Nueva versión de la Bienal de las Artes Mediales apuesta por imaginar cómo sería la vida en un “Cuarto Mundo”

30/05/2019 / Autor: Raquel Lop

Un lugar utópico que permite repensar las relaciones del ser humano con la cultura y naturaleza que lo rodea es la propuesta de la BAM 2019, que además aspirar a ser parte del Acuerdo de Producción Limpia (APL) y que tiene un programa especial para la educación STEAM.

La Bienal de las Artes Mediales de Santiago, un espacio que promueve el diálogo entre las artes y las ciencias y entre los distintos actores culturales de Santiago, celebra su 14ª edición con actividades que se realizarán entre septiembre de 2019 y enero de 2020.

Gestionada y desarrollada por la Corporación Chilena de Video y Artes Electrónicas, la Bienal contará con alrededor de 15 espacios, teniendo diferentes intenciones en cada uno de ellos, aunque el lema de esta edición, “Cuarto Mundo”, será algo transversal a todos.

El Museo de Bellas Artes, Museo de Artes Contemporáneo, Museo de las Artes Visuales, Museo Vicuña Mackena, Galería Máquina de la Universidad Católica, biblioteca del Centro Patrimonial de la Recoleta Dominica, Matucana100, Museo de la Solidaridad de Salvador Allende, Centro de Artes Contemporáneo Cerrillos o el GAM, serán algunos de los centros culturales y museos que acogerán la Bienal.

Participarán de este evento artistas internacionales, que son seleccionados según las diferentes alianzas con corporaciones culturales de algunos países. Además, también participarán artistas chilenos, seleccionados a través de la investigación del estado de la producción artística local, relaciones previas de artistas que han participado en anteriores bienales, y otros que trabajan en torno a las temáticas de un arte ecológico, medioambiental, militante y activista en relación a las crisis socioambientales.

“Hay muchas obras que giran en torno a la noción del paisaje pero desde las producciones actuales, que pasan por el videoarte, instalaciones sonoras, la creación de espacios y ambientes en donde se apela no solo al espectador en términos de su sentido de la vida, sino también de un sentido crítico, activándose una dimensión política en esta relación, su sentido de la audición y el tacto”, explica Catalina Valdés, historiadora del arte y parte del equipo curatorial de la Bienal.

El tema de esta edición, “Cuarto Mundo”, proviene de un posible mundo futuro derivado del cambio climático. Parte de la idea del tercer paisaje que expuso el arquitecto y filósofo Gilles Clément, quien comenta que la naturaleza emerge cuando el ser humano se retira. Además, la noción del Cuarto Mundo tiene su origen en una escultura de Carlos Ortúzar, instalada en 1972 en el frontis del edificio de la UNCTAD III en Chile y desaparecida luego del golpe militar de 1973.

“La idea de “Cuarto Mundo” responde a tener un espacio de reflexión, un espacio imaginario en este cuarto mundo, como una especie de lugar utópico para reflexionar sobre los futuros posibles. Un lugar utópico que permita pensar distintas relaciones entre la cultura humana y las otras culturas, entender que el ser humano forma parte de un sistema mayor y repensar las relaciones que se han establecido entre los seres humanos y la naturaleza desde el arte en interacción con las ciencias”, aclara Valdés.

Además, Valdés comenta que lo que están proponiendo es el “derecho a la no gestión de la naturaleza, a dejar de ser ingenieros y pasar a ser más contempladores”. Con esto se refiere al hecho de que debemos aprender de los sistemas de resiliencia de la naturaleza, eliminando “la jerarquía que se ha establecido de la especie humana sobre otras especies”.

Junto a esta idea, habrá curatorías propias, como la de la sala de artes visuales del GAM o del Museo de Artes Visuales, que responderán a una relación entre las artes y la ciencia en conjunto con la naturaleza, y concretamente con una naturaleza que se encuentra en crisis.

Actualmente en busca de financiamiento de aquellas instituciones relacionadas con la sostenibilidad y un futuro limpio, la Bienal opera mediante comisiones de obras (con su alianza con la agencia privada de promoción del coleccionismo Anntena), centros culturales de otros países, el fondo público asociado al funcionamiento de la Corporación Chilena de Video y Artes Electrónicas, además del particular apoyo que reciben algunos autores para el desarrollo de su obra (como el FondArt o universidades).

Alianzas y colaboradores

Tanto en términos financieros como de producción y de asociaciones para la participación de artistas internacionales, la Bienal tiene alianzas con distintos países, de los cuales los más importantes en esta edición son Suiza, Alemania, Francia y Dinamarca.

