Chile se encuentra en el último lugar de América Latina en cuanto a empleo femenino, alcanzando un 43% de ocupación laboral entre las mujeres, lo que nos sitúa un 11% por debajo del promedio regional (54%).

Así lo indica un reciente estudio de la firma especializada en reclutamiento Michael Page, cuyos expertos indican que nuestro país se encuentra muy lejano en relación a otros.

Colombia, por ejemplo, tiene un 55% de mujeres en su fuerza de trabajo y de este total, un 53% ocupa un cargo a nivel de gerente. La realidad en Chile es muy distinta, ya que la representación femenina en niveles profesionales y gerenciales alcanza sólo el 17%.

En el ámbito salarial, el mismo estudio asegura que en nuestro país un 83,5% de las mujeres que trabajan con remuneración obtienen un sueldo menor a 550 mil pesos líquidos, lo que las sitúa un 42,6% por debajo de lo que recibe un hombre en el mismo cargo.

¿Cómo podría Chile acercarse al promedio de la región y avanzar hacia una mayor empleabilidad femenina e igualdad salarial?

Si bien la desigualdad entre hombres y mujeres en el ambiente laboral es amplia, evidente y se manifiesta cotidianamente, también es cierto que en los últimos años se han logrado importantes avances, especialmente hablando de la incorporación femenina a la alta dirección.

Una muestra de esto es un estudio del PNUD, que indica que 15,8% del Senado y la Cámara de Diputados está conformado por mujeres, mientras que a nivel ministerial la cifra alcanza un 23%. Se entiende que estos números eran inesperados hace un par de décadas, pues previo al retorno a la democracia en 1990 la cantidad de mujeres en ministerios sólo representaba un 4%.

Frente a este desafío por una mayor inclusión femenina, la clave está en que los líderes asimilen los múltiples beneficios de contar con una mayor representación de mujeres en las empresas.

Su presencia en el mundo laboral contribuye a que las compañías mejoren sus niveles de productividad y sean más sustentables.

Diversos estudios indican que las mujeres son un excelente motor de cambio organizacional, capaces de generar mejores oportunidades e instancias de crecimiento para las empresas a través de su motivación, pasión y creatividad, logrando de esta manera llegar a diferenciarse de la competencia.

Tal como lo afirma el Reporte Global de la consultora Mercer, “cuando las mujeres progresan, los negocios progresan”.

Conciliar de mejor forma la familia con el trabajo, equiparar los ingresos salariales, ofrecer mayor flexibilidad horaria, valorar las fortalezas y atributos de cada género y fomentar el desarrollo profesional de las mujeres son sólo algunos de los ámbitos en los que debemos dar pasos concretos.

La meta: empleabilidad femenina real, en condiciones de igualdad y en la que ellas tengan la oportunidad efectiva de contribuir con sus conocimientos, capacidades y talentos.

21/12/2017 / Columnista:

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