María José Ramírez, directora Stgo+B: “Las empresas quieren incorporar temas de impacto social”

28/05/2018 / Autor: Claudio Pereda

Stgo+LAB es el nombre del evento que también se conoce como Cumbre de Empresas que Transforman Santiago. Se trata de una actividad que analiza y debate sobre los desafíos que tienen las Pymes en la transformación del espacio urbano.

El principal objetivo del evento es fortalecer el aporte que tanto pequeñas como medianas empresas de la Región Metropolitana pueden hacer en cuanto a amplificar sus impactos socioambientales positivos sobre la ciudad, la comunidad y el medioambiente.

Se trata de una iniciativa que surge desde la alianza entre Sistema B, Santiago Resiliente, la Intendencia Metropolitana, el gobierno regional y la Universidad Adolfo Ibáñez, junto a socios destacados como BancoEstado y Caja Vecina. El programa se encuentra co-financiado por Zoma Foundation, Corfo y otros fondos nacionales.

María José Ramírez, directora del evento, subraya que un impacto empresarial y social positivo permiten la puesta en marcha de una ciudad “más virtuosa con el ecosistema”.

¿Cómo es la evaluación que hacen de su labor como Stgo+B en cuanto a sumar a empresas y entidades en el proceso de convertirlas en agentes de cambio?

– Es muy positiva. Estamos contentos con los resultados, con la convocatoria y con la cantidad de conversaciones que hemos tenido con el mundo privado. Estamos impresionados de la buena recepción, del involucramiento y del entusiasmo por parte de empresas de todos los tamaños y rubros que se han sumado a esta invitación a trabajar juntos para desarrollar nuestra ciudad.

Esta dinámica demuestra que cada vez hay un mayor nivel de conciencia tanto del mundo privado como del público, de la sociedad civil, de la academia y de los ciudadanos, de que todos somos responsables, en conjunto, del lugar que habitamos; de que nuestra calidad de vida y la de las comunidades tienen que ver con lo que hacemos y dejamos de hacer cada día.

Estamos desarrollando proyectos concretos con algunas compañías en particular y, además, vamos a apoyar a un conjunto de empresas pequeñas y medianas para mejorar su competitividad y capacidad de impactar positivamente sus territorios.

El resultado, finalmente, no tiene que ver con el número de empresas a las que llegamos, sino más bien con la cantidad de asociaciones y conexiones que generamos entre empresas, comunidades, municipios, autoridades locales, academia, fundaciones y ciudadanos en torno a proyectos que nos movilizan y nos desafían a todos.

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¿Cuáles son las principales barreras que encuentran y cuáles son las que, a su juicio, ya se han ido cayendo?

– Más que barreras, se han ido cayendo algunos prejuicios. Desde afuera, podríamos pensar que la empresa privada está menos conectada con las necesidades de los ciudadanos o los temas urbanos en general. Pero nos hemos ido dando cuenta de que no es así. Lo que falta hoy -principalmente- son mecanismos y vías concretas a través de los cuales las empresas se puedan sumar.

Ha habido una transformación interesante a lo largo del tiempo desde el concepto de “responsabilidad social empresarial” a lo que actualmente es el “impacto positivo socioambiental”. Hoy las empresas quieren incorporar esta mirada de impacto en el centro de sus modelos de negocios, más que actuar con acciones aisladas o externas a lo que hacen.

Lo bueno es que existen menos barreras cuando la invitación se hace desde todos los sectores y con un propósito común.

En ese sentido, ¿ustedes hoy ponen más atención a las temáticas que proponen que al principio? ¿Han surgido barreras nuevas en el proceso?

– Las empresas, según sus negocios y las temáticas con las que trabajan, tienen afinidad con ciertos desafíos o ámbitos de trabajo por sobre otros. Es algo natural. Sin embargo, está claro que hay mucha preocupación por temas medioambientales: el manejo de residuos o dejar de usar bolsas y plástico en general, por ejemplo.

