María Paz Morales, la psicóloga que ganó un concurso internacional de fotografía siendo aficionada

22/03/2019 / Autor: Marcelo Salazar

Durante abril estará en Londres exponiendo “Dance in the subway of Santiago de Chile”, su fotografía ganadora en los World Photography Awards. Pese a este reconocimiento internacional, aún se reconoce como aficionada en esto, admitiendo que así ejerce desde la creatividad y la autovalencia y no desde los cánones laborales a los que puede enfrentarse un fotógrafo profesional. En ningún momento se declara “emprendedora”, pese a realizar pequeños talleres, pero sus características, actitudes y oportunidades demuestran una necesaria relación con el desarrollo de ideas y futuros negocios. Cualquiera sea la situación. “A mis 54 años te puedo decir que siempre he pensado en que uno se debe reinventar. ‘El cielo es el límite’, le dije una vez a una doctora y le pedí que no pensara que estaba loca”, es parte de sus reflexiones en esta conversación.

De todas las cosas que nunca imaginó hacer durante estos días era estar aquí, hablando de su premio. Estamos en una de las mesas a la entrada del GAM, el día está nublado y entre todo el ruido del lugar reconoce algo. Que esto lo hace por lo lindo, lo valioso que es. Incluso libera estrés y se entretiene compartiendo con artistas. Aún se reconoce aficionada y así lo hará en Europa, representando a Chile con nerviosismo y tal vez pensando en todo lo ocurrido desde que tomó esa foto.

María Paz Morales se presenta de 54 años, de primera profesión enfermera matrona y luego psicóloga clínica. Trabajó 27 años en un hospital y por motivos de salud en los que prefiere respetuosamente no ahondar, se decidió a estudiar un MBA en Administración. Tiene una familia junto a Óscar Seguel, ingeniero que también partió como fotógrafo aficionado. Ella, con las manos juntas y entonando las palabras, lo considera su principal motivación para desarrollar esta faceta por la que hace poco fue reconocida como una de las mejores del mundo.

En febrero del año pasado comenzó sus primeros pasos en este rubro, dando su parecer a las fotos de su marido. Pasó poco tiempo hasta que adquirió su propia cámara y acompañó a su marido en las sesiones que más le gustaban a él: con bailarines profesionales. Quedó encantada y empezó a ser parte, tomando las propias y también siendo una auténtica relacionadora pública de los papás, mamás, hermanos o parejas de los artistas próximos a ser capturados por el lente. Ella hacía fotos pero también me recalca, con pausas y a veces siguiendo con sus ojos cafés a los que pasan atrás mío, que muchas veces se dejaba llevar por la situación.

Al ser una afición, porque ella se gana la vida como psicóloga, disfrutaba enormemente de la exposición artística que provocaban en las calles, con personas deteniéndose para sacar sus celulares y capturar el momento. También, por lo que significaba trabajar en equipo con su marido y con los bailarines, siendo una actividad sin costo entre las partes y que fotográficamente se denomina “por canje”.

“O sea, esta colaboración te sirve tanto a ti como a mí”, me lo explica como también sorprendiéndose de que algo así la llevara a ganar el “Premio Nacional de Chile” en los Sony World Photography Awards (SWPA). Este es el concurso de fotografía más grande del mundo, con presencia en 180 países y que en la categoría “Abierta” busca reconocer y difundir talentos locales. Como lo hicieron con María Paz.

“Dance in the subway of Santiago de Chile” fue seleccionada anónimamente como la mejor imagen individual tomada por un postulante de nacionalidad chilena, que viva en Chile y que se haya inscrito en competencia. En ella se ve a Constanza Sánchez, bailarina del Ballet Municipal de Santiago, realizando un grand jeté en un andén del metro. Este es el conocido salto donde las piernas se ubican horizontalmente mientras los brazos toman posición. La imagen es en blanco y negro y con una composición que da envidia de lo perfecta.

