Paola Gateño: “Quiero que la estética oncológica sea un derecho y no un privilegio”

31/10/2019 / Autor: Marcelo Salazar

Desde hace cuatro años, la esteticista oncológica realiza tratamientos gratuitos de micropigmentación a mujeres afectadas por el cáncer de mama. Si las calcula, serían más de dos mil las beneficiadas por esta iniciativa que une dos de sus gustos más importantes: el arte y el impacto social positivo en la población. Recientemente galardonada con el Premio Mujer Impacta 2019, conversamos con la especialista para saber más sobre #SOLOXTUSONRISA, sobre cómo ha llevado este programa al extranjero y cómo ha formado a otras como ella que desean hacer felices a más mujeres; un aspecto que iría más allá de la mera reconstrucción de sus mamas, alcanzando hasta su vida.

Esto vino de una de sus pacientes y es algo, dice mientras lo recuerda, que aún no ha podido olvidar. “El cáncer es como estar dentro de una ola, de la que tratas de salir y que no puedes. La situación se ve muy complicada, pero cuando te salvas de la enfermedad y vuelves a sentir lo que es vivir, todo en adelante pasa a ser como estar en la orilla de la playa. Y eso solo lo noté en Fempo”, le dijeron a Paola Gateño, Presidenta de la Fundación de Estética y de Micropigmentación Paramédica y Oncológica.

Ella creó esta organización hace dos años, con el fin de dar el espaldarazo final a la iniciativa que inició en 2015 y cuyo nombre ocupa hashtag, mayúscula y tres palabras, y que tiene un fin. #SOLOXTUSONRISA es un programa social donde la esteticista oncológica reconstruye las zonas del cuerpo más afectadas de quienes padecen cáncer de mama. Hablamos de las cejas, la areola del seno y el pezón de las mujeres, además de todas las cicatrices provocadas por las necesarias y numerosas intervenciones quirúrgicas.

Por medio de la micropigmentación -especialidad estética que embellece, mejora o corrige determinados rasgos de la piel- ha logrado atender gratuitamente a más de dos mil mujeres. Esto lo dice sonriendo en una nublada tarde del mes de octubre; mes en que, a nivel mundial, se concientiza sobre este mal, el que mata a más mujeres en Chile.

Estamos en el primer piso de su clínica de dermo-micropigmentación, ubicada en Las Condes. Una antigua casona de dos pisos que, hasta que no cruzas su entrada, te recibe con la bulliciosa avenida Cristóbal Colón de fondo. Al ingresar por la puerta, el ruido se aleja mientras se acercan dos caminos. El primero es la escalera, que te lleva a las consultas donde atiende ella y su equipo. El otro es a la derecha, donde hay un amplio salón con mesas y sillas dispuestas para interactuar, el lugar elegido para realizar esta entrevista.

El origen de todo esto es que Gateño siempre fue cercana al arte. Lo concreto es que comenzó a estudiar desde los nueve años, aunque sus recuerdos con el pincel en la mano son desde los tres o cuatro. Ya en la adolescencia, sumó al gusto por las artes visuales una concientización por los niños con cáncer, por lo que durante cuatro años apadrinó pacientes en el hospital Calvo Mackenna, desarrollando una vocación de asistencia a personas que “solo necesitaban amor. Desde ese minuto pensé en dedicarme a algo que uniera lo artístico con lo más social. Hoy en día puedo decir que lo logré, porque esto es una mezcla entre mi alma y mi pasión”.

Más adulta, mientras se encontraba en España estudiando arte, conoció la estética oncológica. Una disciplina que vivía su auge en Europa y que, como carrera universitaria, no se desarrollaba en Chile. Primero tuvo un interés, después los primeros acercamientos y, luego, terminó por estudiar esta área paramédica. Esto no bastó y decidió ampliar su formación para lo que realizó un Máster en Creación de Areola Postmastectomía (Dermo-Micropigmentación), con el que decidió volver a Chile.

Hace cuatro años, formó la clínica en que nos encontramos, un espacio en el que ha podido sustentar el programa que abarca mujeres en distintas etapas del cáncer de mama. El comienzo fue un éxito, ya que muchas mujeres creyeron en su trabajo y se fueron felices tras sus tratamientos. Eso también la motivó para llevar su experiencia al extranjero, por lo que creó #CRUZANDOFRONTERAS, otro programa en que viaja al extranjero para narrar su experiencia con #SOLOXTUSONRISA, destinado a otras especialistas como ella, con el fin de capacitarlas y demostrarles lo importante que es desarrollar esta iniciativa en sus países.

Con ellas mantiene todo igual: que sea gratuito y que tenga el fin de hacer más felices a esas personas.

Paola Gateño, con su pelo suelto y su atractiva voz ronca, aquejada de un jaqueca por la que me agradece el paracetamol, declara que cada vez que tiene una nueva beneficiada, todas son escuchadas y orientadas en el proceso. Un paso primordial, antes de comenzar con el maquillaje artístico permanente en los senos, es siempre partir con el tratamiento de las cejas. “Es común que muchas digan que el pelo les da lo mismo, porque por último se ponen un pañuelo, pero tanto cejas como pestañas las toman muy desprevenidas, porque cada día se deben maquillar para salir a la calle y eso les recuerda que tienen el cáncer, porque se siguen viendo enfermas”.

Tras eso vienen los preparativos para el trabajo en las mamas, tanto en su areola como del pezón, al igual que con sus cicatrices. Un proceso que toma mucho tiempo, afirma, ya que todos los cuerpos reaccionan de distinta forma a los elementos químicos. Eso también la ha llevado a publicar papers sobre cuáles de estos materiales resultan nocivos para la piel, considerando el aumento de los cuidados que deben tener estos pacientes.

