La creatividad según: Leonardo Ordoñez

23/10/2019 / Autor: Marcelo Salazar

El Gerente General de la Fundación para el Desarrollo de la Economía y la Industria Creativa, también llamada Santiago Creativo, cree que esta habilidad es la mejor solución para las preguntas de la humanidad. Creatividad que define como “acto político”, y que ha vivido desde pequeño. Primero con estímulos culturales, luego con su ingreso al Isuch y después, integrando al Ballet Folclórico de Chile. Hoy Ordoñez, Administrador Público y consultor Internacional en materias de fomento a la creatividad en Europa y América Latina, asegura que la industria creativa es la mejor catalizadora de otros sectores y rubros, tanto para prestar servicios y generar contenido único, como también por su fomento a la inclusión social y mejora en la calidad de vida.

La creatividad es un acto político, consciente, que manifiesta el desarrollo de la vida en plenitud. Con esto, quiero decir que no concibo la vida sin creatividad: desde pequeño que no encuentro otra manera de verla. He convivido con ella desde que nací y la he ido profundizando en inquietudes y valores de términos personales.

Como nací meses antes de la dictadura, no conocí otro hábitat durante mi infancia y primera juventud que no fueran esos 17 años de mi vida. No obstante, siempre manifesté ciertas condiciones, actitudes y aptitudes vinculadas al mundo del arte. Siempre me gustó la música, escribir y, en particular, la danza. Mis papás no tenían nada que ver con estos asuntos, ya que provenían del área de la salud pero, para estimularme, hice cursos de guitarra desde chico y luego me inscribí en el Instituto de Estudios Secundarios de la Universidad de Chile (Isuch). Esto fue después de las situaciones de bullying que viví en el colegio por ser el niño más participativo, el que más le gustaba bailar, el que no tenía miedo a subirse a un escenario, etc. Hice de séptimo a cuarto medio en esa institución artística, estudié danza, y luego ingresé al Ballet Folclórico de Chile (Bafochi).

Los estudios internacionales indican que la creatividad, como industria, tiene cuatro antecedentes importantes. El primero son las guerras mundiales, donde Europa reconstruyó sus ciudades ocupando al máximo su memoria. En épocas, claro está, donde no existía internet. Comunidades, organizaciones, gobiernos, todos se pusieron al servicio de la reconstrucción no solo material, física o arquitectónica, sino también de los contenidos sociales que implicaba recomponer procesos feroces como ambas guerras.

El segundo fue la caída del muro de Berlín. Un hito fundamental que permitió decir que no se podía vivir en la Guerra Fría, al impedir el crecimiento como seres humanos. Se podía discrepar políticamente, pero no tenía sentido que fuera con un muro de división de las realidades. Recordemos que, por tratar de pasar al otro lado, mucha gente murió. Son antecedentes globales que uno no puede perder de vista y frente a eso hoy Berlín convoca al Love Parade, para congregarnos en todo el mundo a través del amor y poder revertir todo eso que ocurrió.

El tercer hito fue las dictaduras en América Latina, similares a las situaciones anteriores. Vivimos en épocas con nuestros propios muros de Berlín, nuestros sesgos, nuestras propias situaciones que no deberían haber ocurrido por discrepar políticamente o tener el control de una situación. Para aprender a dialogar y tener un mejor equilibrio hay que vivir en democracia, porque eso motiva a que los seres humanos se expresen, se comuniquen y quieran desarrollarse de mejor manera. Por último, un cuarto elemento complementario tiene que ver con la globalización y la tecnología. Dos antecedentes que obligan al sector económico, político y sociocultural a entender que está cambiando la forma de ver las cosas. Chile ya no es una larga y angosta faja de tierra, sino que es del mundo. Eventualmente, con eso se puede aprender mucho y también se ponen en valor los contenidos creativos para poder dinamizar las realidades de otros.

