Innovar es enamorarse. Innovar es arriesgar, apostar, perder y frustrarse. Innovar es no darse por vencido y seguir adelante. Innovar no es fácil.

En el webcast «Rutas de la innovación», Ivan Vera mencionó algo que me quedó dando vueltas. «La innovación no es a pedido… tú creas algo que no existe… (por lo tanto) el jinete para innovar debe ser quien esté dispuesto a arriesgar, con poco que perder y mucho que ganar«.

Crear algo de cero requiere habilidades que no se aprenden en escuelas de negocios ni en seminarios. Son habilidades que se desarrollan en el camino, y que tienen más que ver con fuerza de voluntad y pasión por las buenas ideas que con modelos de gestión. Esto es todo un problema en si mismo, ya que estas habilidades blandas necesarias son escasas, poco medibles y menos aún valoradas en el entorno corporativo.

Recuerdo felicitaciones por ahorrar en planes de marketing, cuadrar cuentas y conseguir un mejor precio. No recuerdo la última vez que hayan felicitado a alguien por demostrar pasión hacia su trabajo.

Entonces, la pregunta clave es cómo detectamos a los llamados “jinetes de la innovación” dentro de nuestras empresas. Cómo le damos esta tarea a alguien sin que sienta que es un «cacho».

Si le damos la responsabilidad a alguien que tiene «poco que perder», probablemente no sea una persona que pueda hacer grandes cambios, ya que carece de responsabilidad dentro de la empresa. Si le damos la responsabilidad a alguien que tenga «mucho que ganar», daremos con personas que no han tenido grandes logros que justifiquen el trabajo. Entonces, ¿cómo encontramos a nuestro jinete?

La respuesta es mirar ahí, donde mismo creemos está la persona o el equipo, pero no somos capaces de sacarlos de su día a día para hacerse cargo de esta tarea. No sacamos nada poniendo a gente sin experiencia a cabalgar, ya que las estructuras, burocracias y redes internas de cada empresa, y la interacción necesaria con redes externas lo hacen muy difícil. Hay que poner a alguien con experiencia, con manejo de redes, capaz de motivar a la gente y de enamorar a todos del proyecto. Para que esta persona tome los riesgos necesarios, es imprescindible el cambiar los incentivos del juego.

Primero, innovar no es una tarea de corto plazo. Pedir resultados inmediatos va contra toda lógica de innovación y toma de riesgos. Nadie con experiencia aceptaría tomar riesgos cortoplaciostas que se autorenuevan automáticamente en el tiempo. Segundo, establecer objetivos claros, definidos y medibles, basados en una estrategia de innovación corporativa con el fin de dar un marco conocido sobre el cual trabajar. De otra forma, arriesgamos a perder el foco y terminar con proyectos que no tengan el más mínimo impacto donde realmente nos importa.

Finalmente, dar el empoderamiento formal e informal, tanto interna y externamente, para validar a la persona o equipo en el rol de la innovación. Con estas tres acciones podemos motivar a nuestra propia gente a enamorarse de un desafío de largo plazo, con objetivos claros y con el respaldo corporativo. Espero pronto tengamos cada vez más Jinetes haciendo la diferencia.

 

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