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¿Qué pasará con la minería chilena en las próximas dos décadas? ¿Cómo recuperamos la inversión e incentivamos la exploración? ¿Se desarrolla una estrategia a largo plazo como país, privilegiando nuestras reservas de cobre y litio como lo estamos haciendo con la radiación solar, todos elementos imprescindibles para el desarrollo de un futuro más limpio, sustentable y eléctrico?

Existe optimismo en la minería global, no sólo por el repunte del precio del cobre, sino que -observando el mediano plazo- por el protagonismo de este metal en lo que se ha llamado la “Nueva Economía”, baja en carbono o “verde eléctrica”. Allí -junto al cobre- el litio, el níquel y el cobalto son los protagonistas. Y por supuesto, el sol.

La minería nacional puede liderar los cambios disruptivos que requiere la industria a nivel global no sólo por ser el mayor productor de cobre del mundo y, por ende, un laboratorio en el que se pueden probar nuevas tecnologías, modelos de negocios de menor costo, complejidad y simpleza.

También, en términos del capital humano, en la gestión y prácticas del negocio, en las relaciones laborales, la comunidad y ciudadanía en general. Al mismo tiempo, el país está jugando un rol de liderazgo global en lo que a energía solar se refiere.

Este futuro promisorio, cuya economía contribuirá a reversar el cambio climático, exige a la industria minera dejar atrás la forma en que ha venido produciendo e innovar en cómo se hará partícipe de dicho futuro, repensando la forma de obtener y procesar los minerales, disminuyendo sus desechos sólidos y líquidos, el uso de agua y -en general- sus impactos.

Hay que traer el futuro al presente de la minería. No podemos dejar que esta nueva revolución tecnológica pase frente a nuestros ojos sin aprovechar nuestros ventajas competitivas.

Ante eso, el desafío es lograr un gran acuerdo en los focos y aunar las voluntades para prolongar las iniciativas vigentes más allá de los vaivenes electorales y la voluntad política del gobierno de turno. Eso es lo que exigen estos tiempos de cambios vertiginosos.

La madurez y experiencia de nuestra industria minera es una puerta de entrada a la tan mencionada economía del conocimiento, la que no se contrapone con la explotación de recursos naturales, sino que sólo requiere mayor diversificación y sofisticación.

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07/02/2018 / Columnista: Alejandra WoodDirectora Ejecutiva Cesco.

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