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Nuestra región, denominada como LCN (Latin America and the Caribbean), aparece rezagada en la reciente entrega del Índice Global de Innovación de 2017 (GII, Global Innovation Index, en sus siglas en inglés). En el ranking que evalúa 127 países, Suiza se mantiene en la primera posición por séptima vez, enfatizando un liderazgo que marca desde el año 2011.

En los primeros veinte lugares están Estados Unidos y países de Europa y Asia, naciones de altos ingresos per cápita y que invierten en el desarrollo de las capacidades que se requieren para innovar.

El primer país de LCN en aparecer es Chile, ocupando el lugar 46. Tal como en otros rankings, el país se ubica como el primero de la región, pero aún tenemos un largo camino que recorrer para alcanzar a las naciones Ocde. De nuestro sector geográfico nos secundan Costa Rica en el lugar 53 y México en el 58.

Hay consenso en que la innovación es esencial para aumentar la productividad y mejorar la competitividad de los países, más aún ahora en que entramos a la era de la cuarta revolución industrial, en la que se van a ampliar las diferencias entre los países con capacidad para innovar y aquellos que no la tienen.

Como dice Francis Gurry, director general de Wipo (World Intellectual Property Organization), “la innovación puede ayudarnos a transformar la actual tendencia de crecimiento económico al alza, a un crecimiento de largo plazo”. La innovación es reconocida como uno de los drivers del crecimiento, en un mundo basado cada vez más en el conocimiento.

Estamos en un momento crucial, en el que la riqueza se crea rápidamente a través de aplicar conocimiento y la tecnología a las ideas. Ésta última nos permite crear con mayor facilidad todo aquello que imaginamos, sin tener que ser expertos matemáticos, físicos o químicos.

El bien más escaso y preciado en el futuro, serán las personas creativas, que podrán ocupar múltiples herramientas tecnológicas, robots o inteligencia artificial para plasmar sus creaciones.

Mientras nuestra región se queda atrás, India y algunos países al sur del Sahara africano están avanzando. Aunque actualmente están más abajo en los rankings, en el mundo de hoy las cosas cambian muy rápidamente.

Por ello es que debemos preparar a nuestros jóvenes con una nueva mentalidad -más innovadora y más creativa-, si queremos que sean exitosos en el futuro, ya que el mundo es cada vez más global y con menores distancias relativas, donde se compite no sólo dentro de las fronteras, sino que con todos los demás países.

La capacidad de innovar no se genera de la noche a la mañana, se requiere tiempo, dinero y voluntad. Por ello, debemos adaptarnos a esta nueva exigencia como sociedad, sin descansar sólo en las universidades, ya que las instituciones técnicas y profesionales tienen mucho que aportar en la formación de las competencias requeridas para la innovación.

La investigación aplicada y la innovación requieren ser apoyadas y enseñadas en la educación secundaria y terciaria, existiendo metodologías pedagógicas que nos permiten llevar a cabo esta tarea, entregándole a los jóvenes herramientas para que puedan aportar nuevas soluciones a nuestros desafíos.

Se deben reforzar las áreas de investigación aplicada tanto para los alumnos como para los docentes. Esto implica crear espacios de innovación y permitir que las ideas se desarrollen y conviertan en prototipos, para luego se presenten al mercado.

Una buena idea requiere método y trabajo para convertirse en un buen negocio, no basta sólo con la creatividad. La creatividad es la semilla que debe ser alimentada para que se transforme en una solución aplicable y vendible.

Tenemos como país un gran desafío que no puede esperar. Como señaló Steve Jobs: “La innovación es lo que distingue a un líder de los demás”.

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