Un millón de empleos y cien mil nuevas empresas. Creo que nadie en su sano juicio podría criticar estas metas como altamente deseables y necesarias para Chile. Lo que sí se requiere es una lupa en el cómo.
La estrategia macroeconómica, reglas claras e incentivos correctos, tienen poco espacio para ser mejoradas. La Concertación ha hecho un excelente trabajo en esta materia y pocos se aventuran a discutirlo. Optimizar este conjunto de iniciativas a través del MK3 y otras materias podría redundar en cerca de un tercio de la meta.
La modernización del Estado, eliminar la burocracia y facilitar el camino para crear y desarrollar (y cerrar) empresas, debería ser un sello del nuevo gobierno y claramente, será importante para alcanzar otro tercio, lo que permitiría llegar a 2/3 de la meta.
Estas medidas sinérgicas serán vitales para que las empresas grandes crezcan, lenta pero sostenidamente, y además se cree un conjunto de nuevas microempresas que reemplacen a las que, por efectos del mercado, no son eficientes y no pueden sobrevivir.
Sin embargo, el eslabón perdido para llegar al millón de empleos está en el desarrollo de una política potente, persistente y urgente para levantar nuevas empresas innovadoras. Emprendedores que sean capaces en pocos años de crecer aceleradamente a doble dígito.
Así, cada emprendedor se transforma en una turbina, en una locomotora de la economía que tira de miles de familias hacia el desarrollo. Estos hombres y mujeres además traerán nuevos aires, nuevas prácticas y serán los pilares de un cambio cultural hacia una meritocracia más profunda.
El autoempleo y el microemprendimiento son fundamentales en el corto plazo para mantener en movimiento la economía, asegurar empleo y dar una fuente de ingresos dignos a buena parte de los chilenos. Los balones de oxígeno a este segmento, a nivel financiero y técnico, son críticos, pero no suficientes para retomar la senda de crecimiento alto y sostenido.
El fomento al emprendimiento dinámico en base a negocios competitivos, sustentados en innovación, con ventajas competitivas, que permiten escalar y competir en el mundo globalizado, es completamente diferente.
Los emprendedores de alto impacto requieren un paquete de medidas ad hoc, integral y sistémico, orientado a resolver sus necesidades específicas. Existe un absoluto consenso a nivel global que éste es el nicho más relevante con el cual trabajar en economías emergentes como Chile.
Debemos buscar la forma para alcanzar, al menos, mil nuevas empresas de clase mundial que quieran y puedan competir desde Chile, insertándose en redes globales de valor y que generen impacto brutal en nuestra economía. Estas empresas serán el impulso al crecimiento y el ejemplo que inspire a otros a seguir la ruta del emprendimiento, generando un círculo virtuoso.
Ésta es la estrategia que está menos explotada en Chile y donde tenemos un mayor espacio para mejorar. Por lo tanto, donde hay más oportunidades de aumentos de productividad relevantes en el corto plazo. Debemos seguir con la modernización del Estado, la estabilidad macro, el desarrollo de las grandes empresas y la creación de microempresas, pero el gran salto vendrá de nuevos emprendedores que quieran comerse (y cambiar) al mundo desde Chile, creando valor y empleos de calidad.

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