Anil Sadarangani: “En Estados Unidos un emprendedor vale tres veces más cuando ha fracasado”

30/05/2019 / Autor: Marcelo Salazar

Un ranking que analiza a más de tres mil universidades en el mundo, posicionó a la Universidad de los Andes como la institución más avanzada en materias de innovación de Chile. Conversamos con el director de esa área, Anil Sadarangani, para conocer las bases de ese primer lugar, como también para hablar sobre la necesidad de romper la desconfianza para desarrollar mejores proyectos. Este científico, luego convertido en emprendedor y ahora puente entre el mundo académico y empresarial, cree que la innovación debe ser pilar fundamental de cualquier empresa que quiera sobrevivir.

Imita al director de innovación de cierta prestigiosa universidad estadounidense, a quien no conoce pero sí imagina en su relajo. Sube los pies al escritorio, sonríe por lo que está haciendo y se echa para atrás. Al frente, siguiendo este ejercicio, hay un montón de empresas sedientas de la tecnología, más bien de las soluciones que puede dar esta institución. Esto, obviamente, gracias a su nombre, prestigio y nivel de investigadores, pero también a una conversación que acá no se da.

“Aquí en Chile nadie conoce a los investigadores de ciencia y tecnología”, dice el Director de Innovación de la Universidad de los Andes, Anil Sadarangani, bajando los pies y acabando el ejemplo. “En Estados Unidos, ante cualquier inconveniente, lo primero que hace un dueño o gerente es ver cuál es la universidad más cercana para plantearle el problema a un investigador”.

Ubicada en el -3 de un edificio con forma piramidal y de ventanales transparentes, su oficina habla de varias cosas a la vez. Primero del Real Madrid, equipo del que es hincha por haber nacido en España y que amerita un Photoshop suyo celebrando un gol con la camiseta merengue. Del mismo tono es su delantal, puesto en el respaldo de la silla y que mira de vez en cuando.

Por último, su computador, que en realidad es una extensa pantalla horizontal que permite ver bien desde cualquier parte. Eso le permite mostrar rápidamente proyectos, tareas, funciones y otros rankings que han hecho a esta institución una de las mejores del país en materia de innovación.

La última medición del Grupo SCImago Institutions Rankings (SIR), donde participan más de tres mil universidades del mundo, posicionó a la Universidad de los Andres en el primer lugar nacional y tercera a nivel latinoamericano. El listado era evaluado bajo la capacidad de desarrollo de investigaciones, resultados de la innovación y el impacto social generado. El podio a nivel mundial lo lidera la Universidad de Harvard, luego viene el MIT y después, Harvard Medical School.

Sadarangani es un científico que desarrolló un gusto por el emprendimiento y la innovación. Licenciado en Ciencias Biológicas, tiene un magíster en Bioquímica y un doctorado en Biomedicina. Desarrolló carrera en Estados Unidos, donde hizo dos postdoctorados. Uno en células madre y otro, en oncología. Pudo haber seguido como investigador, tenía publicaciones y se ganaba proyectos que lo tenían bastante cómodo como investigador. Sin embargo, vio que dedicándose a la innovación podía reflejar esos esfuerzos y estudios en posibles cambios de la sociedad.

“A los investigadores nos pasa que nos quedamos en nuestros laboratorios, en nuestras cuatro paredes haciendo papers que creemos de alto impacto, pero eso lo lee la comunidad científica. Vi que como emprendedor podía hacer que mi idea llegara efectivamente a los pacientes y un mercado sin romper con nada de lo que había hecho antes”.

Además de su cargo en la institución ligada al Opus Dei, es CEO de una empresa desarrollada junto a dos socios mientras hizo un MBA en la Universidad de California, Estados Unidos. Fue en este proceso donde entendió la relevancia de que ambos mundos, del mercado y la academia, conversen. Algo que hoy, desde su cargo y su escritorio, quiere fomentar.

“Una de las razones del primer lugar en el ranking es haber creado, desde temprano, una cultura de innovación y propiedad intelectual en nuestros investigadores. Muchos siguen viendo el lucro en su trabajo como algo malo, cuando este puede ser protegido con una declaración de invención. No por hacer algo relacionado al patentamiento se impedirá su carrera académica. De hecho, una de las cosas que buscamos como universidad es que se los reconozca, además de su ruta tradicional académica, por su trayectoria innovadora y empresarial”.

–¿Y de qué forma se puede lograr eso? 

Si un investigador es capaz de sacrificar la publicación de su paper en tres meses porque quiere sacar una patente y armar un spin off de su negocio, lo estamos reconociendo como parte de su carrera dentro de la universidad. En ese sentido esperamos que la CNA cambie sus criterios y así pudiera dar méritos a la gente no solamente dedicada a lo académico, sino también a otras formas que generan impacto en la sociedad. Si somos capaces de mezclar esos indicadores podremos generar mejores científicos, más capacitados para todos los escenarios.

–Lo que aquí aún se asume distante.

También porque la empresa ve la universidad como algo lento, burocrático, con sus tiempos e interés en publicar sus investigaciones. El rol de la innovación es generar ese puente donde se articulen el mundo empresarial y el académico. Decirles que, efectivamente, hay tiempos que cumplir. Hitos que marcar, presupuestos acotados, no hacer investigación por hacerla.

–¿Cuál es tu análisis sobre esa inquietud de unir los mundos que mencionas, pero con respecto a la educación superior en Chile?

