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Lo que abunda muchas veces en los coworks -espacios en los que se desarrollan, se juntan y se conocen los emprendedores- es el ruido que generan los aplausos, haciendo perder el foco de la actividad innovadora: creación de valor de mercado, es decir, vender su oferta e impactar las industrias en las que interviene.

Desde hace un tiempo los coworks se han transformado en protagonistas de la escena emprendedora nacional. Se han ido apoderando de su dinámica allí donde se instalen -de norte a sur- en nuestro país.

La mayoría de ellos son financiados con recursos públicos a través del apoyo de Corfo, pero también los hay en el mundo privado, pues las empresas han visto un buen medio para fidelizar a sus clientes y hacer carne el discurso de apoyo a la innovación.

En medio de tantos aplausos que se dan entre los propios emprendedores por los logros obtenidos en estos coworks, se desconcentran. Y lo que abunda muchas veces en estos lugares son emprendedores cuyo modelo de negocio apunta más bien a comunicar su historia e ideas una y otra vez no para vender, sino que para obtener reconocimiento público y mediático.

Y -de paso, por cierto- aspirar a ganar alguno de los tantos premios para ideas innovadoras que abundan por estos días.

¿Está mal que esto pase? Es importante que en los coworks se dé importancia a la valoración social de la figura del emprendedor, como primer paso.

Sin embargo, resulta fundamental también incorporar a estas dinámicas y a estos espacios mayores dosis de compromiso y riesgo de los propios emprendedores, quienes muchas veces abandonan los coworks si en algún momento dejan de ser totalmente gratuitos.

Con ello se pone en jaque a estos espacios y se esfuma la posibilidad de que puedan ser autofinanciados en su totalidad. ¿Nos hace bien la lógica asistencialista de la política pública para el desarrollo de nuestro ecosistema de emprendimiento?

También se requiere mayor compromiso y riesgo en quienes pueden inyectar dosis de conocimiento y recursos a tantas buenas ideas que circulan por los coworks nacionales: me refiero a los empresarios e inversionistas.

Eso porque -por una parte- pueden mentorear y potenciar ideas para convertirlas en negocios y -por otra- pueden invertir capitales para acelerar esos emprendimientos.

Así, el riesgo -lamentablemente- no es un valor presente en nuestro incipiente ecosistema nacional de emprendimiento e innovación.

Los coworks tienen una gran oportunidad de no sólo ser buenos espacios de networking y difusión de ideas, sino que también espacios de compromiso, riesgo e inversión.

Mantener este estado de cosas no nos ayuda a generar más oportunidades para aquellos negocios con alto potencial. No sólo hay que financiar la estancia en los coworks de personas con buenas ideas, energía y con ganas de aplaudirse, sino que -además- a quienes quieren arriesgar su tiempo y su dinero en concretar negocios.

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