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Filantropía es una palabra que genera distintas sensaciones en los chilenos. Casi siempre asociadas al lucro y este, por su parte, es visto por muchos como algo reprochable. Lo que la gente ignora, sin embargo, es que se requiere del lucro para aumentar el patrimonio y posteriormente obrar caritativamente.

Aunque el lucro es visto como algo reprochable, lo cierto es que se requiere de él para desarrollar actividades caritativas como la filantropía.

Se trata de una palabra que genera distintas sensaciones en los chilenos, pero se requiere ser sincero: ¿a quién no le gustaría ser el hijo perdido de un millonario o recibir una herencia para luego dejar el trabajo y dedicarse a un hobby o viajar por el mundo?

Sin embargo, de nada sirve esa herencia si no se sabe administrar, por lo que allí radica el principal desafío de todo empresario cuando se ve enfrentado a que sus hijos (as) se hagan cargo del negocio o contratar un gerente para que lo haga.

Tan irónico como esperanzador es querer una mayor cantidad de personas naturales con alto patrimonio y presencia en la filantropía, mientras que –por otro lado- se potencia como la única fuente de financiamiento para ciertos proyectos de nuestra sociedad, especialmente en la conservación de flora y fauna, el rescate de una especie en peligro de extinción o de un proyecto de innovación social vitivinícola.

Pensemos en la injerencia de las personas con alto patrimonio en la sociedad. Ellos generan cambios en nuestro día a día y son justamente a quienes debemos considerar para que den soluciones a distintos problemas, en los cuales el Estado no tiene mayor responsabilidad.

Creo posible una metodología de trabajo para encauzar esos dineros hacia el bienestar de otros. La pregunta clave es ¿cómo profesionalizamos el fundraising de capitales chilenos o extranjeros?

Ante eso, no puedo evitar el recuerdo de una película estadounidense en la que un grupo de amigos se juntaba a cenar y en un momento de la velada uno de ellos exclamaba: “¡Tengo un proyecto que busca la conservación de flora y fauna en Sudamérica! Necesito US$300.000 para salvar una isla del depredamiento del bosque nativo”.

Y de la noche a la mañana, ese mismo estadounidense que jamás ha estado en Chile, conseguía y depositaba el dinero, confiando que se usará de forma adecuada.

Jamie Regan es barwoman del “Explorer Expedition Ship” de National Geographic que estuvo en Chile hace unos días.

Trabaja cuatro meses a bordo de la nave y el resto del tiempo en un bar en el Estado de Florida. Le bastó tan sólo una semana en Valparaíso y tres días en Cauquenes para decidir especializarse en fundraising, con contactos directos de inversionistas en ocho estados estadounidenses.

¿Su objetivo? Realizar juntas para posteriormente hacer presentaciones en Florida, con iniciativas chilenas, en el ámbito de innovación social, vitivinícola-agrícola, inmobiliario y proyectos estratégicos.

Uno de los principales focos de Regan consiste en apoyar a distintas comunidades de artesanos en Latinoamérica, comprando sus productos y luego comercializándolas en una red de venta internacional que está implementando con un socio en los Estados Unidos.

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20/04/2017 / Columnista: Maximiliano MoralesFundador Andes Wines.

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