“Como también me he dedicado a la parte investigativa, puedo asegurar que las drogas para el tratamiento generan cambios de color en cierto tipo de gente. Entre otras cosas, hacen que la vitamina B12 baje completamente, lo que puede provocar anemia y un cambio total en en mi trabajo, ya que todo interfiere en los colores finales de su micropigmentación”.

Este año, la esteticista oncológica fue una de las siete ganadoras del Premio Mujer Impacta 2019, una instancia que reconoce a siete líderes anónimas que buscan hacer de Chile un mejor país, de manera voluntaria e inspiradora.

—Algo en que pones hincapié es que este proceso del cáncer de mama no está cubierto por los sistemas de salud.

Sí. Sé que una parte importante de todo esto es la prevención, porque finalmente la detección temprana es el foco de todas las campañas, sobre todo durante el mes del cáncer de mama. Si bien considero importante que se haga, también la veo obsoleta porque ya no hay detección temprana. Conozco pacientes que se hicieron tanto la ecografía como la ecomamaria en enero y no les salió nada, pero luego en marzo se enteraron de que tenían cáncer. Esta enfermedad se puede desarrollar de un momento a otro y dentro del sistema público, si es que no tienes antecedentes familiares o no te encuentras en el factor de riesgo (antes de los 35 años), es casi imposible lo que se puede hacer.

La carta que juega la estética oncológica está mal vista, por algún motivo muy superficial y que no entiende que esto se trata de reconstruir a la paciente. No solamente en su parte física, sino también para cambiar la percepción que esa mujer tiene de sí misma.

—¿Cómo ejemplificarías ese punto?

Con el ejercicio que muchas de ellas deben hacer, que es mirarse al espejo y entender de que esa cicatriz del catéter puede “volver a generar” el cáncer constantemente, por así decirlo. También va, por otro lado, en la reconstrucción de la intimidad y todo lo que se viene por delante para sentirte una mujer sana. Más allá de verte bien y de tener tu areola, todo este proceso es parte de reencontrarse con, por poner un nombre, la Helena antes de la enfermedad. Yo digo que es volver a valorar ese cuerpo, quizás fragmentado, que sigue siendo bello.

—Imagino que en el proceso también influye el tipo de relaciones que esas mujeres llevaron tras saber que tienen cáncer de mama.  

Sí. No digo que los hombres sean malos y que las abandonen, pero sé de casos que no terminan acompañando en esta enfermedad. Fíjate que también he tenido gratas sorpresas de otros que apoyan, pero también son muchas las mujeres que no han podido “bancarse” el proceso.

—¿Y cómo trabajas eso? Psicológicamente.

Yo siempre digo que no soy la solución porque, ay, ojalá pudiera serlo para todas mis pacientes. Como te conté, he desarrollado papers sobre los materiales que ocupa la micropigmentación, pero también he realizado de otras áreas. Uno que me gustó mucho fue el que hice sobre lo fundamental que es la gratuidad. Su alto impacto se comprueba cuando las pacientes llegan acá, ven a una persona con todos sus recursos y tiempos, que entiende la profundidad del problema y no porque yo sea psicóloga. La experiencia, en ese sentido, me hace entender lo que me cuentan. Esas mujeres ven que esto no solo es la reconstrucción, sino que es una esperanza distinta, por lo que me explican.

—¿Con que te ejemplifican ese punto?

En que llegan a un lugar donde hay alguien que las espera, las atiende, que las quiere y contiene de la forma que yo sé hacerlo y no de un ámbito psicológico, reitero. Muchas me han dicho que sienten que alguien está con ellas, solo por amor. Eso tiene una alta significancia y resulta un cambio de mentalidad para ellas. Todo esto también lo veo en toda la parte más técnica de la micropigmentación, no aplicando pigmentos dañinos y metales pesados. También, de ingresarlo de la forma correcta, no provocar el trauma en la piel…

—¿En qué consiste esta micropigmentación?

En maquillar la piel, de forma permanente, para lograr ese efecto 3D de reconstrucción del pezón. Cuando se realiza una mastectomía, la mama queda plana, sin color ni nada, conociendo el caso de cada paciente. Si tuvo una bilateral o unilateral, tratando de buscar simetrías entre las dos. Esto también ayuda como camuflaje de cicatrices, dependiendo de la técnica que utilice el médico. Eso también logra que vuelva a sentirse sana, de alguna forma.

—¿Y qué es lo que buscas de ahora en adelante?

Lo que siempre digo: quiero que la estética oncológica sea un derecho y no un privilegio. Para todas las mujeres, no solamente de nuestro país sino que también a nivel mundial. La pechuga, por decirlo de cierta forma, no solo es un ícono o algo importante de la sensualidad, sino que tiene un montón de connotaciones, que incluso pasan por la lactancia, que son muy relevantes. Lo lamentable es que el cáncer está afectando a muchas mujeres, chilenas y a nivel mundial. Una enfermedad que va creciendo y creo que es por la relación con los signos, de los destiempos, del desorden completo que vivimos como sociedad. Como un desorden de células que provoca que esta sea una de las principales enfermedades a nivel mundial.  El cáncer de mama es mayor a lo que era antiguamente, por lo que si ya tienes avanzado esto lo importante es ver cómo se sobrevive. Sobrevivimos, seguimos tras un cáncer. Cuando el problema es inminente, hay que buscar cómo seguir en esto.


Imagen cortesía Victoria Strukovskaya / Unsplash

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31/10/2019 / Autor: Marcelo Salazar

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