Naw-E: la agricultura en el desierto que podría llegar al espacio

28/05/2019 / Autor: Marcelo Salazar

Con un sistema de monitoreo de cultivo y riego tecnificado, adaptable a distintos terrenos gracias a su modalidad Plug & Play, han logrado injerencia en una industria tradicional como la agricultura, en zonas y climas tan difíciles como los del norte de Chile. Quien mejor conoce de lo que estamos hablando es Patricio Arias, quien ha desarrollado desde Arica esta tecnología además de un Hub que posiciona al desierto como un gran laboratorio natural, pensando incluso en llevarlo a otros planetas. Sí, porque en esta conversación reconoce contactos con referentes de la Nasa que vieron muy probable llevar lo suyo a otro lugar. “Antes éramos unos lunáticos hablando de esto y ahora somos varios más”, afirma.

“A Marte no voy ni amarrado”, advierte con una carcajada al teléfono desde Arica. “Tampoco me quiero ir al espacio, prefiero que Naw-E vaya en vez de mí. Me gusta mucho la playa”, continúa con las risas y deja entrever un espacio de sinceridad en todo esto.

Claro, técnicamente Patricio Arias no podría dejar nuestro planeta al no ser astronauta ni tener un cohete. Sin embargo, la tecnología que ha desarrollado e implementado con distintos agricultores del norte ha provocado el interés, incluso, de una protagonista de la carrera espacial. Si todo marcha bien, algo que hace sentir muy probable solo por la confianza de sus palabras, sí podríamos decir que llegaría al planeta rojo, la estratósfera o quizás dónde.

Algo que, obviamente, sería sin ataduras.

Primero, para tener todo más claro, debemos ubicarnos en 2015. En ese año se fundó WAKI Labs, un Hub de empresas tecnológicas ariqueñas “que enfrentan desafíos en el desierto”, como reza la cuenta de LinkedIn de Arias. Son cerca de una veintena de ideas, emprendimientos y de frentón empresas desarrolladoras de distintas tecnologías adecuadas a la zona y climas correspondientes.

Ingeniero informático, simpático y muy agradecido por esta llamada, menciona que en un comienzo no todo fue tan claro como lo cuenta. De hecho, eran un grupo que trabajaba sin foco ni lineamientos específicos.

“Atendíamos distintos clientes y mercados, con productos a la medida. La necesidad de reducirnos a un punto en particular y el querer escalar nos llevó a aliarnos entre empresas. Además, obviamente, leer lo que estaba pasando nos ayudó mucho a orientarnos y tener ese foco que buscábamos”.

Junto al resto de su equipo comenzaron a ver qué hacer, dónde encontrar esa llave que abriría puertas. La centralización, problema que muchas veces lleva todo a Santiago, “también pensamos en Lima”, fue una inquietud por la cual incluso pensó en dejarlo todo y partir. Estar cerca de los polos del ecosistema, en este caso informático y emprendedor, fue interrumpido por algo que estaba al frente suyo. Con sus ventajas y características.

El desierto.

“Todas las empresas del Hub tomaron un tinte más desértico producto de distintos problemas que fuimos viendo. Nosotros hoy atendemos el tema agrícola, pero también tenemos quienes desarrollan soluciones de energía solar, otras de arquitectura inteligente en climas desérticos, también emprendedores sueltos que atienden temas específicos, pero el grueso está dedicado a temas agricultores como nosotros. Ancestral Technologies”.

La empresa mencionada es la desarrolladora de Naw-E, lo que Arias quiere llevar al espacio. Este es un sistema de monitoreo de cultivo y riego tecnificado que se adapta a tamaños, situaciones climáticas, de terreno y múltiples otras características del desierto. Proviene de la palabra aymara que quiere decir “ojos”.

“Es una plataforma de IoT capturadora y procesadora de datos y control de actuadores, para luego poder ejercer acciones a partir de estos. La diferencia con el resto del mercado es que nuestros componentes y su diseño están optimizados para climas extremos”.

