Desde el 18 de octubre que borramos las tres primeras diapositivas de nuestras presentaciones. No tuvimos que seguir explicando que no se pueden hacer negocios si no existe un equilibrio entre lo económico, la sociedad y el medio ambiente. Desde Pymes hasta grandes cadenas multinacionales se han visto enfrentadas a una realidad que se los dice de diversas maneras, pero que resulta en una única consecuencia: la imposibilidad de tener un ambiente que fomente el desarrollo del sector privado.

En una de las manifestaciones escuché un comentario que me marcó. Mientras un grupo destruía una tienda, escuché “¡El mercado se está regulando!”. Con cierta ironía, pero no por eso con menos certeza, vemos como la paz social, algo que en Chile dábamos por hecho, no había sido considerado en los modelos de negocio de un mercado basado en el beneficio individual como promotor del bienestar colectivo.

Más importante aún, la concepción de «lo social» cambió. Fue evidente que las desigualdades no solo estaban en las comunidades vulnerables que recibían canchas de fútbol de parte de las empresas, sino que también en los sueldos y condiciones laborales de los propios trabajadores o en la desvinculación de la empresa con su entorno, obligándonos a migrar así, desde una perspectiva de la conocida “responsabilidad social empresarial” hacia una mirada de creación de “valor compartido” para todos los involucrados en el quehacer de la empresa. No sólo para los accionistas.

«Las empresas de esta nueva era juegan un rol fundamental en la recuperación de nuestra humanidad, transformándose en agentes de creación de valor, más que como extractores de riqueza».

Hoy el mundo entero, desde Hong Kong hasta Ecuador, se enfrenta a una nueva normalidad. Donde después de décadas de generación de riqueza material, nos dimos cuenta de que nuestra calidad de vida y dignidad estaban quedando de lado. Así, las empresas de esta nueva era juegan un rol fundamental en la recuperación de nuestra humanidad, transformándose en agentes de creación de valor, más que como extractores de riqueza.

¿Cómo hacerlo? Las áreas de trabajo para las empresas que quieren adaptarse a una nueva era son múltiples, no lineales y dinámicas. En mi opinión, los más urgentes tienen que ver con: lograr una transformación cultural a través de una renovación de liderazgos y una evolución de la cultura organizacional más empática y horizontal; conectarse con su entorno, ampliando sus públicos de interés más allá de sus clientes y accionistas y sumando en sus procesos a otros actores relevantes dentro de su cadena de valor y desarrollar un músculo innovador que permita transformar sus problemas en oportunidades para implementar soluciones creativas y dinámicas a los problemas de siempre. Sin estos tres puntos, creo que es imposible que una empresa se pueda mantener vigente y competitiva por los próximos 10 años.

El «dolor social» que hoy se presenta en forma de violencia e injusticia, sólo puede ir disminuyendo en la medida en la que todos los actores nos transformemos y evolucionemos. Es ahí donde el poder y la responsabilidad de las empresas juegan un rol clave, no sólo para sobrevivir ellas mismas, sino que también para que la sociedad como la conocemos siga existiendo. Hoy existen empresas que han nacido entendiendo que generar impacto social es igual de relevante que generar un EBIDTA positivo, y son esas las empresas que han entendido su entorno y evolucionado con él, por ende, son las que serán beneficiadas por la sociedad. Esto no lo digo yo. Solo miren por su ventana.

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