Francisca Apparcel, la ingeniera que fomenta el empleo textil en el sur del país

27/02/2019 / Autor: Marcelo Salazar

Con un modelo de producción inclusiva y sustentable, Chilote Shoes da la oportunidad para que distintas mujeres puedan establecer su habilidad en el tejido y hacer de ello su empleo. Conversamos con Francisca Apparcel quien, junto a su marido, lleva siete años trabajando con grupos provenientes de cuatro localidades sureñas. A continuación, las palabras de quien cree que empresas como H&M o Zara jamás podrían hacer algo como esta “plataforma”, como la define. Aunque quisieran.   

“Somos una plataforma que habilita y activa esa capacidad productiva. No nos metemos mucho porque son los mismos grupos los que deciden. La que quiere tejer puede hacerlo y la que no, no teje no más. Nosotros les mandamos 200 kilos de lana para que salgan dos mil pares de tales tallas. Y ellas lo hacen bajo la supervisión de la artesana líder. No tenemos requisitos. Ahora, por supuesto que cada vez que nos reunimos esperamos que todo sea de buena voluntad. Acá todos estamos porque queremos y no por obligación: más por buena disposición que otra cosa”.

Escucho a Francisca Apparcel y no lo puedo evitar: imagino las manos tejiendo. No las suyas, porque ella no tejió sino que fundó este emprendimiento que, por su modelo de producción, hoy da trabajo a distintas artesanas del sur de Chile. En mi mente aparecen pulgares dominantes, índices bailarines y el resto de los dedos tocando y rozando la lana que pronto será un producto más de Chilote Shoes.

En su cuenta de Instagram definen su trabajo como fortalecedor de la cultura en comunidades de la Patagonia. Reviso sus fotos y una mujer llama mi atención. Se la ve feliz y sosteniendo un par de zapatos que, de seguro, ella tejió.

Su sonrisa es atrayente y un comentario de otro usuario también lo hace notar. Espero que los 60 likes también piensen así. Apparcel me comenta que ella es de Calcurrupe, localidad ubicada en el Lago Ranco, y que se llama Ubaldina. Busco el origen de su nombre, me entero que es de origen teutón y que significa “audaz”.

Francisca es de Osorno, “nacida y criada en el sur de Chile” como se define. Dejó la capital de la Región de Los Lagos para estudiar ingeniería comercial en Santiago y, desde esa época, ya lo había asumido. Lo suyo sería un proyecto o negocio propio, algo rentable para vivir de eso.

“Luego, por esas circunstancias de la vida, conocí a Stiven Kerestegian, mi socio y cofundador de Chilote Shoes. Él también es mi marido y tiene una carrera de diseñador con mucha experiencia, sobre todo en Estados Unidos. En esta mezcla de personalidades decidimos tratar de desarrollar prácticas sustentables, de manera positiva, en el lugar en que estábamos viviendo. En ese minuto, en el sur de Chile”.

Kerestegian, experto en design thinking, identificó distintas materias primas representativas de la zona. Fueron cuatro: el krim, el aceite de palta, la lana y por la que se decidieron inicialmente; el cuero de salmón. Por el hecho de ser un desecho no utilizado hallaron la oportunidad e hicieron una alianza con una curtiembre. Realizaron este producto y lo exhibieron en distinta ferias.

“En una de ellas, a modo de ejemplo de uso, mostramos el cuero de salmón puesto como suela en el cuerpo de lana del zapato. Como fueron realizadas por un grupo de artesanas del sur, los bautizamos como Chilote Shoes”.

A pesar de su trabajo con el recurso marítimo, los buenos comentarios eran por los ejemplares en sí. A todos les gustaba el cuero pero terminaban preguntando por el zapato. “Cómo lo hacíamos, por qué no lo vendíamos y de dónde era. A partir de esas preguntas vimos la oportunidad de desarrollar algo así”.

Dentro de sus primeros ejercicios estuvo hacer 100 pares para ciertas personas alojadas en un hotel cinco estrellas de Puerto Varas. “La retroalimentación fue tan buena que en 2012 le dimos una oportunidad. ProChile, en ese minuto, estaba asistiendo a una feria internacional de diseño que en ese entonces se llamaba New York Gift. Hoy se la conoce como New York Now. Postulamos, quedamos y fuimos con nuestros zapatos en distintas tallas, con un packaging bonito y que incluía un código QR. Con este se podían escanear las muestras de trazabilidad: quién y dónde se hizo”.

El trabajo fue un éxito y vinieron nuevos desafíos como 1500 pares en dos meses, lo que llevó a organizar nuevas comunidades de trabajadoras a su haber. Establecieron líderes, cursos de capacitación y se dieron cuenta que “si salíamos de la zona urbana, en lo rural había muchas mujeres que tejieron toda su vida y que estaban ahí, sin activar su capacidad productiva”.