Morales se recuerda sentada, en el piso del andén y con la espalda a la pared, tomando esta foto para darle mayor altura al salto. Asegura que fue la última que tomó en esa ocasión, que más tarde se dio cuenta de lo que había capturado. Pasó el tiempo y, en una tarde de ocio, buscó concursos internacionales de fotografía y encontró el del WPA. Sólo postuló esta foto y no tenía otras opciones, me asegura como demostrando orgullo y arreglándose su polera con diseño de leopardo. Hoy, ya sabiendo que debe estar en Londres el próximo 17 de abril exponiendo su obra en la ceremonia inaugural, se pone como tiesa cuando le pregunto por su reacción. Sobre cómo se recibe un reconocimiento así.

“No lo podía creer, sobre todo porque me estaban buscando de hace tiempo. Me habían intentado ubicar por correo pero yo nunca vi nada, de hecho siempre reviso mi carpeta de spam pero esto había caído en la bandeja ‘promociones’. Estaba sorprendida, lo vine recién a asumir cuando dieron a conocer los ganadores a fines de febrero, siendo que yo me enteré a comienzos de ese mes”, dice con su teléfono en la mano listo para mostrarme otras de sus fotos.

Las miro y me sorprendo. En una aparece otra bailarina de ballet, de puntas y con los brazos extendiendo un velo negro transparente. Se ve de perfil y a la vez de frente a una pared del Cementerio Católica, me dice. En otra aparece una pareja de bailarines apoyados en una baranda, dejando de fondo la escalera blanca, haciendo una contorsión que deja ver la rodilla de él perfectamente apoyada en la planta de ella. Morales me entera que ellos son los ganadores a reyes de la presente edición del Festival de Viña.

Guarda su smarthphone y admite que “aún no me creo el cuento de que tomo buenas fotos”. Insisto en que debe exponer su obra en Londres, en la ceremonia inaugural de este premio, esta vez sonríe. No podrá atender a sus seis pacientes, cuatro particulares y dos por la ONG Psicólogos Voluntarios, por las dos semanas en que está invitada al evento donde también se darán a conocer los ganadores de otras categorías. Como la “Profesional” donde, a diferencia de su elección, se reconoce a una serie de imágenes.

“Todo va por un tema de convencimiento y eso ha hecho que me interese estudiar tanto. Siento que soy una ignorante en muchas áreas y si tú me empiezas a hablar de periodismo yo te miraré y aprenderé de lo que me dices. Cuando trabajaba en el hospital compartía con el jardinero, que me contaba cómo resolvía problemas con sus hijos y yo lo valoraba. Con este premio, hoy en día, me gustaría aprender iluminación, retrato, revelado digital. Sé algunas cosas, como dónde iluminar o de repente si una bailarina tiene un moretón, se lo saco. Pero no hago más porque prefiero hacerlo como partí. Experimentando”.

–Hasta en esos aspectos veo que sigues como aficionada.

Absolutamente. Tomo fotos porque me encanta, sobre todo porque con los bailarines ves el resultado y te transmite emociones. Es como ver una pintura que te provoca siempre algo aunque pase un mes hasta que la vuelves a ver.

Yo nunca pensé dedicarme a esto. De hecho, al principio sentí que con esto estábamos excesivamente apegados con mi pareja. En algún momento pensé que era mucho pero luego esto me significó reencontrarme con mis espacios, que era muy importante.

–¿Qué tipo de espacios?

Espacio personal, tener tiempo para hacer lo que me gusta.

–¿Antes no era así?

No, estaba dedicada para todo el resto. Vivía en función de mi marido, mis hijos, los hijos de él, mi trabajo. Corría todo el día. Después, me metí a la universidad. En ese momento, lo único mío eran mis estudios pero con esto empecé a reencontrarme. Antes estaba metida en el deber ser y yo, que siempre fui la niña modelito, siempre hacía lo correcto pero quizás no lo que quería.

–¿Qué exigencia te pone eso en la fotografía hoy en día? Porque tu proceso creativo no necesariamente es el mismo de un fotógrafo profesional, regido por cánones laborales y las exigencias de su oficio.

