Igmarrey Pacheco Rivas: “La arquitectura, al igual que otras disciplinas, es bastante conservadora”

16/09/2019 / Autor: Marcelo Salazar

Este arquitecto chileno radicado en Canadá lanzó la plataforma “Concurso de Viviendas”, una comunidad que conecta arquitectos de todo el mundo con personas que buscan construir su propia casa. Con etapas que van desde planificación y diseño hasta la ejecución del proyecto final, esta web busca empoderar a todos los actores involucrados y romper con una relación asimétrica, propia de la arquitectura. “Las personas que entran en este mundo y quieren construir su casa, lo harán una vez en su vida. A lo más, hay quienes se harán dos, pero no más allá de eso. Es una experiencia desconocida, que se vive poco, entonces es muy entendible que la gente no tenga idea de esto al no ser cotidiano. Más aún, si la arquitectura está en su propia burbuja”.

 El primer antecedente fue un cartel en la Universidad de la República, en Uruguay. Él trabajaba en la Facultad de Arquitectura de dicha casa de estudios, donde era investigador del Instituto de Urbanismo. Su función lo tenía en constante diálogo con los estudiantes, por quienes supo el interés que había generado la propuesta en gran parte de esos arquitectos en formación.

“Tenía un mensaje —recuerda varios años después, al teléfono—, donde un tipo se presentaba y decía que abriría un concurso para el diseño de su casa. Que tenía bases y etapas de convocatoria, a las que podían postular todos los que quisieran. Tiempo después supe que dio a conocer los resultados con una fiesta en un bar, un tipo súper macanudo. El ganador obtuvo un premio en dinero y obviamente la posibilidad de seguir trabajando en el proyecto. Ese caso siempre estuvo en mi memoria y fue en lo primero que pensé cuando decidí lanzarme con mis proyectos”.

Igmarrey Pacheco Rivas es un arquitecto chileno radicado hace siete años en Canadá, en la provincia de British Columbia. Habla rápido, con una voz ronca que tiene mucho que contar, como que este año se estrenó oficialmente la web del Concurso de Viviendas. Una comunidad que la conforman arquitectos y personas que quieren construir su propia casa, las que interactúan con llamados y convocatorias donde los profesionales pueden elaborar propuestas para ese sueño de una persona que no necesariamente conocen.

Esta es una modalidad común en el mundo de la arquitectura, utilizada en edificaciones públicas o académicas. Sin embargo, es poco común en el diseño de viviendas, por lo que un concurso así resulta llamativo al permitir la interacción entre estos dos actores. Pacheco comprobó esto el año pasado, donde se llevaron a cabo tres concursos —dos en España y uno en Chile, el que se desarrolló en Quillota y donde el desafío fue la construcción de una vivienda en medio de una plantación de naranjales—, los que han contado con la participación de 63 arquitectos y 38 propuestas presentadas.

“Trabajamos con requerimientos, condicionantes y presupuestos reales. Detrás de nuestros concursos hay regulaciones locales, un terreno y clima en particular y familias con demandas muy concretas. Además, en nuestros concursos el proyecto ganador se construye y eso es algo muy estimulante para los arquitectos que participan”, explicó.

El proceso consta de seis etapas: planificación, diseño, redacción, concurso, resultados y proyecto final. Las restricciones legales y técnicas, como también los plazos y maneras de entregar la propuesta, se establecen en las bases del concurso. Luego de un análisis, aprobación y conocimiento del primer lugar —decisión que toma un jurado conformado por expertos y también por los futuros dueños de la casa—, la plataforma se encarga del siguiente paso.

“Es fundamental para nosotros prever y coordinar el trabajo con equipos locales, de este modo, una vez terminado el concurso, el proyecto entra inmediatamente en su fase de ejecutiva y regularizaciones locales, para luego pasar a la fase de construcción”, comentó.

Además de esta oportunidad, Pacheco es el fundador de AboutHaus, plataforma dedicada a la formación en temas de vivienda, arquitectura y eficiencia energética. En ese sitio web es posible encontrar cursos online —entre los que destacó el primer “Congreso online de casas saludables y eficientes”—, además de su ebook gratuito Criterios y variables para diseñar tu casa y de la recopilación de 100 diseños  de viviendas.

—¿Qué reacciones genera esta relación digital entre arquitectos y las personas que quieren hacer su casa?

 Genera interés, porque juega con dos públicos que se benefician. Primero, para las personas es interesante recibir distintas propuestas pensadas para tu terreno, para tus demandas, para tu normativa. De ellas solo necesitamos sus requerimientos e información técnica, como el tipo de suelo y el levantamiento topográfico.

Por otro lado, los arquitectos inician de manera offline el típico proceso para hacer una casa. Pensar en cuántas personas la habitarán y qué quieren —si una casa con cinco habitaciones, dos baños, una piscina, etc—. Con esto, empezamos a desarrollar una especie de prediseño, donde muchos arquitectos sabrán cómo debe ser tu casa en esos aspectos y también sobre el sistema constructivo y tipo de tecnología a ocupar, por ejemplo, si quieres una vivienda eficiente energéticamente.

—Luego de postular y tener la propuesta ganadora, ¿cuál es el paso siguiente?

Nosotros identificamos socios locales, equipos de arquitectura y construcción, una vez iniciado el concurso. Necesitamos personas in situ, ya que si tienes la mejor propuesta en tus manos, ¿qué haces con todos esos planos? Es así que cada una de las propuestas se encuentra avalada por arquitectos locales, los que son los responsables legales. Entonces, una vez conocido el ganador, tomamos contacto con ellos para que hagan el relevo y comience la construcción.

