Si hacemos el ejercicio del famoso “10 years challenge”, que estuvo de moda hace algún tiempo, podremos darnos cuenta que el escenario de la transferencia de tecnología en nuestro país es bastante distinto.

En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Propiedad Intelectual de este 26 de abril, es importante revisar los avances que se ha tenido como país en esta materia. Desde el 2010 se han impulsado una serie de iniciativas gubernamentales que buscan promover la innovación en las instituciones de educación superior, centros de investigación y las empresas, siendo los programas de fortalecimiento de capital humano y la creación de Oficinas de Transferencia y Licenciamiento un fiel reflejo de ello. Es más, en los últimos años, estas oficinas han ido ganando cada vez más protagonismo y se han logrado posicionar como unidades claves para promover la cultura de innovación y la transferencia de tecnologías al mercado.

Si bien estos avances son evidentes, en esta última etapa aún hay bastante camino por recorrer. A pesar de que existe una masa crítica de tecnologías emanadas desde estas instituciones generadoras de conocimiento; los resultados de investigación no siempre resuelven problemáticas actuales de la industria o, si es que lo hacen, no toman en consideración una serie de factores, desde técnicos a regulatorios, que finalmente impiden llevar a cabo la transferencia.

La conexión con la industria es clave para guiar la investigación universitaria, y este es un paso en el que sin duda están aportando los Hubs de Transferencia Tecnológica como el APTA. Trabajar conectados con las necesidades de las empresas y llevar esta retroalimentación al interior de las casas de estudios será primordial para asegurar que las innovaciones tengan foco en la resolución de desafíos y estén en directa sintonía con las tendencias actuales y futuras.

Validar comercialmente el desarrollo de una tecnología desde su concepción es esencial para lograr que la transferencia tecnológica sea exitosa. En este aspecto la gestión del conocimiento es clave, y el debido resguardo de los activos intangibles a través de las distintas herramientas entregadas por la propiedad intelectual es primordial, ya que una invención mal protegida podría incluso arruinar los esfuerzos para que sea transferida al mercado. La correcta protección de un resultado de investigación no garantiza el éxito de un proceso de transferencia tecnológica, pero sin duda lo fortalece. Es más, en la industria farmaceútica la propiedad intelectual y, en particular, las patentes de invención son claves para que la transferencia tecnológica pueda materializarse.

El esfuerzo que se ha hecho en materia de transferencia tecnológica es muy valioso y ya es hora de que se consoliden los resultados de este trabajo. Según datos otorgados por la Gerencia de Capacidades Tecnológicas de Corfo, en Chile ya se dan muestras de esta gestión, concretándose -por ejemplo- un total de 70 contratos de licencias con extensión territorial mundial en el período 2015-2017. Por ello, este es el momento de salir al mundo a mostrar el gran potencial que tenemos en materia de ciencia, tecnología e innovación y probar este modelo; generando lazos colaborativos entre la academia y la industria para que se genere un trabajo sinérgico en base a la I+D+i que nos permitirá avanzar hacia el desarrollo del país.

Sin comentarios Deja tu comentario