Se suele nombrar “Inteligente” a cualquier tecnología que posea, a lo menos, un componente automático que su predecesora no tenía. Antibióticos inteligentes, casas inteligentes, mapas inteligentes, ropa inteligente y otros. Cada vez es más común oír o leer sobre esta famosa etiqueta. ¿Qué son realmente?

Estoy seguro de que la mayoría de nosotros tiene la tarjeta BIP o que alguna vez les ha sonado la alarma a la salida de una tienda o que les llegan avisos de cobro del TAG. En cualquiera de los casos, la tecnología RFID o Identificación por Radiofrecuencia ya forma parte de su vida y ni siquiera se había percatado de ello.

Este sistema está compuesto por dos elementos principales: la etiqueta o “tag” que corresponde a un chip electrónico con memoria (que está en la BIP o en el sensor de la tienda) y la antena (que está en el torniquete del metro o en las puertas de la tienda) que es la que transmite energía al tag y “lo activa” para poder leer su código.  En algunos casos, la antena también “escribe” información en el tag, como en el caso de los que tienen mascotas con registro de sus datos. Prácticamente todo lo que requiera “identificar sin contacto” funciona con esta tecnología.

Como con todas las tecnologías, ésta también tiene sus detractores que consideran al RFID una invasión a la privacidad.

La tecnología de RFID fue utilizada por primera vez en aplicaciones civiles en tarjetas de seguridad de acceso a plantas nucleares. En los años 90, el bajo costo de los dispositivos permitió masificar su uso como mecanismo de identificación y acceso principalmente. En la actualidad se utiliza en logística, aplicándola en inventarios automáticos, detección de lo que entra y sale de una bodega, ubicaciones en anaqueles de manera automática, seguimiento de paquetes, bultos, cálculo automático del total de la compra, rastreo de carga en los camiones, ubicación de tractos y ramplas dentro de centros de distribución, entre otros.

Como con todas las tecnologías, ésta también tiene sus detractores que consideran a la tecnología RFID una invasión a la privacidad. Iniciativas como “noSpyChips” o “stopRFID” patrocinadas principalmente por asociaciones como CASPIAN (Consumidores contra la invasión de privacidad de los supermercados) advierten con frases como: “El Gran Hermano viaja en su carro de compras”, o que tags escondidos en diferentes productos permitirían conocer los lugares por donde pasa un potencial cliente, llegando un paso más allá en el análisis de los hábitos de consumo, pues se incluirían sus hábitos de desplazamiento además de permitir a los promotores saber a quién acercarse.

Lo cierto es que el buen o mal uso no depende de la tecnología en sí misma y en el caso del RFID, llegó para quedarse. Sus principales aplicaciones nos simplifican el día a día, ya sea conscientes de ello, como cuando usamos nuestra tarjeta de acceso para ingresar a la oficina o inconscientemente como cuando compramos en el supermercado, a menos que algún tag no haya sido desactivado al pasar por caja y una simpática alarma nos haya sonado al salir.

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