La verdad, me da pudor todo esto.

–¿Qué te da pudor?

Me da pudor haber ganado con tan poco tiempo de dedicarme a esto, versus otros profesionales que quizás llevan años.

–O sea, ves una separación al final. Es muy similar a un técnico de fútbol que, ante la millonada que ganan algunos jugadores, veía difícil volver al “amateurismo”. De hacer esto por gusto, por la intención de querer desarrollarse más allá del dinero o conveniencias.

Es muy similar. Lo que pasa es que siempre he respetado a la experiencia y a la gente que ha estudiado para formarse. Siempre he sido respetuosa, inclusive en mi carrera, porque cuando era enfermera respetaba mucho a los asistentes médicos mayores. La experiencia y el hacer logran mejor las cosas. A mí me da pudor quedar como la aparecida que tomó una foto y ganó, lo que me lleva a un desafío personal a mejorar, aprender más. En el fondo, prepararme mucho más para eso.

–¿Cómo es todo este proceso de reinventarse y tener éxito? Porque, por dar un número, imagino que hace diez años nunca pensaste en vivir esto, sobre todo por un asunto que no es tu trabajo pero por el que ya fuiste reconocida internacionalmente.

Todavía me cuesta decantar todo esto. Hace diez años pensaba recibirme de psicóloga y armar un centro con terapias complementarias. Aún tengo esa idea, pero ahora que me metí de lleno a la fotografía ya no tengo tiempo.

–¿Qué piensas hacer?

Armar proyectos de fotografía. Estoy abocada a definir la perspectiva que quiero plantear, como también averiguar postulaciones al Fondart y ojalá hacer algo por todo Chile. El fin de semana tuvimos un taller en La Ligua y dos en La Serena. Con Óscar nos ven como una dupla y para muchos el premio lo ganamos entre los dos, lo que considero cierto porque no habría hecho nada si no me hubiese invitado. Aproveché mi oportunidad y como soy creativa, tengo mil proyectos en la cabeza.

–¿Has pensado en convertirte en fotógrafa profesional, a secas?

Estoy abierta a lo que sea. Hoy estoy dedicada 100% a la fotografía de danza pero aficionadamente. Aún tengo mis pacientes, sigo trabajando como psicóloga pero me gustaría continuar con proyectos fotográficos.

–¿Te has cuestionado dejar a tus pacientes? O más que eso, dejar de lado tu profesión y reinventarte en la fotografía.

Sí, me lo he cuestionado. Por el momento tengo mis pacientes y siempre mantendría a alguien, por lo mismo siempre atiendo pocos. A lo más, podría aceptar dos más en la ONG.

–Mientras seguirías tomando fotos o participando en concursos.

Sí, me motiva seguir en la fotografía, crecer en lo que me pidan y aprender también. A mis 54 años te puedo decir que siempre he pensado en que uno se debe reinventar. El cielo es el límite, le dije a una doctora una vez y le pedí que no pensara que estaba loca. Fue cuando iba a hacer el MBA de Administración con puros ingenieros. Yo, malita para las matemáticas, me fue bien e hice muy buenos amigos. Es una sensación de que todo lo que te propongas costará, pero hay que perseverar y llegar a un resultado. Si no es por aquí, es por acá.

–¿Y cómo logras eso? Porque esa mirada es similar a la gente que emprende o desarrolla sus ideas con un fin. De hecho, tu caso es muy parecido a los emprendedores que ubican una oportunidad y terminan siendo reconocidos por eso.

Sí, es cierto. Se parece mucho. Con respecto a tu pregunta, yo funciono a base de objetivos y, a medida que me los planteo, tengo un sentido para vivir. Entonces, si quiero hacer esto o esto otro, allá está el objetivo dándome el camino. Si necesito tal cosa, sea lo que sea, ¿qué frase tendré ante esa primera oportunidad que me aparezca?


Imagen principal cortesía ShareGrid / Unsplash. Interior cortesía María Paz Morales. 

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22/03/2019 / Autor: Marcelo Salazar

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