Waterman Woman, una organización que busca empoderar a los chilenos en la cultura acuática

27/04/2019 / Autor: Marcelo Salazar

El objetivo es que cada uno de nosotros esté seguro en un río, lago, mar o piscina. Para ello desarrollan talleres, entrenamientos y desafíos en completa interacción acuática y con iteraciones por todo el país. Pilar Henríquez, CEO de la organización, atribuye las muertes por ahogamiento –que superan las provocadas por conductores bajo los efectos del alcohol- a que no contamos con una formación para saber qué hacer en esa situación.

Tenía cinco años cuando supe que un compañero de curso murió ahogado en una piscina. Fue tan potente como se lee. Su nombre era Javier, era delgado y parte de esos primeros compañeros que, como hombre, te llama la atención que tengan bigote tan jóvenes. Pequeñas líneas de pelo negro, casi como dibujadas con portamina, que de seguro alguien más de mi curso recordó a la vuelta de vacaciones.

Recordé a Javier mientras conversaba con Pilar Henríquez en un café del centro de Santiago. Como CEO de Waterman Woman, organización que busca generar una cultura acuática en nuestro país, sabe que es un área sensible no sólo para mí, o ella, o el tipo que busca un enchufe a su lado. Lo es para todos los que están aquí y afuera. Además de la práctica de deportes acuáticos y la conciencia ambiental por ríos, lagos, mares y piscinas, otro pilar fundamental es la seguridad y por eso le parece pertinente escuchar mi caso.

Comparte la mitad de un muffin caliente y me dice que es muy poco probable que alguien no haya vivido o conocido algo como esto. De hecho, ella una vez casi se ahogó. Tenía 21 años, estaba en una playa brasileña con unas amigas cuando una ola gigante la empujó. Luego vinieron tres, o cuatro, “no sé cuántas fueron”, que la tumbaron aún más.

Hoy, con 35 años, una hija y con todos los conocimientos adquiridos, asume que esa vez hizo “todo lo que no debí. Luchar contra esa mega masa de agua por el instinto de querer salvarme”.

No es ahorradora en gestos y movimientos para hacerme entender cada cosa que explica. Eso hace que sus audífonos se muevan al estar colgados del cuello de su polera, que es manga larga y con el rostro de un felino. Algo que no cambia son sus lentes, rosados en el marco e intactos sobre su cabeza, mientras recuerda lo ocurrido esa vez.

“Si hubiera controlado mi energía en ese minuto, no habría sido problema estar bajo el agua o incluso bajo toda esa fuerza. No es grave en la medida que se luche contra eso. Como ahora tengo analizado mi ahogamiento desde otra mirada, cuando nos tocan clases también expongo mi caso”.

En Chile, según cifras del INE, 344 personas mueren al año por ahogamiento, superando a las 274 muertes al año ocurridas en accidentes de tránsito producto de conducción en estado de ebriedad. Por otro lado, el 91% de las muertes relacionadas se dan en lugares no habilitados para el nado, siendo también la primera causa de muerte accidental en niños de 1 a 5 años.

“Considerando toda la cantidad de agua presente en Chile, es imposible tener rejas o carteles en todos lados porque de todas formas llegaremos a lugares no explorados. Todo tiene que partir por el autocuidado, sabiendo las herramientas a tener en cuenta para cuidarnos como comunidad”.

Waterman Woman realiza cuatro tipos de entrenamientos que Pilar me pasa a explicar. Existe “Todos al agua” en sus versiones baby y kids, entre los 0 a 5 y 5 a 14 años respectivamente. Son cinco días de clases para quienes quieran aprender a nadar y desenvolverse con seguridad. Luego se encuentra el taller “Apnea, Supervivencia y Rescate”, donde se prepara el cuerpo para situaciones extremas, enseñando nuevas capacidades de respiración y maniobras de rescate como también primeros auxilios. Por último, “Big Wave”, un tour de 5.683 kilómetros por las costas nacionales donde se realiza el curso anteriormente mencionado y cuatro desafíos ambientales.

