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Según datos de la subsecretaría de Telecomunicaciones, el acceso de los chilenos a internet llega a los 13,1 millones de personas, lo que equivale al 74,2% de la población. El 62% de los hogares chilenos cuenta con acceso propio a internet, lo que implica un 12% menos que el promedio de la Ocde, pero 27% más que el promedio de Sudamérica.

Ciertamente los datos indican que Chile vive una transición hacia un mundo digitalizado, en el que las TICs juegan un rol clave y se convierten en el canal para que todas las industrias del país puedan obtener ventajas y convertirse en unas más eficientes, productivas y competitivas.

Sin ir más lejos, el último estudio de índice de interconexión del Foro Económico Mundial ubica a Chile en el lugar 38 del ranking entre 139 países alrededor del mundo y el líder en América Latina.

Sin embargo, en el país no somos muy abiertos a los cambios. Y en muchas partes, a pesar de los datos entregados, los sistemas internos continúan funcionando sin detectar las posibilidades de desarrollo, no entendiendo que la incorporación de la tecnología entre sus líneas significará una mejoría en todo sentido.

Ya sea desde el acercamiento interno entre las distintas unidades de trabajo, pasando por la inmediatez en la entrega de respuestas y de información (debido a la existencia de datos almacenados en la nube) o potenciando la conectividad y la seguridad, entre otras áreas.

Se trata de una evolución que nos urge, porque el país necesita salir del subdesarrollo. No podemos seguir desaprovechando oportunidades y desafíos que implican avances en materia digital y en telecomunicaciones.
Tampoco basta con estar bien posicionados si no tenemos una estructura de conectividad interna apropiada a nuestras propias situaciones y necesidades.

Aunque tengamos internet en el teléfono, dispositivos modernos y un buen avance en comparación a nuestros vecinos, el camino es largo aún y la tecnología no se ha incorporado lo suficiente a la economía, a la modernización del Estado, a la conectividad regional y humana.

Hoy debemos dar el salto y emprender una verdadera revolución en materia de accesos a servicios de telecomunicaciones por parte del gobierno y privados, en pro de generar un impacto positivo en el desarrollo productivo y de conexión a lo largo de Chile.

Los actores deben estar comprometidos y realizar inversiones públicas y privadas para acortar la brecha digital con el objetivo de conectar a los chilenos que estén fuera del mundo global y así lograr una equidad para todos.

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10/02/2017 / Columnista: Jaime SotoSecretario General de ACTI.

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