Francia es el colaborador histórico de la Corporación Chilena del Video, fundada en 1993 tras el cierre del Festival Franco Chileno de Video Arte, que comenzó en los años 80 para la difusión de esta disciplina en Chile. Francia, de este modo, estuvo apoyando un arte que permitía expresarse en un contexto de represión, siendo fundamental su participación en este momento.

Bajo esta fundación de la Corporación Chilena del Video se realiza la Primera Bienal de Video de Santiago, dirigida por el artista y académico Néstor Olhagaray, y desvinculada tanto del Instituto Chileno Francés como del Ministerio de Educación.

Nace como Bienal de Video de Santiago, luego su nombre cambia a Bienal de Video y Artes Electrónicas, desde fines de los años 90 se llama Bienal de Video y Nuevos Medios. Desde su Novena versión es denominada como Bienal de Video y Artes Mediales, y mantiene esta nomenclatura hasta hoy.

Así el videoarte es también un espacio de exploración y experimentación un poco más libre y cargado en términos conceptuales y políticos. Se constituye desde entonces como un espacio sistemático que da cabida a estas nuevas expresiones del arte contemporáneo, dentro de las cuales es fundamental también como aliado histórico el Goethe Institute de Alemania.

Pero el país que está generando un apoyo más contundente en esta edición (aunque también han estado presentes en otras ediciones con distintos grado de compromiso) es Suiza. Tiene una potencia en términos financieros bastante central en la Bienal, además de que apoyan con acciones como por ejemplo que para la primera reunión de presentación del guión curatorial estuvo presente la ministra de cultura de Suiza, Isabelle Chassot.

En relación al concepto que atañe a la Bienal este año, la dimensión de la producción sustentable, gestión de recursos, reciclaje, cambio climático, alternativas a la crisis socioambiental… es primordial la alianza con Dinamarca, país que está apoyando desde su gran experiencia en estos términos.

Además, relacionado con el tema central de este año, también son importantes las alianzas académicas. “En ese sentido hemos estado estableciendo diálogos entre los artistas que participan de la Bienal y distintos investigadores de centros de la Universidad de Chile, la Universidad Católica, de la Universidad Austral de Valdivia, de la Universidad Central y la Universidad Mayor”, expone Valdés.

Programas paralelos a la Bienal

Como gran novedad en la edición de este año, la Bienal desarrolla un aparato de mediación que recibe el nombre de Escuela de la Intuición, un laboratorio de estrategias y procesos que busca entrelazar las experiencias de los públicos de la Bienal, inspirado en la lógica interdisciplinaria denominada STEAM, que por sus siglas en inglés se refiere a juguetes que fomentan un aprendizaje en materias de ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas y arte.

Con diversos apoyos como del Ministerio de Cultura, este programa no es un espacio físico, sino que se trata de un programa curatorial de generación de ideas y actividades, además de la activación de redes.

“La Bienal es un espacio de confluencia también del programa Escuela de la Intuición. Está encargada de todo lo que es las relaciones con los públicos. No solamente de públicos escolares o más pedagógicos, sino en términos de comunicaciones y de un público que no está tan familiarizado con el arte contemporáneo pero que sí va a sentirse interesado en la relación entre cultura, ciencias y naturaleza que estamos tratando de convocar”, sostiene Valdés.

Así mismo, este evento también ha entrado en otro programa, el Acuerdo de Producción Limpia (APL), fomentado por CORFO. Ese dicta que se incluyan a los espacios que forman parte de la Bienal en normas de sustentabilidad, reciclaje y economía circular.

Desde la organización de la bienal destacan que quieren asumir este Acuerdo para estimular las reflexiones y las acciones, por parte de las distintas instituciones públicas que están involucradas con el evento, pero también como una iniciativa que despierte una nueva actitud en términos de la producción del arte y cultura en el país.

“Es muy ambicioso aspirar a una APL, pero lo tomamos como desafío y entendiendo que es también a largo plazo”, comenta Valdés. Y añade que “lo que estamos pensando en términos concretos es que la dimensión de la museografía, (las construcciones efímeras que se hacen para el montaje de las obras) sea hecha en base a materiales reciclados y reciclables”.

De esta forma, esperan incentivar a los encargados de los distintos espacios para que lo vean como una experiencia positiva y que lo repliquen en los museos e instituciones que trabajan. “La idea es que prestemos atención a las posibilidades de reducir consumo y de gestionar mucho mejor nuestros recursos, así como estimular una circularidad en esta red de instituciones”, explica la curadora. 


Imágenes cortesía de Michel Catalisano,  Serge Kutuzov y Jon Flobrant / Unsplash

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30/05/2019 / Autor: Raquel Lop

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