Desde la feria en Nueva York que han desarrollado iteraciones, un diseño que hoy es “reconocido en Chile como en el extranjero. Importamos a muchos países de todo el mundo. Nuestro principal mercado es Estados Unidos, seguido por Europa y Japón. Hoy en día seguimos sacando nuevas líneas y distintas tallas”.

Sus grupos de trabajo se encuentran presentes en cuatro ciudades del sur, pero deja en claro que cuando las nombra no se refiere al centro de ellas sino a sus alrededores. Puerto Varas, Frutillar, Osorno y Calcurrupe, de donde es Ubaldina. Apparcel me comenta que realizará talleres de capacitación en el Lago Ranco para 60 mujeres y que se repetirá en el segundo semestre con 60 más. Todo enmarcado tras adjudicarse “un fondo de innovación social de Corfo para activar esta capacidad productiva disponible y que, si no hacemos algo, puede desaparecer”. Argumenta con dos puntos importantes.

“El primero es que esto, de verdad, está que desaparece. La segunda es que solucionaría grandes problemas sociales como la desigualdad de género. Para llevar trabajo a lugares donde aún existen barreras para la empleabilidad. Es una opción real para madres jóvenes que están buscando oportunidades y que no quieren ir a las ciudades porque dejan a sus niños con las abuelas en el campo. Esto no corta los lazos familiares”.

–¿Cómo fue la reacción de las primeras artesanas con que trabajaron?  

Desde un principio hemos tenido buena relación. En ellas vimos una oportunidad y ellas en nosotros también. Ahora, por supuesto que estas señoras son bien mañosas, en buen chileno. Les gusta tejer a su manera, no lo hacen a cualquiera, entonces ahí una puede tener empatía y facilidad de acercamiento. Tuvimos que generar confianza, fue todo un proceso, sobre todo cuando tuvimos que hacer 2 mil pares y rechazar un montón. Todo ha sido un proceso de aprendizaje y de insistir en los puntos críticos como los controles de calidad, pero siempre se han mostrado abiertas y muy agradecidas. Se llenan de orgullo cuando les comento que afuera reconocen su trabajo.

–¿Trabajan sólo con mujeres? ¿O también hay artesanos?

Principalmente con mujeres. También participan sus familiares pero no tejiendo, sí en la parte del cuero. Hay hombres involucrados pero te diría que son un 90% de mujeres. No es que andemos pidiéndolas pero suponte, para el fondo de innovación social que te conté, sí lo apuntamos a ellas. Como campesinas y artesanas. El objetivo es empoderarlas por una tradición social y cultural, donde el hombre es el que sale a trabajar y la mujer es la que se queda en casa. Mientras ocurre eso pueden hacer múltiples cosas al mismo tiempo, como trabajar en esto.

–¿Existen ciertos requisitos para esas mujeres? Además de la habilidad de tejer.

No, los grupos se organizan entre ellos. Está la artesana líder, de planta fija. Si en algún minuto necesitamos aumentar la producción en un periodo más corto, ellas tienen la capacidad de extender la voz entre sus vecinas y tener más participantes. Eso pasa a ser su responsabilidad y estamos abiertos a que todos puedan participar.

–¿Qué desafíos plantea su modelo de innovación inclusiva?

Que siempre hay tentaciones. Por ejemplo, en vez de hacer todo a mano podríamos tener máquinas y sacar un mismo producto. Con eso, la historia y el por qué hacemos esto no tendría sentido. Al final, el desafío más complejo es quebrar esta desigualdad social en estas comunidades. El costo de transporte, mandar la materia prima de un lugar a otro, la poca comunicación de algunas localidades. Lo otro puede ser el control de calidad, porque confiamos en el grupo y ellas nos mandan todo cuando las cosas están listas. Por ahí, si estuviéramos presentes todo el rato, habría pequeñas diferencias que se mejorarían en el minuto.

–De acuerdo a tu experiencia, ¿Chile cuenta con el potencial para desarrollar modelos de negocio como el suyo? Con comunidades que quizás nunca pensaron en tener un empleo por su habilidad u oficio.

Sí, existen habilidades, oficios, capacidades existentes que si no se les da visibilidad, si no se les tiende un puente, se perderán. Vengo llegando del Fashion Week de Berlín, después de una gira en diciembre por Estados Unidos, y cada vez que contamos nuestra historia nos consideran oro. Una gran compañía de fast fashion, por decirte H&M o Zara, no podría activar una capacidad productiva como esta. Aunque quisieran. No podrían brindar nuestra transparencia o la calidad de los materiales. No sabrían por dónde partir, cómo hablarles a las artesanas. 


Imagen principal cortesía Olliss / Unsplash. Interior cortesía Francisca Apparcel. 

TAGS: Artesanas / Chilote Shoes / Cuero de salmón / Emprendimiento / Francisca Apparcel / Lana / Patagonia / Stiven Kerestegian / Sur de Chile / Tejer / zapatos

27/02/2019 / Autor: Marcelo Salazar

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