“Visibilizamos los medios acuáticos como una plataforma que permite vincularte a través del deporte y tu medio ambiente, con su necesaria seguridad. Educamos en riesgos, prevención y métodos, lo que resulta en la comunidad infanto juvenil a través del juego y metodologías lúdicas. Pero siempre con conceptos duros. A través de esto jugamos al rescate enseñando lo fundamental, saber cómo prevenir”.

En un año de funcionamiento -asegura con sus manos rígidas- han capacitado a cerca de 1.300 personas desde Arica hasta Chillán.

–Además hay varios estudios que establecen que el juego es la mejor manera de aprender.

Claro, sobre todo en los niños que reviven el muñeco o se rescatan entre ellos. Lo importante es que no debes ser un deportista acuático súper pro para rescatar a alguien. Para prevenir ni siquiera debes tener las patas en el agua o saber nadar, porque puedes cumplir otro rol. Ahora, si no sabes nadar y estás a cargo de diez niños en el agua, es una situación riesgosa y no deberías haber llegado a ese punto.

–¿Antes de ustedes hubo referentes en Chile de algo así?

Creemos que somos los únicos que resuelven el problema bajo estos valores. Para aprender a nadar hay muchos lugares, pero nosotros trabajamos desde el apego. Tuvimos un bebé de cinco meses que también significó un tiempo especial con sus padres, que lo acompañaban. Nos diferenciamos porque cada papá, cada mamá, cada niño, aparte de desarrollarse en el agua, tiene días enfocados en prevención y cuidado de ahogamientos, como también talleres medio ambientales. Todos los días se va al agua, pero matizamos con un valor u otro.

–¿Qué elementos utilizan para esa enseñanza?

Nuestro emblema es el Centro Acuático Móvil (CAM) que cumple con todos los estándares de calidad que nos pide la Seremi de Salud. Es único en el país y autónomo energéticamente ya que usa energía solar para el temperado del agua con colectores térmicos solares. Quisimos diseñarlo con piscinas desmontables, como el concepto de circo, con dos container donde metemos nuestro equipo y queremos incluir un domo en su estructura. Esto permitirá un mejor uso de espacio y con ambientes versátiles por si llueve.

–¿A qué atribuyes este desconocimiento del que tanto hemos hablado y que intentan aminorar?

Nuestra hipótesis es que se debe a las características de la muerte por ahogamiento.

–¿En qué sentido?

En que es silenciosa. Te pongo el siguiente ejemplo. Al lado de donde estamos puede haber una piscina y, si incluso hay música fuerte, puede que no escuchemos a alguien que se está ahogando. O incluso si estamos de espalda, con audífonos, alguien puede estar en peligro y podemos no darnos cuenta.

–Puede llegar a ser menos notoria para nuestros sentidos.

Exacto, es poco explícita y por lo mismo no se ve, a diferencia de un accidente de tránsito. Las muertes por ahogamiento son silenciosas y eso es un error, por lo que debemos hacernos cargo y ese es nuestro discurso.

–Intuyo, por tus palabras y por lo que hacen, que aspiran a algo más, como que exista una norma o legislación con respecto al tema.

Sí, buscamos que sea política pública. Que ingrese a las mallas curriculares. Que sea parte de la educación, como se hace en Australia, Inglaterra, Canadá, Holanda. En esos países los cabros chicos saben qué hacer y nosotros queremos llegar a ese nivel. Para esto hemos articulado la infraestructura existente, nuestros programas, pensar en el rol que pueden asumir las empresas, etc. Así, empezar a armar un ecosistema entorno a la cultura acuática.

–Que por las características de Chile, con su extensa costa, gran cantidad de lagos y ríos, piscinas como algo común, se ve imperante algo más acabado.

El paraguas del problema es que este es un país de agua. Hay seis mil kilómetros de costa, superficies de lagos, ríos, más de 50 mil piscinas y no hay cultura acuática. Piénsalo así, la probabilidad de que un chileno se encuentre con agua, de norte a sur, es alta. Nuestra idea es empoderar con conocimiento a esa persona para que, ante un riesgo, haga todo tranquilamente y no tengamos que lamentar algo más.


Imagen principal cortesía Mathilde Normandeau / Unsplash. Interior cortesía Pilar Henríquez.

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27/04/2019 / Autor: Marcelo Salazar

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