La creatividad empezó a ganar un lugar, desde el concepto de la gestión cultural, para abrirse a otro campo de estudio complementario que tiene que ver con la industria creativa. Esta es, en definitiva, el proceso ingenieril que consolida esto que antiguamente era concebido como intangible. La institución que mejor acuña este concepto es la Unctad, quienes defienden que la relación entre la cultura y la economía sí existe. Ambas siempre han dialogado y desde ahí se habla de la economía cultural o creativa, un sector que no solo produce bienes y servicios para el comercio, que da empleo o favorece el comercio económico, sino que también contribuye directamente con el desarrollo humano, en la inclusión social y en el mejoramiento de la calidad de vida. Cuando concibamos a la economía creativa como un motor de dinamización de desarrollo social, inmediatamente tendremos a la par el desarrollo económico, porque es el único sector que trabaja ambas aristas dentro de esta producción de bienes y servicios tangibles o no, dependiendo del subsector.

Sí, la industria creativa podría potenciar otras industrias. De hecho, se reconoce como un agente dinamizador de la innovación. Las dificultades de esto, en un país como Chile, es que se quiere transformar esta industria a ser solo proveedora de servicios para otras industrias. Esto ocurre porque hay una línea muy fina, donde es mejor poner una bolsa de plata para financiar el apalancamiento de que los creativos presten servicio al turismo, a la minería, a la metalmecánica, a la industria automotriz, a la salud, bancos, educación, etc. Sin embargo, lo que no se debe olvidar es que aquí se genera contenido, lo que resulta importante para que en nuestro país se valorice el trabajo de los creativos.

La creatividad es un acto político, consciente, que manifiesta el desarrollo de la vida en plenitud.

La fusión de creativos es la mejor solución a la búsqueda de respuestas de la humanidad. Para eso, en nuestros tiempos, se debe deambular en lo digital como en lo análogo, ya que fomentará efectos en lo interdisciplinario. Se podrá potenciar lo neurocientífico, neurolingüístico, lo psiquiátrico, médicos, ingenieros, economistas, sociólogos, antropólogos, etc. Con esto quiero asegurar que siempre habrá un interés por la industria creativa, lo que hace imperante que los otros sectores conozcan su real valor.

En ocho años, en Santiago Creativo, hemos trabajado en el Plan Nacional de fomento a la Economía Creativa, impulsamos el Comité Interministerial de Fomento a la Economía Creativa, potenciamos el trabajo con emprendedores y gremios para que logren una estrategia de internacionalización y hemos generado metodología en asistencia técnica para más de 360 empresas. Todo eso me ha hecho conocer que los propios creativos no se sienten parte de su industria, en general. ¿Por qué? Por la encrucijada de que si son más creativos, más empresarios, o de qué forma pueden hacer un modelo de negocio efectivo, lo que no se enseña en las escuelas de arte.

A partir de la alianza con algunas universidades, y logramos ejecutar el proyecto del futuro Centro para la Revolución Tecnológica en Industrias Creativas, podremos instalar metodologías y pilotaje para nuestros creativos. Estos saben que con la tecnología se les abrieron muchos ámbitos de trabajo, pero también consideran que no todo debe ir en lo digital. Por más de que entremos a la revolución 4.0.

Sí, creo que nos falta mucho para valorar la obra del otro. Esto tiene que ver con la falta de hábitos ante estímulos culturales, por lo se vuelve necesaria una política pública de formación de audiencia para disminuir esas brechas de impacto. ¿En qué sentido? En que una cosa es que no te guste la obra y otra, caer en descalificaciones. Los chilenos somos irrespetuosos y lo noto, por ejemplo, con el prejuicio por la película chilena. Es cierto que por estar lejos, por no contar con la tecnología, por la falta de desarrollo del conocimiento, por muchas otras razones, en algún minuto acá la producción era precaria. ¿Cómo no iba a serlo, sobre todo en la década de los 80?  Si no es por esos valientes que salieron a la calle a hacer documentales, no habríamos sabido lo que pasó en dictadura. Tiene relación con las brechas del tiempo, como también de que los chilenos somos críticos, sesudos y de estar cuestionando si el otro de verdad tiene la razón. Acá la crisis de desconfianza es feroz y eso también afecta a la industria creativa chilena.


Entrevista y redacción: Marcelo Salazar. Imagen principal gentileza Leonardo Ordoñez

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23/10/2019 / Autor: Marcelo Salazar

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