Uno de los cuatro pilares del actual Gobierno ha sido la innovación. Tan nítida priorización no respondió a un capricho de asesores económicos ni a una simple tendencia internacional de moda en el campo de las políticas públicas, sino a una convicción profunda en torno a que la innovación constituye un componente ineludible de nuestro tránsito como país hacia el estándar de desarrollo económico y social que se podría alcanzar dentro de los próximos 15 años.
La estrategia de innovación -elaborada por el Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad a partir de 2006- aborda dos premisas básicas. La primera es que para alcanzar las metas de desarrollo no basta con que el país siga produciendo y exportando “más de lo mismo”, en tanto la segunda plantea que debemos enfrentar el desafío de fortalecer y desplegar la innovación en Chile de manera sistémica asumiendo y estimulando la interacción de múltiples actores, a fin de densificar los tejidos productivos, institucionales y el capital social. Así, los actores públicos son sólo una dimensión de la llamada “triple hélice” de la innovación.
Dado lo anterior, InnovaChile de CORFO -con recursos para financiar proyectos que asciende a US$333 millones entre 2006 y 2009- ha procurado ampliar y profundizar su oferta de apoyo a la innovación centrada en las necesidades de sus clientes y el mercado.
En estos años son múltiples las nuevas líneas implementadas a fin de conectar y fortalecer las redes para innovar, crear plataformas de apoyo a la gestión de innovación y de inteligencia de mercados externos para internacionalizar productos y servicios; difundir soluciones tecnológicas y herramientas para elevar la productividad de las pymes; mejorar el entorno para el emprendimiento, mediante una red de incubadoras de negocios como también plataformas de apoyo al emprendimiento corporativo surgido de grandes compañías. En el plano relación Universidad – empresa, se puso en marcha el mecanismo de incentivo tributario en I+D, que considera una de las tasas de crédito tributario más altas a nivel internacional.
En los últimos tres años, más de 10.000 empresas, personas, entidades tecnológicas y universitarias han recibido financiamiento para desarrollar o emprender múltiples iniciativas. Adicionalmente, más de 12.000 micro, pequeñas y medianas empresas han sido atendidas por cerca de un centenar de Nodos Tecnológicos que operan a lo largo del país con la misión de identificar y promover la adopción de mejoras tecnológicas que contribuyan a aumentar su productividad.
A pesar de los sustantivos avances, el desafío de acelerar el crecimiento económico a través de la innovación obliga a plantearse objetivos más ambiciosos, en torno a tres ejes. Primero, aumentar aún más el esfuerzo innovador y el crecimiento sostenido de la productividad de las empresas. En segundo término, enriquecer y difundir el ecosistema financiero, de servicios y redes de apoyo al emprendimiento dinámico. Y, finalmente, robustecer y multiplicar los mecanismos de articulación entre universidades, centros de I+D y las empresas.
Formidables desafíos, es cierto, pero alcanzables sólo si Chile persiste y profundiza su compromiso social con la innovación y el emprendimiento como camino al desarrollo.

 

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