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El anunciado proyecto de ley de modernización tributaria persigue incentivar el crecimiento, el emprendimiento, la inversión, el ahorro y el empleo, además de facilitar el trabajo a los contribuyentes, sobre todo a emprendedores, pequeñas y medianas empresas. La idea es refrescar el sistema tributario, con miras a un desarrollo integral, sustentable e inclusivo, en un futuro que tiende a lo digital.

En ese contexto, además de las medidas en torno a un nuevo impuesto a la economía digital y mayor fiscalización del comercio transfronterizo, así como la modificación del Impuesto Verde, uno de los puntos más relevantes de la modernización tributaria anunciada por el Gobierno es el referente a la obligatoriedad de la boleta electrónica, con lo que se espera reducir la evasión y aumentar la recaudación fiscal. Eso, además de conseguir importantes ventajas para los contribuyentes, como el ahorro en su gestión operativa y la optimización de sus procesos de negocios.

Hace algunos años las empresas ya habían tenido un importante desafío para cumplir con la obligatoriedad de la factura electrónica, no obstante, la boleta electrónica conlleva nuevos retos para pasar a un modelo totalmente digital. Esto, porque el proceso de emisión de boleta normalmente es muy diferente al que implica la factura: la boleta debe ser emitida en terreno y eso involucra un requerimiento tecnológico diferente para las empresas. No es lo mismo instalar un software en la oficina para facturar electrónicamente, que habilitar una herramienta que permita, además de emitir boletas electrónicas en terreno, cumplir con todos los requerimientos fiscales como la emisión de notas de crédito o publicación de los documentos al ente regulador en todo momento y sin restricciones determinadas por la conectividad. Chile es un país diverso y pese a todos los esfuerzos realizados por iluminarlo, siguen habiendo zonas que no cuentan con la misma conectividad que el resto.

Adicional a lo anterior, hay cambios en la gestión y operación para antes y después de la emisión de los documentos. Un cambio no tan evidente es que con la puesta en marcha de la boleta electrónica el folio es único a nivel nacional. Esto conlleva tomar las precauciones necesarias para asegurarlo, lo que, además, tiene la ventaja de que puede ser utilizado como un identificador adicional de la transacción, facilitando procesos de gestión interna y con los clientes finales. El hecho de disponer de todos los documentos de manera electrónica permite manejar información clave para la toma de decisiones. Un ejemplo más: la posibilidad de enviar la boleta por correo electrónico abre numerosas posibilidades de comunicación, fidelización, contacto virtual y nuevos negocios con los clientes.

En este nuevo escenario las empresas no sólo deben informarse y decidir qué plataforma tecnológica es la más adecuada para soportar dichos procesos, sino también qué socio de negocios es el más apto para acompañar y apoyar en ese camino hacia la digitalización, con experiencia previa y certificaciones idóneas que permitan cumplir con la nueva normativa de manera rápida, fácil, transparente y certera. Todo, para optimizar la gestión y asegurar un manejo tributario óptimo y también para entregar el mejor servicio a los clientes finales. Y si bien a primera vista no parece, la implementación de boleta electrónica trae muchos más beneficios que dificultades a las empresas en el largo plazo.

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