Que los computadores piensen como lo hace un ser humano –o de la forma más similar posible- es casi una figura futurista; hasta hace poco, sólo una idea de la literatura y el cine. No obstante, ya es una realidad gracias al desarrollo de empresas como IBM y Microsoft (la primera con Watson y la segunda con Cortana), entre otras.

Es lo que se llama «computación cognitiva», una tecnología que permite recolectar gran cantidad de datos estructurados y complejos, para transformarlos en conocimiento y experiencias.

De acuerdo a la empresa especializada Gartner, las máquinas inteligentes serán las protagonistas de los cambios más disruptivos de esta generación, pues permitirán a las personas y a las empresas, por medio de las tecnologías de la información (TI), hacer cosas que antes parecían imposibles, optimizando eficiencia y productividad de una manera superior a la actual.

Y eso porque la «computación cognitiva» es capaz de realizar un análisis de datos mucho más acabado, con deducciones lógicas, que redunda en una mejor y más rápida toma de decisiones, lo que posibilita una disminución en los costos operacionales y, en definitiva, una mejor experiencia de cara a los clientes.

Pese al avance y beneficios que todo esto puede representar, hay quienes le tienen algún tipo de recelo, como el reconocido físico Stephen Hawking, quien no se ha mostrado abiertamente contrario a las investigaciones en este campo, pero sí ha sido enfático en advertir riesgos.

El experto anota que la comunidad científica no se está preocupando lo suficiente por mantener bajo control un eventual sistema de inteligencia artificial y que no hay ninguna ley física que impida que las partículas en un sistema de esa naturaleza se re-ordenen a sí mismas para realizar cálculos más complejos de los que puedan hacer los seres humanos.

¿Qué hacer con la posibilidad de contar con hardware y software más avanzado? ¿Cómo podemos aprovechar esta alternativa?

Por ejemplo, en sistemas que apoyen la toma de decisiones, el análisis social, la combinación e integración de datos en tiempo real y la asesoría personalizada en diversas áreas sociales, económicas, de negocios, educativas, de salud u otras, pues la computación cognitiva es transversal.

Se trata, sin duda, de una tecnología que puede transformar todas las industrias y la vida de las personas.

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