Mis Favoritos

Después de muchos años de tratar de darle un buen palo al gato con alguna de mis invenciones, no puedo menos que reírme de mis comienzos y de las muchas fallidas intentonas por lograr financiamiento. En el libro que lanzaré si Dios lo permite a fines del mes de noviembre del presente año titulado “Confianza para Emprender”, aprovecho de relatar mi desconocimiento respecto de la terminología de moda utilizada, donde mi ingenuidad y débil preparación para incursionar en el ecosistema emprendedor resultaron simplemente nefastas.

Hoy a pesar de continuar intentando innovar con las patas y el buche pero con algo más de experiencia y mirando hacia atrás desde otra perspectiva, no puedo dejar de compartir una de mis anecdóticas experiencias que forman parte de los relatos en el libro: “Mi primeriza incursión por una de las instituciones que supuestamente fomenta el emprendimiento y la innovación resultó extrañamente divertida“.

Muy buen día, por fis tome asiento, soy la jefa y el caballero es el sub jefe de los súper capos de la institución  ¿En qué me lo puedo servírmelo? Buena… pensé,  esta mina se las trae…

Una señorita extremadamente delgada y con extra maquillaje pero con una cara y una voz muy sensual, comenzó su discurso de introducción: Nosotros estamos acostumbrados a ver todas las tonteras que nos presentan los inventores aficionados. Todos llegan pensando que su estupidez vale varios millones de dólares y nosotros en treinta segundos, los aterrizamos. Usted seguramente nos va a presentar otra tonterita. Bueno puede que así sea pero al menos déjeme mostrarle de qué se trata. NO, NO, No… lo primero que debes saber es que tu presentación hay que acomodarla en un “eleveitor pichis”… Al instante cruzó por mi mente que la pobrecita estaba loca. ¿Querrá que le presente un examen de orina? o ¿que demuestre que mi invento se puede subir por el ascensor? Imposible, esta tontera es muy grande y no entra nica en por el ascensor…

Continuó diciendo: Lo segundo más importante y luego del pichis, es que tienes que demostrar que tu invento es escalable… ¿Escalable? Pensé nuevamente, ¿me estará tomando el pelo? No sube por el ascensor, menos sube por la escala… De acuerdo dije todo patudo, sin entender lo que la señorita estaba diciendo. Pero disculpe, yo solamente quiero saber qué fondo existe para… No me diga más, para eso están las incubadoras. ¿Incubadoras? Pero ¿Ahora de qué está hablando si mi invento no tiene nada que ver  con pollitos o huevos? Si se supone que los inventores somos los locos pero esta señorita la cagó…

Sin dejarme  hablar, ella continuó: Modelo de negocios es fundamental presentar y debe ser muy contundente… No tenía idea que las modelos también eran buenas para los negocios pero, ¿De dónde saco una mina rica, inteligente y además buena para los negocios?

La simpática, carismática y empática señorita no paraba: Supongo que ya entendió que lo que trae no vale nada pero si aún tiene ganas, muéstreme su cosa… Qué mujer tan extraña, pero ni tonto ni perezoso, saqué los planos de mi hermosa cosa y se la mostré… Pero esto es muy grande gritó descontrolada… ¿Para qué sirve? ¿Dónde lo va a instalar? NO, no, no siga… esto es una locura.

Pero señorita, si es un invento que ya tiene solicitud de patente de invención nacional e internacional vía PCT y el resultado de la búsqueda internacional llegó totalmente favorable. A nosotros no nos interesan las estupideces que no son escalables y ahora disculpe pero no podemos seguir perdiendo el tiempo con usted.

Pero mi pregunta no me ha dejado hacerla… Gueno ya ¿Qué es lo que quiere?… Solo quiero saber cómo puedo conseguir recursos para construir y probar un prototipo de tamaño real. No tengo idea, ¿Por qué no pregunta en una beneficencia? Se paró del agobiado sofá que emitió un ruido de alivio igual a esos de mal olor, y le comentó al sub jefe con cero respeto para el pobre inventor; otro estúpido que nos hace perder el tiempo…

Obviamente ahora puedo comprender lo del ascensor y el absurdo pitch, lo escalable y lo de las modelos buenas para los negocios pero hasta ese día, no tenía la menor idea. Hoy resulta muy divertido recordar la situación que sin duda te conté poniéndole de mi cosecha, pero el dolor, la pena y la impotencia que sentí durante la inocente e ilusionada visita a esa institución, creo que nunca se me van a olvidar.

Lo peor fue que cuando regresé a mi casa totalmente derrotado y le comenté a mi esposa, ella en vez de consolarme y animarme, me retó a grito pelado: “¿Por qué no me llevaste para haberla mandado a la punta del cerro a esa mina de las re#$%#”&…? Esa es mi mujer le dije, la abracé suspirando cual niño golpeado y se me pasó toda la pena…”

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