—¿Cómo es el proceso de inscripción de un arquitecto que quiere participar en este tipo de concursos?

 Lo que nosotros hacemos es un servicio personalizado, que utiliza plataformas que suplen no estar físicamente con un cliente. Todas las conversaciones son por correo electrónico, videoconferencias y formularios online de inscripción, donde los arquitectos deben hacer un pago para registrarse en los concursos. Pueden ser desde estudiantes hasta arquitectos con varios años de experiencia, en un proceso automatizado y tanto en español como en inglés.

—¿Y qué valor tiene para ellos participar de una experiencia así?

 Para los más jóvenes es una gran posibilidad. Casi siempre los concursos de arquitectura son muy de ideas, de hacer una cosa muy wow, muy arquitectura de autor y de revistas, pero cuando haces viviendas no es tan así. La gente no quiere vivir en una casa con cosas locas en el techo, sino que en algo digno, bonito, eficiente y de calidad. Algo que me di cuenta, y que luego pude conocer con los testimonios de quienes han participado, es que a los arquitectos les encanta diseñar viviendas.

—¿Sí? ¿Por qué?

 Primero, porque es una escala humana. Estoy seguro que el 90% de los arquitectos del mundo trabajan haciendo viviendas. Son muy pocos que se dedican a museos, parques y cosas más grandes. La mayoría de estos profesionales no son famosos y está bien que así sea, entonces la escala de vivienda les gusta al trabajar con un solo cliente, con demandas y restricciones concretas. Una modalidad así hace que desarrollen su potencial y entreguen propuestas interesantes, novedosas y bellas.

—Además que se desarrolla sentido de competencia, sabiendo que hay más propuestas participando.

Sí, les gusta porque es una manera de ponerse a prueba, de actualizarse, de saber qué se hace en otros países. Aparte, ganar un concurso de arquitectura siempre es interesante, sobre todo para los más jóvenes. De hecho, dos de los tres que llevamos han sido ganados por estudiantes.

—¿Podemos decir que la arquitectura es una industria digitalizada?

 Primero, creo que es un camino inevitable el que debamos digitalizarnos. Está pasando a nivel global y obviamente el mercado hispano es distinto al anglosajón, pero ha avanzado de manera increíble. Dicho eso, la arquitectura, y al igual que otras disciplinas, es bastante conservadora. Es offline. Esta disciplina suele ser así porque de algún modo lo requiere, al ser un nicho tradicional y de conversaciones muy de arquitectos para arquitectos.

—¿En qué sentido?

 En que puede haber muchas plataformas digitales, muchos softwares, mucho avance, pero todo es propio entre arquitectos. Hay mucho curso online, de técnicos para técnicos, siendo parte de la dinámica del sector porque hay asuntos que sí o sí son offline, aunque claro, no necesariamente todo.

—¿Viste una necesidad de romper eso?

La verdad es que encontré un espacio vacío que no se estaba tocando. Las personas que entran en este mundo y quieren construir su casa, lo harán una vez en su vida. A lo más, hay quienes se harán dos, pero no más allá de eso. Es una experiencia desconocida, que se vive poco, entonces es muy entendible que la gente no tenga idea de esto al no ser cotidiano. Más aún, si la arquitectura está en su propia burbuja. Hay muchos que se confunden por la parte técnica, legal, o la del diseño, quedando totalmente entregados a la calidad humana, técnica y talentosa del arquitecto que les tocó. Estos profesionales no suelen tener esta cosa pedagógica de explicar, sino que se ponen en un rol técnico de que «yo sé y tú no», lo que creo que igual está cambiando igual.

—¿Por el acceso a la información?

Sí. Hoy existe mayor preocupación por la eficiencia energética, los materiales naturales, de que tenga una cubierta vegetal, etc. Estamos ante un público más informado porque hay más para leer, para saber y conocer.

—¿Y tu objetivo siempre fue empoderar a las personas en ese contexto?

 Si te fijas, lo vengo desarrollando desde AboutHaus. No hay nada más triste que alguien que está en el proyecto de hacer su casa pero que se encuentra totalmente desinformado porque, al final, termina haciendo lo que le dicen. Esto es como ser papá: debes aprender cómo funciona el cerebro de un niño. Orientarlo, hacer crianza positiva, etc. Acá es lo mismo. Una casa es un proyecto de vida y mi objetivo es que la gente tome una buena decisión.

—Imagino que también ocurre algo parecido con los arquitectos que participan, para que sean capaces de generar algo muy bueno.

 Sí, porque también veía con tristeza que se hacen cosas malas. Tampoco es que estemos rodeados de belleza. Hay cosas que hacen mal los arquitectos y que demuestran que muchas veces no hay talento, pero también va por una falta de conocimiento del público. Quienes trabajan con nosotros terminan sabiendo de eficiencia energética, de diseño bioclimático, de nuevos materiales. Para sus propuestas es mágico, ya que puede haber 10 o 15 increíbles, y lo particular es que todas son diferentes. Eso es lo lindo de la arquitectura: que todas las opciones pueden regirse por las mismas limitantes pero, al mismo tiempo, todas son distintas. Darse cuenta que una cosa puede tener mil formas y todas pueden ser igualmente buenas.


Imagen cortesía Rawpixel / Pexels

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16/09/2019 / Autor: Marcelo Salazar

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