Álvaro Moraga: “Hoy no necesito un intermediario para desarrollar transacciones que están entregadas a los servicios financieros tradicionales”

12/03/2019 / Autor: Marcelo Salazar

El abogado y actual Presidente del directorio de Capitaria Social Fintech (UK) hizo un análisis sobre la última publicación de la Comisión para el Mercado Financiero sobre la regulación del Crowdfunding. Esta manera de financiamiento, para Moraga, tiene gran valoración pero deja otros actores fuera. A continuación, las palabras de quien ve necesaria una regulación para ser un complemento de la tradicional industria bancaria.

Una ya congestionada avenida Apoquindo se observa a través del amplio ventanal de esta sala de reuniones. Está soleado pero aquí no se siente calor. Hay una larga mesa transparente con varias sillas a sus costados. Estas son igual de negras que los individuales de cuero en cada uno de los puestos. La distinguida recepcionista ofrece algo para beber mientras esperamos a quien, unos minutos después y con un humeante té verde bajo suyo, reconocerá que sí. Que la publicación de este documento es un tremendo avance, pese a dejar afuera a gran parte del sector fintech.

Álvaro Moraga es abogado y Presidente del directorio de Capitaria Social Fintech (UK) para Chile, Perú y Uruguay. Alto, peinado y de respuestas largas, es diplomado en Gobiernos Corporativos y Sociedades Anónimas de la Universidad Católica y tiene un Máster en Derecho Tributario por la Universidad Adolfo Ibáñez. Además, es socio de donde nos encontramos: Moraga & Cía. Esta es una firma que ofrece servicios legales enfocados a empresas, donde buscan el desarrollo de sus proyectos y solución a distintas necesidades.

Una de ellas, la que nos reúne hoy: los “Lineamientos Generales para la Regulación del Crowdfunding y Servicios Relacionados”.

Esta es una publicación de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) con el objetivo de contribuir al correcto funcionamiento y desarrollo del área. Este documento cierra una primera etapa en la discusión y análisis realizados durante 2018 en torno a la pertinencia de contar con un marco regulatorio para el Crowfunding.

También denominado White Paper, este texto le deja la impresión de que fue “redactado por dos almas”. Esto, por dejar fuera a cerca del 95% del ecosistema fintech de la discusión y solo enfocarse en el ya mencionado sistema de financiamiento. Sin embargo, también tuvo palabras para destacar ciertos aspectos de este análisis dado a conocer en febrero.

“En el documento se señala algo que comparto absolutamente: que la regulación no necesariamente es un buen amigo de la innovación. Aplicarlo en el sistema chileno podría, incluso, ralentizar la innovación porque siempre el emprendedor tiene que cumplir distintos requisitos. Desde todo punto de vista. Municipales, societarios, hoy en día medioambientales. En general, todo este marco regulatorio que existe para el emprendimiento y que comparto con la CMF debe regir bajo el principio constitucional de libertad económica. Es decir, que puedo emprender y desarrollar cualquier actividad a medida que respete la legalidad vigente”.

El abogado también insiste en que tampoco podemos soslayar el hecho de que el emprendedor necesite de los actores tradicionales para surgir. “No tener algo tan simple como una cuenta corriente, la verdad, hace que las posibilidades de pagos sean bastante mínimas. Es ahí donde es necesaria una regulación que rigidice y coloque determinados requisitos a una industria como la fintech que, por definición, cambia todos los días. Está muy bien que no exista pero también hay que hacerse cargo de un marco regulatorio con cuestiones tan importantes como la fe pública”.

–¿En qué sentido?

Algo que se echa de menos y que está dicho aquí pero, vuelvo a repetir, a propósito de la industria del Crowfunding, es que haya un registro de todos los actores. Algo tan sencillo que permita, a cualquiera que sea la industria, saber quién está detrás de ese interfaz gráfico. Es muy fácil que se vuelvan a repetir estafas como en el pasado, donde se confió en una plataforma tecnológica y resulta que detrás no había nada. Una antigua y básica pirámide financiera. Resulta que han pasado cuatro, cinco años desde que ocurrieron esos hechos y si hoy tengo la sospecha de que determinado emprendimiento digital no tiene sustento, pareciendo una nueva estafa, no tengo dónde denunciar. Es más, si lo hago me arriesgo legítimamente a que esa empresa se querelle en mi contra. Para solucionar esto todo sería tan sencillo como tener un registro con requisitos mínimos. Nombre, domicilio, acreditación de patrimonio, representante legal y alguien a quien notificar. Es la diferencia entre dos casas, con y sin alarma. Ninguna de las dos me asegura que no vayan a robar, pero alguien que quiera hacerlo prefiere dejar una en segundo lugar.

–Entonces, ¿compartes lo publicado en el White Paper?

Comparto plenamente lo que dice la CMF. El principio rector tiene que ser la libertad de emprendimiento y no podemos llenarnos aún más de burocracia, pero eso no puede quitar el hecho de que el emprendedor, el innovador necesita un marco que permita demostrar al actor institucional de que estoy cumpliendo. Se sabe que los institucionales solo se relacionan entre ellos, entonces un banco me dirá que un proyecto le parece fantástico pero que debería ir a un capital de riesgo. Imagínate si le digo que estoy voluntariamente regulado en la CMF, presentando mis estados financieros y mi modelo de negocio. Ahí existe un momento de partida que permite incluso a ese mismo ejecutivo de cuentas del banco que me diga que sí.