En definitiva, cómo hacer nuestro medioambiente más saludable y sostenible en el largo plazo. Esa conciencia se ha instalado en Chile y la empresa privada la ha tomado con fuerza también, gracias al impulso de las regulaciones.

Otro tema que en la actualidad está presente en cualquier conversación, independiente de su temática, es cómo disminuir las brechas de desigualdad social. En este sentido, tanto lo medioambiental como la equidad y la inclusión social están siendo transversales a todo.

Por otra parte, existen materias que son más acordes con los intereses de ciertas organizaciones. Estas son, por ejemplo, la migración, la infancia y la tercera edad, o temas de seguridad vial, conectividad, movilidad urbana, más áreas verdes en sectores donde vemos que hay escasez de naturaleza, entre otros.

¿De qué manera se involucra a las personas en esta nueva forma de pararse ante el espacio urbano? 

– Cada vez hay un mayor empoderamiento de las personas, de querer hacerse parte de las soluciones y contribuir desde el lugar donde están y de las posibilidades que tienen. Cada día existen más personas que utilizan bicicleta, reciclan, hacen esfuerzos por no contaminar, etc.

Existen distintos mecanismos que facilitan esto, como aplicaciones para que una persona pueda cuantificar y comparar sus impactos o cuánto contribuye diariamente, por ejemplo, a través del deporte o compartiendo auto. También, hay más personas respondiendo a llamados para limpiar el río Mapocho o para reforestar.

En definitiva, existe preocupación por hacer acciones que tengan que ver con un beneficio colectivo, lo que crea una ciudad más vital, preocupada y consciente.

Este aumento de consciencia de los ciudadanos es un fenómeno que no solo está ocurriendo en Santiago o en Chile, sino también un fenómeno global. Tiene que ver con que las nuevas generaciones tienen más voz y participación en las decisiones diarias, porque nacieron con esta preocupación y conciencia colectiva.

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Ustedes cuentan con seis ejes de acción. ¿Cuáles son los que muestran mayor desarrollo y cuáles en los que se ven mayores complejidades?

– Los seis ejes de Stgo+B son -justamente- los ámbitos de mayor vulnerabilidad de Santiago. Hay algunos que han avanzado más porque llevan más años movilizándose y despertando conciencia como el tema medioambiental, hay un fenómeno de contaminación muy importante que todavía tenemos que enfrentar.

Eso sí, hay complejidades que son más dolorosas que otras. Me refiero, por ejemplo, a las tasas de desigualdad, que en Santiago son altísimas. Es un desafío que, si bien están abordando muchos, no es fácil, porque no hay una receta perfecta para avanzar en la equidad.

Tenemos proyectos interesantes en temas de infancia, de cómo disminuir el número de campamentos, otros orientados a tener una inmigración más sostenible y positiva, enfocados en llevar a Chile hacia una cultura de tolerancia y acogida.

Hay también proyectos de desarrollo económico para impulsar pequeñas y medianas empresas, otros que buscan igualar la cancha en términos de oportunidades, la sostenibilidad en el tiempo o de innovación, entre otras áreas.

Lo importante, al parecer, es facilitar la convergencia entre quienes buscan mejorar la relación de las personas con el ecosistema…

– Efectivamente. Ha sido un privilegio darme cuenta de los esfuerzos que se están haciendo desde todos los sectores para mejorar la calidad de vida de quienes vivimos en esta ciudad y en este país.

Hago un llamado a las personas a sumarse, porque hay muchas iniciativas que existen hoy justamente para unir esfuerzos en torno a las temáticas que nos interesan. Es importante visibilizar a quienes somos una ventana de articulación y de difusión de lo que está ocurriendo para que las personas sepan lo que está pasando.

Cuando se dan cuenta de que hay muchos otros movilizados en torno a las causas que a todos nos importan, se genera un cambio en el estado de ánimo colectivo. Claro que necesitamos converger, encontrarnos y sentarnos en la misma mesa todos los que estamos trabajando por estos temas.

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28/05/2018 / Autor: Claudio Pereda

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