Comprendiendo el universo: los hallazgos científicos desarrollados gracias a los eclipses

24/06/2019 / Autor: Raquel Lop

La teoría de la relatividad general de Einstein, la primera vez que se midió la distancia de la Luna a la Tierra o el descubrimiento del elemento químico del Helio, fueron hitos científicos que pudieron ser comprobados gracias a la sucesión de los eclipses que vimos transcurrir en nuestro cielo.

Los eclipses, como el que se podrá observar el 2 de julio en el norte de Chile, además de ser fenómenos astronómicos que dejan impresionados por su espectacularidad visual y rareza, y a los que en muchas ocasiones la astrología llega a otorgar propiedades energéticas y espirituales, han tenido una relevancia muy importante a lo largo de la historia.

Con esto, no nos referimos a la importancia espiritual que ciertas culturas han dado a este fenómeno, sino al gran aporte que han sido para la ciencia y los descubrimientos astronómicos que permiten comprender mejor el universo y las leyes que imperan en nuestro planeta.

En concreto, los eclipses totales de sol resultan una oportunidad única para estudiar los diferentes astros. Así, este fenómeno permite el estudio de situaciones difíciles de replicar en un laboratorio e incluso puede poner a prueba teorías científicas relacionadas con otros astros.

Un ejemplo de esto es la primera vez que se pudo calcular la distancia de la Tierra a la Luna, gracias a las observaciones durante eclipses. Fue allá para el año 150 a.C. cuando los antiguos griegos consiguieron calcular las dimensiones y forma de la Tierra.

Hiparco de Nicea, un astrónomo y matemático griego, calculó (utilizando un método ideado por Aristarco de Samos 120 años antes) que la luna estaba a 379 mil kilómetros de distancia de nuestro planeta. Esto es remarcable, ya que según los cálculos actuales, la distancia es de 384 mil kilómetros, por lo que se ajustaron bastante a la realidad, teniendo en cuenta la época en la que se resolvió.

Este astrónomo se dio cuenta durante un eclipse que en Alejandría se había cubierto por completo el Sol pero que, en otro punto a 950 kilómetros de distancia, solo se había cubierto en cuatro quintas partes. Esto le sirvió para realizar este primer descubrimiento científico respecto a la distancia entre los astros.

Como este, hay otros muchos ejemplos de descubrimientos que se realizaron a través de la observación de los eclipses, como la confirmación de la teoría de la relatividad general de Einstein, el descubrimiento del elemento químico del Helio o las perlas de Baily, que permitieron trazar el perfil de la Luna con precisión.

Eclipses y la teoría de la relatividad general

Uno de los eclipses más famosos de todos los tiempos es el que sucedió el 29 de mayo 1919 y es el más renombrado porque confirmó la teoría de la relatividad del físico alemán Albert Einstein.

Einstein desarrolló la teoría de la relatividad general entre 1907 y 1915. Según ella, la luz era afectada por la gravedad, por lo tanto, los rayos de luz que pasan cerca del Sol debían desviarse ligeramente (siendo refractados o doblados) por su campo gravitatorio.

Sin embargo, para demostrar su teoría (que sustituía a la de Newton) el físico alemán necesitaba una gran cantidad de materia y un punto de luz tras ella. Las propias estrellas situadas tras el Sol eran idóneas, pero su gran brillo no permitía observar si la luminosidad de las estrellas a su alrededor se curvaba o no.

Así pues, cuatro años más tarde de anunciar su teoría, a finales de mayo de 1919 y gracias a un eclipse solar, Einstein pudo poner a prueba su teoría y se confirmó la desviación de la luz por el campo gravitatorio solar. Esta prueba fue realizada por los astrónomos británicos Arthur Eddington y Frank Watson Dyson, quienes viajaron a los puntos de África y Sudamérica donde iba a suceder el eclipse, y durante el mismo compararon las posiciones aparentes de unas 13 estrellas de la constelación Tauro.

Sus conclusiones fueron que la luz de estas estrellas presentaba una ligera desviación (de tan sólo media milésima de grado) cuando pasaba cerca del Sol, mientras estas se encontraban desplazadas del lugar donde esperaban haberlas visto.

Observaciones en eclipses posteriores han confirmado una y otra vez esta teoría de la gravitación y la luz de Einstein, como el del eclipse de 1922 que se vio en África, el Océano Índico y Australia; o el de febrero de 2016 donde se detectaron las ondas gravitacionales.

En el eclipse de este año, se conmemorarán los 100 años de la confirmación de la teoría de la relatividad de Einstein. Alumnos de la Universidad de la Serena, recrearán el experimento de Eddington en el Observatorio Interamericano de Cerro Tololo (CTIO) de la Fundación Nacional de Ciencia (NSF) en Chile.

Eclipses, la corona del Sol y el Helio

Por la condición de Sol como astro muy brillante, es complicado observar cualquier cosa en sus proximidades, como se vio anteriormente. Pero gracias a los eclipses es posible visualizar aspectos como su halo, que se conoce ahora como corona solar.

Aunque en 1931 fue inventado el coronógrafo por Bernard Lyot, un dispositivo acoplable al telescopio que permite ver lo que hay alrededor del Sol al bloquear su luz, los eclipses fueron la primera forma a través de la cual fueron capaces de observar este fenómeno. Incluso hoy día, a pesar de la existencia de este aparato, un eclipse es la única forma de estudiar desde nuestro planeta las zonas de la corona donde se generan los vientos solares.

El 16 de agosto de 1868, mientras el astrónomo francés Janssen observaba la corona solar durante el eclipse total en la India, se descubrió un nuevo elemento, el segundo más abundante del universo. El Helio. Fue descubierto al observar una inesperada línea amarilla en el espectro del Sol, que en un principio se pensó que era sodio, solo que finalmente vio que no correspondía con la longitud de onda de este elemento. Así surge el primer gas noble que aparece en la tabla periódica y que fue bautizado en honor al Dios Helios de la mitología griega; el Dios del Sol.

Eclipses, las perlas de Baily y el anillo de diamante

Anterior a este fenómeno que permitió descubrir este elemento químico, en 1863 se desarrolló otro eclipse total de Sol. Fue en Escocia donde el astrónomo británico Francis Baily describió una cadena de puntos brillantes de luz que aparecían alrededor de la Luna. No obstante, este fenómeno no fue descubierto por Baily, sino que fue observado por el astrónomo Halley más de 100 años antes que éste.

Así, estos destellos o perlas brillantes que se observan en la Luna momentos antes y después de un eclipse total, fueron apodados con el nombre del astrónomo inglés, pasando a ser las perlas de Baily. Estos resplandores son producidos por la luz solar que brilla a través de los espacios entre las montañas lunares, permitiendo reconstruir con precisión el perfil de la Luna. El momento en el que solamente se observa un resplandor, se conoce como anillo de diamante.

Estos son solo algunos de los ejemplos que sirvieron a los científicos para avanzar en el descubrimiento de nuestro entorno y del universo en general, esperando que otros espectáculos como estos ayuden a otros descubrimientos que están por venir.


Imagen principal cortesía Taylor Smith / Unsplash. Interior: Sanni Sahil / Unsplash, Wikipedia (Einstein),Wikipedia (Corona)Wikipedia (Perlas).

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24/06/2019 / Autor: Raquel Lop

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