Es un ecosistema fragmentado, donde las piezas están aisladas, cada uno en su silo. No se produce esa interacción porque hemos sido tradicionalistas en formar alumnos que vayan a trabajar a una empresa y hagan carrera ahí. Eso ha ido cambiando un poco y tenemos nuevas generaciones que no sé si están dispuestas a estar 20 años en un mismo lugar. Se aburren, buscan algo nuevo, quieren explorar, viajar o incluso ser emprendedores. Ese cambio cultural, que llegó ahora a Chile pero que en Estados Unidos pasó hace 10 años, también genera que como universidad nos planteemos cómo educar a las futuras generaciones. Cómo formamos a los trabajadores del futuro sin siquiera saber qué carreras y trabajos van a existir. Es un desafío brutal que desde la dirección de innovación apoyamos preguntando en las distintas carreras cómo mejorar las mallas. Como dato, para mí programación debería ser un ramo básico, junto a inglés. El gallo que no sabe programar quedará obsoleto. 

–¿Qué dudas te plantean los protagonistas del mercado de todo este proceso de unirlos con investigadores?

–En nuestro caso, les resulta raro ser la primera universidad que va a hablar con ellos, mea culpa de todos porque, reitero, nos hemos quedado en nuestro laboratorio. Son pocos los que se preparan y participan de una capacitación donde aprenderá cómo hacer para decir todo lo que tiene en 10 minutos, con 10 diapositivas, donde quede claro el modelo de negocio, el cliente y el probable retorno. Lo que te digo era impensado hace cinco años, siendo un proceso que ha requerido tiempo pero al que varios se han sumado por su beneficio inmediato. Conseguir fondos de innovación permite tener mejor gente y eso significa mejor equipo, más recursos y publicaciones de mayor calidad e impacto.

Sadarangani nombra una de las metodologías que implementó en la casa de estudios: los desayunos con empresarios. Cada mes invita entre cinco a 10 que quieran vivir una “experiencia de laboratorio uandes”. Esto significa un tour por los distintos laboratorios de la institución, con delantales de por medio, para que vean muestras de ADN, microscopios con células madres, robots artificiales capaces de clasificar alimentos.

“Con eso se empapan y termina siendo nuestro rol como Dirección de Innovación: hacer que estos dos mundos conversen. Ese primer vínculo, de romper el hielo de manera más lúdica, genera enganche y le permite al investigador perder el miedo de hablarle al empresario. Siempre se los ve como dedicados a sus lucas pero también lo son para sus pasiones, inclusos muchos son filántropos dispuestos a financiar una investigación con la que espera resultados a tres meses. El tema es generar confianza, sabiendo que en los rankings Chile es el más desconfiado a nivel latinoamericano”.

–Además que, lo mencionas, hay una desconfianza potente hacia los empresarios.

Hay un hecho real y es que muchas veces el empresario puede no entender de lo que se le habla. Hay un rol del mismo emprendedor que debe empezar a cumplir. Debe mencionar la situación de la industria, los tiempos y posibles retornos. Esto no es una venta de departamento que te da una liquidez de tanto. No. Es un proceso que requiere tiempo y donde hay mucho riesgo. A medida que va madurando, disminuye el riesgo y aumenta el valor de la startup, pero para mí todo sigue yendo con la desconfianza. Me tocó ver en Estados Unidos que las ideas eran comentadas en coworks y la gente interaccionaba de manera increíble. Ponte, un gallo hablaba de su proyecto de inteligencia artificial en impresión 3D y otro paró la oreja, antes que el abogado que iba pasando y preguntó cómo protegió todo, porque lo podía ayudar.

–Algo muy distinto que aquí, donde aún se asume que no debo contar mi idea porque me la pueden copiar.

Eso es pésimo. Mientras más veces la tires a la mesa, tendrás más feedback. Yo no digo que no te la copien, pero es difícil que lo hagan con algo tan tuyo y que llevas trabajando durante años. Donde llevas la ventaja. Obviamente, cuando sea una empresa firmas un acuerdo de confidencialidad y avanzas. Insisto, en Estados Unidos un emprendedor vale tres veces más cuando ha fracasado. En Chile, no tiene oportunidad de levantarse. Te ponen la cruz si fracasas, cuando deberían darte más confianza porque saben que no cometerás los mismos errores. Que aprendiste.

–¿De qué nos habla que Chile sea el país con menor inversión en temas de I+D de la OCDE, versus el con más creación de startups en el continente?

Hay dos cosas. Las generaciones de hoy están dispuestas a invertir su tiempo en emprendimientos. Antes, uno se educaba para entrar a una empresa. También existe mayor seguridad porque hoy se vive con los papás más que antes, como yo lo hice. Tal vez, tiempo atrás a los 18 ya estabas casado o con hijos que mantener. Eso no significa que el ecosistema sea peor o mejor, pero está presente. Otro punto importante es la innovación empresarial.

–¿En qué sentido?

En que en Chile se invierte poco en esta área. Se ve como un tema ligado a la creatividad y las que llegan a hacerlo, entre comillas, lo ven como publicidad. Estas hackatón, las maratones, no tienen fin porque se ven más como un concurso que como una gestión interna de verdad.

–¿Y qué sería lo correcto?

Primero, un presupuesto destinado a innovación. Luego, un gerente destinado a las métricas, gestión de procesos y buscando nuevas soluciones, o si no nada quedará implementado. Porque cuando el gallo de la hackatón se marche, veremos si las ideas funcionaron o no. Esto debería ser un área más de cualquier empresa. Porque está finanzas, operaciones, los aspectos legales y también debería estar la innovación. Cómo hacer más sustentable la empresa.


Imagen cortesía Thomas Drouault y Lucas Vasques / Unsplash.

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30/05/2019 / Autor: Marcelo Salazar

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