ­–Porque con mi vecina del departamento del frente, Mary Moyano, hace años que veníamos conversando hacer una obra en nuestras casas. En los dos departamentos y que la gente estuviera en los livings. También, porque al frente de mi edificio hay un taller mecánico muy particular donde se hace karaoke todos los viernes. A su dueño, “Pini”, le decimos “el mecánico del amor”.

 La idea con su vecina terminó en “La mujer que soy”, mientras el local de Pini fue “El Taller”. La primera fue una obra dirigida por Nelson Valente, destacado director del otro lado de la cordillera, mientras que la segunda se convirtió en una galería de arte con obras del artista visual Marcos López. También se realizaron recorridos por el barrio, además de otras presentaciones como “Cuidado, estamos trabajando”, hecha en la casa de la psicóloga del sector y con la dramaturgia de Norma Aleandro. O “Lo único que quiero es bailar”, donde un grupo de vecinas se reunió para una presentación que incluyó una obra documental en relación del cuerpo y la danza hechas por Marcelo Zappoli, fotógrafo y también residente.

“Una cuadra es la unidad mínima de la ciudad donde confluyen lo público y lo privado, sin embargo un edificio no es así, aunque sea comunitario. En una cuadra nos encontramos con todos los problemas del barrio, o por lo menos un muestreo. Eso también es la ciudad en escala bombón. No es solo la cuadra, no es solo el espacio, sino la comunidad”, reflexiona.

–¿En qué consistía el trabajo para lograr “Bombón Vecinal”?

Primero invitamos a ocho artistas ya elegidos bajo una consigna del FIBA, temáticas de género. Cuando nos pusimos a trabajar con la comunidad, nos dimos cuenta de cosas que no se podían forzar, ya que lo que más se hablaba era de la convivencia, de estar juntos, y qué significa eso. Eso nos llevaba a un vecino embajador que nos conectaba a otros activadores, además de los productores de nosotros. Así charlábamos con la gente y hacíamos trabajo territorial con el cuerpo. Después, a cuatro de esos ocho artistas les otorgamos trabajar sus obras en espacios de vecinos. A los cuatro restantes, en los recorridos barriales que no fueran más de seis a siete cuadras a la redonda. Todos participaron de las reuniones donde pudieron conocer las historias, el patrimonio y las personas con que después actuarían.

–Dada esta primera edición, ¿qué buscan con Teatro Bombón? ¿Llevarlo a otros sectores?

 Venir a este seminario también me ayudó a conceptualizar, a afinar mucho más todo y ponerlo en perspectiva de otros proyectos realizados. Este es como un caldero donde se suman un montón de experiencias curatoriales con Cristian. En el futuro vemos llevar esto a otros lugares, yendo a festivales y conversando con directores de espacios. Este es un proyecto que está al medio del arte y lo social, puede ser adquirido tanto por un espacio cultural o un municipio.

–¿Y cómo es el financiamiento de una instancia territorial así?

 A nosotros nos interesa mucho que todo esto sea gratuito. Para eso, necesitamos fondos para la estructura. Nada es mucha plata pero todo suma. A los vecinos que pusieron los espacios les dimos apoyo, limpieza y amabilidad. Hoy en día estamos buscando fondos para una nueva edición y también pensando en otra en Villa Crespo. La del barrio Abasto la hicimos con fondos de Mecenazgos Culturales, programas de devolución de impuestos para las artes, como también apoyo del FIBA.

–¿Cómo reflexionas hoy en día con respecto a la Innovación en los formatos? Porque las mismas propuestas podrían haberse realizado en un teatro tradicional, pero claramente no sería lo mismo en términos de performances y resultados.

 Sí. Teatro Bombón y “Bombón Vecinal” construyen una dramaturgia urbana. Cada pieza es una parte de una experiencia más global y eso lo descubrí con una periodista que contó su experiencia. Cómo de repente el barrio se convirtió en una cosa ficcional donde ya no sabía quiénes eran vecinos, actores, ficción o realidad. Eso es posible solo en este contexto, si lo pongo en una sala teatral no se arma. Lo que hay que pensar es que, más allá de las obras, estamos hablando de una experiencia total donde había mesas en la calle porque estaba cortada, donde la invitación era salir y encontrarse con las demás personas.


 

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13/06/2019 / Autor: Marcelo Salazar

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