–¿Nos encontramos en el contexto ideal para el desarrollo fintech en Chile? Ya sea por los mismos emprendedores como por la institucionalidad que mencionas.

Por parte del Servicio de Impuestos Internos todo ha ido en facilitar el cumplimiento tributario. La tecnología no ha hecho bajar las tasas de impuestos ni nada, lo único que hace es que te reduce las multas como un incentivo. Si pagas un impuesto atrasado por internet es más barato que hacerlo en el banco porque es lógico. Tiene un costo y el banco cobrará una pequeña comisión a Tesorería, entonces está bien.

Ahora, con respecto a la tecnología como corazón de desarrollo de grandes corporaciones o pequeños emprendimientos, entender un proyecto como exitoso pasa por generar un marco que permita, no necesariamente, dirigirse a un mercado ínfimo de 18 millones de personas. Todos los emprendimientos exitosos son aquellos que entienden al mercado como una jurisdicción global. Si queremos llegar rápidamente, crecer y asociarnos, deberíamos recibir una ayuda por parte de los organismos encargados. Un reconocimiento o sello que no solamente me permita salir a competir afuera, sino que también haga que las empresas extranjeras estén en un día aquí. Operando.

–¿Y quiénes deben dar esa discusión?

La CMF. De hecho, tiene el mandato legal no solamente de fiscalizar, como era antes ex Superintendencia de Valores y Seguros sino que también de desarrollar mercado. Una de las maravillas de la tecnología es que todo es trackeable. La CMF llevará un año y algo, pero en cinco años veremos cómo se desarrolló el mercado gracias a los nuevos escenarios que proyectó o ayudó. Fintech es desintermediación y eso, democratización e inclusión financiera.

–¿Eso qué significa en la práctica?

Que hoy no necesito un intermediario para desarrollar determinadas transacciones que están entregadas a los servicios financieros tradicionales, los que seguirán existiendo. Es imposible que no. Latinoamérica tiene la tasa de bancarización más baja, sin conocer la de África, con cerca de un 40%. Es cierto que la de Chile es alta, pero si sacamos la Cuenta Rut es muy parecida a la del continente. Exageremos. Si Latinoamérica tiene una taza de 50%, hay una mitad que no tiene acceso al mercado financiero, ni a productos, ni a poder emprender en un lugar donde quizás no haya banco ni cajero automático. Pero sí hay internet, y eso trae plataformas y miles de servicios a nivel mundial que les permiten hacer préstamos y compras por comercio electrónico. Esto, bien llevado, cumple un rol social tremendamente importante.

–¿Bajo qué parámetros se debe analizar esta industria digital en nuestro país?

Se debe, necesariamente, tener la mente en que esto se compone por empresas que desaparecieron, otras que están naciendo en este minuto y un grupo que no sabemos cuándo pero que estarán. Todo es tremendamente dinámico, con distintas áreas. Existen las plataformas de Crowfunding y los servicios relacionados como los cita la CMF, pero también está Robo-advisor, Lending, CFD (contratos por diferencia) siendo una industria tres veces más líquida que las acciones a nivel mundial. Hay una serie de distintos tipos de empresa que nos hacen hablar de un ecosistema y no hacerlo de una industria específica como que todos los bancos son esto, todas las financiaras son esto, todas las industrias de leasing y factoring son esto. No, acá hay un ecosistema que a medida que haya una necesidad en el mundo financiero que pueda ser suplida con tecnología, se va a llenar. No necesitaremos un gran actor, con tremendas espaldas que pueda soportar. Por algo Inglaterra segregó la licencia bancaria. Hoy se puede aplicar a una parte de tu proyecto en el negocio bancario.

–¿Te parece óptima la medida de Inglaterra para nuestro país?

Chile es muy particular. Tiene que reconocer sus propias realidades para examinarlo todo y retener lo bueno.

–Entonces, ¿qué recomendarías?

Hay medidas de corto, mediano y largo plazo. Algo que a mi juicio puede ser de efecto instantáneo, que generaría competencia y evidentemente tiene otro lado de la moneda, es la liberalización de la  economía. Sin lugar a dudas que eso hace que actores extranjeros sean más eficientes que nosotros y muchos emprendimientos nacionales terminen cerrando. Como proteger a la industria nacional en materia de economía e impedir la libre competencia está prohibido, debemos permitir que la regulación de otros países con respecto a la industria fintech pueda ser la que haya en Chile. Es como lo que pasa con la industria de la aeronavegación. Basta que American Airlines esté certificada por la industria americana para que puedan aterrizar en Arturo Merino Benítez. Es ineficiente que me traigan los aviones para yo certificarlos, incluso porque cuentan con estándares más rígidos que aquí. ¿Por qué no hacer lo mismo con la industria fintech? Sí, hay actores dañados y eso es parte de la competencia. Pero la competencia genera innovación.


Imagen principal cortesía Álvaro Moraga. 

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12/03/2019 / Autor: Marcelo Salazar

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