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En Chile la producción de eventos masivos está polarizada entre el mundo privado y público. En el segmento privado he formado equipo con profesionales chilenos de alta gestión, trabajando incluso internacionalmente y claramente cada centavo del salario vale cada hora de atención y detalle. En cambio he visto producciones públicas en Chile que distan mucho en cuanto a su resultado, existiendo los profesionales y la disposición.

Me parece que comprender la dimensión de la marca y el valor generado a través de las experiencias de fiestas y eventos masivos es lo que las empresas entienden muy bien y el estado aún no es capaz de valorizar. En general creo que es una cuestión de reconocer el valor para determinar la inversión, la propuesta y la gestión.

El presupuesto se trata de formar equipos con experiencia y visión que optimicen recursos y gastos. Los honorarios pueden ser más altos a lo acostumbrado en lo público, pero serán eficaces en la administración de recursos y en los resultados. El status de los municipios es abismante y estoy segura que puede haber una mejor colaboración con profesionales de peso.

Una simple mirada a las redes sociales y a las gráficas hacen evidente su gestión, pero el momento de montaje y producción es una verdad reveladora.

Luego de coordinar acciones con vecinos que tienen cerca de sus terrenos fiestas y eventos masivos, el aprendizaje es muy interesante de analizar, ya que es complejo hablar de RSE y trabajo con comunidades de cualquier índole (vecinal, indígena o de género). Los seres humanos somos complejos y el desafío es grande.

En Chile el factor político juega un fuerte rol, pues no se trata de la política del término griego “polis”, sino de partido político. Eso dificulta mucho poder apoyar las necesidades y oportunidades para las comunidades, pues la ceguera de pocos no permite avanzar en beneficios de muchos.

A mi juicio, las empresas de fiestas y eventos masivos cumplen y superan las exigencias de la ley de Chile; lamentablemente las personas no se informan de esto antes y muchas veces se aceleran sin escuchar la cortesía que proponen las productoras. Las mitigaciones no son una obligación y son favorables para la comunidad.

Chile ha cambiado y se ha transformado en un buen país, con increíbles propuestas creativas que se diluyen en actos pesimistas por apego a falsos fantasmas. Hace años vivimos en un país lindo y alegre donde todos podemos disfrutar y celebrar.

En un festival con 40.000 asistentes logré levantar una encuesta de gran representatividad con 1.200 muestras para conocer el medio de transporte utilizado para llegar. Fue un gran logro, al igual que el reciclaje de 5 toneladas de vidrio de 12 barras que en otras versiones habrían ido a la basura.

Falta tanto en el Estado, como en las productores y auspiciadores ver el valor de un estudio de basura; hay claves fantásticas para entender y planificar futuras acciones. Nadie quiere hablar de la basura, basta recordar los recientes incidentes de vertederos o mirar el estado de carreteras luego de masivas peregrinaciones; hay un tema social y cultural muy potente que está en deuda.

El peor desfase está en los bonos de carbono, pues si los quiero comprar quiero dejar ese beneficio en Chile y no en una selva a 5.000 km de distancia. Vivimos en un país que requiere proteger miles de hectáreas de bosques y fauna amenazados, áreas donde el desierto avanza que requieren de planificación para mitigar.

Necesitamos despertar a más innovadores para poder generar áreas de protección que puedan favorecerse, también una Ley más amistosa y entendible. Tanto las productoras como las marcas y público están dispuestas y quieren expresarse bondadosamente, pero debemos articular esta visión para la acción.

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