Durante los últimos años en Chile, Latinoamérica y el mundo se ha hablado de cómo la cuarta revolución industrial, enfocada en el desarrollo tecnológico exponencial, amenaza con destruir trabajos. Con ello las máquinas podrían hacerse cargo de las tareas rutinarias, haciendo más eficiente los procesos. De hecho, se piensa que más del 30% de los trabajos de hoy podrían desaparecer en 2030 (McKinsey Global Institute).

Pero también es cierto que la tecnología nos permite cambiar la manera en que trabajamos y es ahí donde tenemos la oportunidad y necesidad de desarrollar nuevas habilidades y focos de impacto.

Según el estudio Future of Works del World Economic Forum, las habilidades “blandas” o mejor dicho transversales, como la creatividad, iniciativa, pensamiento crítico, persuasión y negociación, aumentarán su valor. Lo mismo con la resiliencia, flexibilidad, inteligencia emocional, liderazgo, influencia social y orientación al servicio, que serán más importantes para un trabajo más efectivo. 

Pero eso no basta. Esta renovada manera de enfrentar el trabajo nos da la oportunidad de  consolidar una nueva economía. Por ello, los mayores desafíos para el trabajo del futuro serán generar cambios sociales y medioambientales, a través de nuevos modelos de negocios.

La evolución de la economía, enfocada en el triple impacto (social, medioambiental y financiero) va en esa dirección y las Empresas B, las cuales buscan redefinir el éxito de los negocios, los mercados y la sociedad, son un claro ejemplo.

Desde su fundación el 2011, algunas de estas empresas como Patagonia, Natura o Triciclos Chile (Ganadores de un premio mundial de economía circular del World Economic Forum hace menos de un mes) nos muestran que es posible realizar cambios sustanciales.

Pensemos que el trabajo del futuro no sólo implicará el desarrollo de tecnología que no conocemos, que automatice o incorpore robots que hagan que el trabajo de las personas sean más eficientes, sino que también se propondrá cambiar al planeta y ser así más amigable con él.

Si ponemos foco en el propósito y trascendencia del trabajo, estaremos construyendo futuro y no pensando en la destrucción de los empleos, sino enfocándonos en cómo generar cambios en el mundo, que vayan más allá del aspecto financiero.

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