Bitcoin y sus consecuencias medioambientales: un análisis a su consumo eléctrico y su efecto en los países

10/12/2018 / Autor: Marcelo Salazar

Lo mismo que el consumo de dos días en un hogar promedio de Estados Unidos o diez mil transacciones con tarjetas de crédito. El uso de la criptotecnología en el sector financiero se ha mostrado como una alternativa democrática pero también, gracias a su uso eléctrico, como una gran fuente de emisión de CO2. En las zonas “minadas” las cifras alcancarían los 13 mil kilogramos por cada token obtenido. Esto llevaría a considerar países con bajo costo energético como cunas para este sistema. A continuación, un análisis a esta arista medioambiental de una tecnología que suma adeptos y detractores.

El concepto “minar” no es al azar en este sistema digital. No hay excavaciones profundas como la verdadera minería pero sí podemos hablar de impactos significativos. En esta revolución que ha significado la criptoeconomía, basando la confianza y horizontalidad de sus procesos como alternativa financiera, surge una preocupación que el mismo fundador de Ethereum se refirió.

Vitalik Buterin, según consigna el New York Times, se encuentra investigando la manera en que la energía requerida por las criptomonedas sea más eficiente, ambientalmente, en su uso eléctrico. “Me sentiría muy triste si mi principal contribución al mundo fuera sumar el equivalente al consumo de electricidad de Chipre al calentamiento global”, publicó en ese medio.

El ingente consumo de electricidad puso a Bitcoin en la mira de investigaciones que hoy comparan granjas de minado con las cifras de algunos países completos. Esto no sólo incluye los equipos utilizados sino que también sus sistemas de refrigeración. Este doble costo ubica a naciones con precios bajos y de temperaturas frías como plazas óptimas de mineración.

¿Cuánto y a qué equivale el consumo de esta tecnología? ¿Su uso implica consecuencias medioambientales? ¿Una potencial granja minera se puede convertir en un potencial país contaminado? Al igual que su sentido financiero, ¿estamos en presencia de una próxima “revolución contaminante”?

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Diez mil veces más energía

China, del total en Bitcoin, tiene el 70% de las granjas mineras a nivel mundial. Uno de los países más contaminados del mundo, líder en términos atmosféricos, ya cuenta con más de la mitad de la criptoeconomía del orbe y con cerca de 170 mil superordenadores apilados y conectados entre sí para esta función.

El investigador Morgan Stanley, en su publicación Bitcoin Decoded (2017), detalló que por cada moneda digital creada se consume, en promedio, lo mismo que un hogar estadounidense durante dos días.

Por otro lado la web Digiconomist, que publica periódicamente estadísticas en “Bitcoin Energy Consumption Index”, estableció que una transacción por Bitcoin consume 10 mil veces más energía que una de VISA.

Las cifras anteriores, casi de inmediato, condicionan a distintos países por su costo eléctrico y catalogan a otros como aptos para la mineración. Venezuela, por sus 530 dólares, se muestra como el más conveniente, incluso por el segundo lugar de Trinidad y Tobago con U$D1.190.

El doble y un poco más. El más caro del listado elaborado por el diario International Business Times fue Corea del Sur, con 26.170 dólares. Casi 50 veces el valor del país sudamericano.

Venezuela, sin embargo, presenta altas temperaturas durante todo el año y lo aleja de Canadá, Suiza, Rusia y otros países que se asoman como los más convenientes climáticamente. Condiciones de -4 a 12º Celsius son otro requisito además de una rápida conexión a internet y el ya comentado gasto eléctrico.

Como esta tecnología aún pasa por un proceso de investigación y prueba, no existen cifras mundiales de su consecuencia medioambiental. Sin embargo el investigador de Digiconomist, Alex de Vries, tomó como ejemplo una granja para minar Bitcoins en Mongolia. País que, dicho sea de paso, obtiene su fuente de electricidad gracias al carbón.

Sus cálculos arrojaron que en ese sector se emiten entre 8 a 13 mil kilogramos de CO2 por cada token obtenido. Comparándolo con el promedio de un auto europeo, que emite 0,1181 kg por kilómetro, sólo esa granja de Mongolia equivale a la contaminación atmosférica de 203 kilómetros recorridos en auto.

Para Juan Rehnfeldt, de la Unidad de Gestión de Proyectos del Ministerio de Energía, es difícil cuantificar el impacto del minado de Bitcoins si no consideramos la matriz eléctrica de cada país. Los que generan electricidad con gran participación de combustibles fósiles producen, indirectamente, altas emisiones de CO2 por su gran demanda.