A pleno sol en la pampa, sometidos a la extrema salinidad de los desiertos o el contacto con aguas muy duras. Su funcionalidad no se vería perjudicada a la hora de implementar esta solución que funciona por bloques. Lo asemeja a un LEGO, posible de construir con distintos módulos. En el caso de requerir algo para un pequeño espacio agrícola, bastaría con un par de estos, los que no requieren necesariamente de una conexión a internet para funcionar. Al preguntarle por si se requieren más, en caso de un mayor terreno, dice que solo se necesitaría adquirir los necesarios.

“Necesitábamos algo Plug and Play, primero, porque el agricultor de la zona está sumamente desconectado de la tecnología. Me imagino que esto se puede repetir en otros lados, por lo que debíamos hacer algo que no tuviera ningún botón”.

Sus clientes son particulares, dice en comparación a los agricultores del sur. Con los que convive día a día trabajan en una, quizás media hectárea, gracias a la potente radiación de la zona y que en algunos párrafos reconocerá como de las mejores del mundo. Otro aspecto importante es lo cara que resultaría el agua para un terreno gigante en el norte.

“Los agricultores nos contaban que no compraban la tecnología que ofrecía el resto del mercado porque era gigante. Un sistema de monitoreo tenía, por decirte, 60 válvulas, 60 adaptadores, 60 de esto y 60 de esto otro, cuando acá los tipos necesitaban dos o tres. Por eso también pensamos en hacer algo modular, para que esa persona vaya comprando nuevos bloques a medida que vaya creciendo su plantación”.

“Arica y sus alrededores, hablemos del desierto de Atacama, cuenta con el porcentaje de radiación solar más grande del mundo. Es tres veces la que consiguen tanto europeos como estadounidenses en rendimiento. Si a esto le sumamos que esta ciudad no está en el desierto propiamente tal, sino entre dos valles, tenemos muchos climas que se dan a poca distancia. Hay desierto, playa, valle, intermedio, altiplano. Agarras un auto y en una hora estás en uno distinto”, afirma para no escatimar en otras bondades.

Apaga la camioneta, porque hasta el momento la conversación la desarrolló arriba de su auto, para seguir conversando, incluso, de temas que no tienen que ver con la naturaleza.

“Tenemos acceso portuario, somos el puerto al sur de Perú y Bolivia, además de ser zona franca. Eso nos lleva a contar con beneficios tributarios para importar y exportar electrónica. Todo este menjunje que te hablo dictaminó por qué decidimos quedarnos aquí. En una ciudad bastante acogedora, barata, tranquila, a veces un poco fome pero, si te dedicas a esto, termina siendo ideal”.

Recuerdo que mientras coordinábamos esta entrevista mencionaste que “hacen tecnología para el desierto desde el desierto”. ¿Era una crítica a la industria que no está donde ustedes sí?

La verdad es que, más que crítica, es una invitación para los que no están en la zona central. Si no te enfocas en las capacidades únicas del territorio en que estás ubicado, es difícil competir con lo que se hace en las grandes metrópolis. A nosotros nos ha pasado con soluciones fintech, muy digitales que quizás nadie te dice tajantemente que no surgirán, pero sí que están un nivel competitivo más bajo al enfrentarse a una startup que hace lo mismo pero en Santiago. Al lado de los clientes y con una masa potencial de usuarios diez veces mayor. Si estás afuera, debes especificarte o te morirás.

–¿Cómo eran las reacciones de los agricultores con Naw-E?

Los que no tienen formación tecnológica, de ningún tipo, miran todo muy así de lejos. Respetan mucho, tomándolo como algo desconocido, pero hemos tratado de humanizar el tema y que pierdan el miedo. Así como que no se rompe si lo tocan. Que no muerde.

–¿Qué tipo de monitoreo realiza su tecnología?

Eso es interesante porque primero pensamos en un agricultor bastante básico, pero el mercado nos condujo a uno que sí, es del desierto, pero no necesariamente el más pequeño. Eso nos ha llevado a las semilleras, presentes en la región, que requieren censar un montón de cosas. Hoy en día estamos, principalmente, atendiendo el tema del agua. El “oro del norte”, desde la humedad del suelo para un riego efectivo. También otros parámetros como la temperatura o la humedad del aire que también tienen que ver con el riego. Ahora estamos pasando al tema de la irrigación y que los químicos que se aplican sean precisos y no mayores a los necesarios.

