En el desierto de Atacama, en su sequedad, se encuentra vida extrema que ha llevado a la NASA a usarlo de terreno de prueba, tanto de los robots exploradores como de la búsqueda de vida en Marte. Ahí se han encontrado microorganismos en ambientes sorprendentes. Nuestro desierto de Atacama está sirviendo de modelo para la exploración del planeta rojo. 

No es que se vaya a encontrar en Marte la vida de acá, sino que los métodos de búsqueda se pueden someter a pruebas previas en el desierto, lo que es un peldaño de la escala hacia la vida en otros rincones. 

Otro aspecto relacionado con Marte es la colonización de ese planeta, para lo cual será necesario tener  allá una provisión de alimentos cultivados. Se estima que llevar alimentación desde la Tierra costaría mil millones de dólares por persona al año. Por eso es importante un camino para poder solventar el gasto.

Carretera “hacia el cielo”. 

La carretera 11Ch parte desde Arica, se interna por el Valle de Lluta y sube hacia el altiplano en una pendiente muy empinada, donde se puede ir “sintiendo los diferentes climas” a medida que se asciende y conecta finalmente con la carretera de Bolivia, a 4.700 metros sobre el nivel del mar.

La flora que aparece en el camino, desde Arica hasta Parinacota, parece un muestrario de la adaptación de la vida a condiciones extremas; recuerda a los suelos estratificados de los geólogos.

  • 0 – 500 m : Valles de Azapa y Lluta. Hortalizas, maíz.
  • 0 – 1000 m: Desierto costero. Cactáceas menores (rumpa)
  • 800-1800 m : Pampa y piedmonte precordillera. Hierbas menores (calanchucales y matorrales)
  • 1800 – 3500 m: Desierto andino. Cactus candelabro y matorral desértico.
  • 3000 – 3500 m: Precordillera. Bosques y matorrales arborescentes (keñua)
  • 3000 – 3500 m: Valles altiplánicos. Orégano, quinoa, maca
  • 3500 – 4500 m: Altiplano o Estepa altoandina: Llareta, pajonales.
  • sobre 4500: Alta cordillera: Paja amarilla, llaretilla.

Ante estos datos nos preguntamos: ¿y si siguiéramos mas arriba? ¿Y si forzamos ambientes con menos aire?, ¿Con menos presión?, ¿Con mas CO2?, ¿Con más radiación?, ¿con….? , etc. ¿Y si vamos seleccionando plantas que presenten ventajas a esos ambientes forzados?¿Y si nos vamos acercando a Marte?

«Un objetivo como Marte obliga a pensar en ambientes ‘no normales’ para desarrollar tecnología distinta. Esta es una gran oportunidad para la postergada Región de Arica y Parinacota, porque aquí tenemos un laboratorio natural al alcance de la mano».

Las startups hospedadas en WakiLabs están desarrollando tecnologías que permite controlar ambientes en entornos agrícolas especiales, con los que podremos someter vegetales a modificaciones selectivas para adaptarlas a ambientes cada vez más extremos. Una especie de “carretera hacia Marte”.

No tendríamos que reproducir el ambiente marciano aquí en la tierra. Si a la severidad de las condiciones ambientales de Marte le asignáramos  un valor 10 y a las condiciones agrícolas en la tierra le asignáramos un valor cero (tal como cuando un médico nos pide dimensionar un dolor), entonces Arica tendría un valor cercano a 0,5 y en el altiplano, uno de tres. Esto significa un largo trecho hasta el 10 de Marte, pero podemos extender la severidad hasta el número cuatro con ambientes artificiales no muy caros. O extenderlos hasta seis, con tecnologías más duras. Pero también podríamos bajarle la severidad en Marte con ambientes controlados allá, no necesariamente bajarlos a cero (con ambientes muy terrestres), sino a valores intermedios, digamos 5 – 6 o similar. 

Evolución dirigida y coevolución.

Así como la vida ha evolucionado adaptándose a los ambientes existentes, el ser humano ha domesticado especies vegetales animales, seleccionando cultivos de aquellos ejemplares que mostraban mejores características, para su uso o consumo. Un ejemplo de esto es la domesticación del choclo, desde el teosinte, pero podríamos ir más allá. Adaptar cultivos ya domesticados para que prosperen en un ambiente como el de Marte. Podríamos dirigir mutaciones por medio de modificaciones ambientales progresivas, desde las condiciones terrestres hasta las condiciones marcianas, buscando las plantas que sobrevivan y que presenten ventajas en ambientes progresivamente más cercanos al ambiente de Marte. 

Pretendemos generar una línea de coevolución de especies vegetales y de ambientes que nos permita producir cultivos alimenticios nuevos, en condiciones del planeta rojo o cercanas a este. 

Un aporte esperado en este proceso es que en esta carretera hay “salidas intermedias”. Es decir, se podrán generar y adaptar tecnologías a diversos ambientes terrestres donde es difícil hacer agricultura hoy: escasez de agua, terrenos pedregosos, topografías escarpadas, climas extremos, etc. Estas serán oportunidades de aplicación de los desarrollos que se vayan logrando en la “carretera hacia Marte”.

Esta es una gran oportunidad para la postergada Región de Arica y Parinacota, porque aquí tenemos un laboratorio natural al alcance de la mano. Como en ningún lugar del mundo, tenemos una carretera pavimentada que en solamente 250 km, menos de cuatro horas en vehículo, nos lleva desde el nivel del mar hasta 4.700 metros de altura. Pensamos ocupar esta ventaja geográfica, que es tener una reserva forestal (Parque Lauca) con un lago (Chungará) en el altiplano más alto del planeta, conectados con Arica por esta carretera que recorre una pendiente. 

Un objetivo como Marte obliga a pensar en ambientes “no normales” para desarrollar tecnología distinta. Parafraseando a John F. Kennedy: “pensamos en alimentos en Marte no porque sea fácil, sino justamente porque es difícil”. Es un desafío que invita a pensar en nuevas posibilidades. Invita a generar tecnologías nuevas para ambientes inesperados. Invita a soñar y a concretar un camino.

Sin comentarios Deja tu comentario