Ejemplifica con Chile y su matriz eléctrica que cuenta con “un 45% de energía limpia (renovable) de capacidad instalada, lo cual deja un 55% de energías que dependen de combustibles fósiles como el carbón, el gas y el petróleo. Esto sin considerar la variabilidad de las fuentes renovables, como el hidro, el solar y el eólico, que hacen descender este porcentaje aún más al medir la electricidad producida según la época del año”.

Otro aspecto que considera relevante para este análisis es que un mayor consumo de electricidad “trae consigo una expansión de las plantas de generación eléctrica, lo que provocará impactos ambientales locales en los lugares donde estas nuevas plantas se sitúen”.

Juan Pedro Montero, Business Developer de aceleradora y consultora de innovación INNSPIRAL, admite que la criptotecnología no es la solución para todo sino un canal habilitador para ciertos problemas latentes. Antes de un análisis medioambiental, el ingeniero prefiere realizar ciertas preguntas que confirman o no el uso.

“¿Es necesario una base de datos común compartida? ¿Hay más de un actor involucrado? ¿Las partes involucradas tienen conflictos o desconfianza entre ellas? ¿Los participantes carecen de uniformidad de reglas entre ellos? ¿Es necesario un registro inmutable de la información? ¿Las reglas de las transacciones no cambian frecuentemente? En caso de responderse todas con un sí, la tecnología blockchain podría ser una buena solución. Y por último, hay que responder si las transacciones o información son públicas o privadas, pues esto definirá qué tipo de protocolo blockchain se usará”, establece.

Montero, proyectando el futuro de esta tecnología, analiza el Gartner Hype Cycle del 2017 que arrojó entre cinco a 10 años la “meseta de productividad” de Bitcoin. Es, en otras palabras, el tiempo en que se convertiría en una plataforma estable “que proveerá las bases para construir otras tecnologías sobre ella. En esa instancia no cuestionaremos si lo que estamos usando funciona con tecnología Blockchain o no. Es como pasa con los tiempos actuales y el internet, tecnología que ya es parte de nuestra vida y no nos preguntamos o cuestionamos cómo funciona, solo la usamos. Y a la vez construimos nuevas cosas sobre ella como compañías como Uber, Spotify, Airbnb, Waze, etc”, reconoció.

Rehnfeldt, bajo el mismo punto del uso de esta tecnología, declara que la Comisión Nacional de Energía utiliza Blockchain para la trazabilidad de sus reportes, otorgando “una mayor seguridad de su información, un acceso descentralizado a ella y de mayor transparencia. Todo esto bajo un consumo de recursos por el minado”.

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Disminución de precios por el mercado

A pesar de reconocer la penetración de otro tipo de energías, la Agencia Internacional de Energía (AIE) estableció que la demanda por el servicio eléctrico va creciendo y en 2040, como se publicó en un estudio, aumentará en un 70% a nivel mundial. Para Juan Rehnfeldt no aplica necesariamente una relación de que a mayor demanda aumenten los precios.

“Esto se debe a que un aumento en la demanda genera un aumento de la oferta, que dada la situación actual atraería grandes proyectos de inversión y una expansión de la infraestructura de transmisión. Visto desde afuera, una mayor demanda lograría la entrada de varios nuevos actores, lo cual aumentaría la competencia, y mejores obras de transmisión de la energía generada que optimizaría la entrega de la electricidad. Lo cual disminuye los costos”, reconoció.

Asegura que un impulso a un mercado más competitivo y eficiente “trae consigo una disminución en los precios de la electricidad, tal como se ha observado en las licitaciones de suministro de los últimos años. Obviamente estos supuestos aplicarían solamente si el aumento de la demanda no es explosivo”.

Rehnfeldt avizora a nuestro país como una posible cuna para Blockchain, mientras que para el minado de criptomonedas podría “considerarse en un mediano plazo, cuando los bajos precios de la electricidad para clientes regulados, adjudicados en licitaciones de suministros pasadas, empiecen a operar”.

Sin embargo, lo más importante para analizar este posible desarrollo dependerá del mercado y si persiste en el tiempo.

“Al día de hoy, este mecanismo es muy ineficiente por el alto consumo de electricidad, lo que trae consigo un gran impacto ambiental. Esto se traduce a que genere bastante más desventajas que ventajas a nivel global. Es por esto que, a futuro, las nuevas criptomonedas que vayan apareciendo, consideren su consumo eléctrico en el desarrollo de sus algoritmos, de manera que sean más eficientes y así contar con una menor huella de carbono”, finalizó.


Escrito por Marcelo Salazar. Matthew Henry / Unsplash. Interior: Bitcoin BCH y Rawpixel / Unsplash

 

TAGS: Bitcoin / blockchain / Contaminación / Contaminación Atmosférica / Gasto Eléctrico / Juan Pedro Montero / Juan Rehnfeldt

10/12/2018 / Autor: Marcelo Salazar

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