Imagino, por el volumen de datos que pueden obtener, que hasta ustedes se sorprenden con lo monitoreado.

Es increíble ver, cuando comparas las curvas de datos de aquí, porque la mayoría trabaja sin suelo, versus el sur. Si acá se produce mucha hortaliza, allá está orientado a los frutales. Esos árboles, con sus raíces largas, requieren de una inundación en su riego y eso de inmediato lo ubica en un proceso lento. En el norte, en cambio, se trabaja con fibra de coco, un sustrato que reemplaza a la tierra. Esto lleva a que de inmediato las curvas se vuelven vertiginosas, en el sentido de que si no riegas en cinco minutos la planta empieza a sufrir consecuencias. Esto los hace sistemas más críticos.

Ustedes trabajan en zonas extremas que, me imagino, no atañen únicamente al desierto. ¿En qué otros sectores podríamos implementar su tecnología?

La Antártida, por ejemplo. Sin ir más lejos, hay un intermedio entre el desierto y la Antártida que es el altiplano. Eso es todo un mundo porque estás a cinco mil metros de altura, con temperaturas en el día de 40 grados y en la noche de -20, además de haber poco oxígeno. Es uno de los entornos más hostiles que conozco y, por darte un ejemplo, los superalimentos se dan muy bien este tipo de climas. Como la yuta o la quínoa.

–Además que trabajan en una industria, como la agricultura, que sigue siendo muy tradicional en sus procesos.

Exacto. ¿Cómo ayudar a que esas producciones y mercados no mueran? Porque hoy están cayendo un poco. La principal razón es que los hijos de los agricultores originarios que viven en estos sectores se están viniendo a la ciudad. No quieren cultivar estos alimentos que se han hecho por generaciones, por lo que se pierde ese tipo de cultura mientras el mercado europeo y asiático se los hacen re chupete.

–Lo que no se ve muy difícil de hacer escalar, considerando otros mercados y países con sus respectivos climas. Incluso, lo conversábamos antes, una futura carrera espacial.

Sí, la carrera espacial nos sirve como un sueño y potencial de nuestro entusiasmo, pero los pasos primero están acá. Debemos dominar el tema desértico y expandirnos. Vemos con buenos ojos otros desiertos como los de Israel, México, Estados Unidos y China. También deberemos dominar otros mercados como el altiplano o el clima de montaña y después, por qué no, llegar a otros planetas.

–¿Qué tipo de conversaciones tuviste para asegurar de que hay posibilidades en esa área?

Nos hemos encargado de sensibilizar el tema este año, tanto en nuestro país como en el gobierno. Hemos tenido una conversación al respecto con el Ministerio de Economía, específicamente con la Oficina de Economía del Futuro. Hace poco estuvimos con Nathalie Cabrol, astrobióloga de la Nasa, Directora del Instituto Carl Sagan y desde 1988 parte del Instituto SETI. Ella se encarga de buscar rastros de vida en otros lados, y además es alguien muy enamorada de Chile. Viene una vez al mes a trabajar, sobre todo en el sector de Antofagasta y San Pedro, para hacer experimentos, entendiendo algo parecido a nosotros.

–¿Qué cosa?

Que aquí tenemos el mismo laboratorio, más barato y mucho más accesible que otro planeta. Nosotros le comentamos nuestra intención de desarrollar más proyectos de agricultura y nos puso en contacto con el manager y gerente general del SETI en Estados Unidos. Estamos conversando para saber cómo seguir y de alguna manera dibujar este monito de lo que queremos ser en la futura carrera espacial. Sumar actores, como el Estado, porque algo así es complicado desde Arica por el montón de nexos necesarios. Antes éramos unos lunáticos hablando de esto y ahora somos varios más.


Imagen principal cortesía Samir Belhamra @Grafixart_photo Pexels.

TAGS: Agricultura en Desierto / Altiplano / Ancestral Technologies / Arica Patricio Arias / carrera espacial / Climas Extremos / Nathalie Cabrol / Naw-E / SETI / WakiLabs / Zonas Extremas

28/05/2019 / Autor: Marcelo Salazar

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