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Dentro de un contexto en el que, por distintas razones, la migración ha ocupado parte importante de las páginas de prensa en el mundo, surgen en Chile luces de esperanza que -justamente- van en ayuda de ese grupo de personas que realmente la necesita.

Nuestro país anunció recientemente la creación de visa para niños, niñas y adolescentes que se encuentran fuera de su tierra de origen para que puedan acceder a los beneficios que el Estado ofrece, en especial en las áreas de educación y salud.

Enmarcada dentro del plan de atención a migrantes “Chile te recibe”, se genera así una innovadora instancia de apoyo social para habitantes de Bolivia, Venezuela, Haití, Perú y Colombia. Se trata de cinco naciones cuyos habitantes han encontrado en Chile un lugar en donde comenzar una nueva vida, lejos de las dificultades que los llevaron a migrar, con acceso a más y mejores oportunidades.

“El Estado de Chile tiene que abordar los desafíos que plantea la migración con seriedad y responsabilidad, con una mirada integral, con soluciones aplicables y adaptadas a nuestra realidad nacional”, expresó la presidenta Michelle Bachelet luego de precisar que serán más de 31 mil niños los que podrán acceder a beneficios sociales en igualdad de condiciones que los menores de edad que nacen en nuestro país.

Lo cierto es que así se avanza hacia esa responsabilidad que el mundo de hoy necesita. Porque una sociedad responsable no es simplemente aquella en donde las instituciones funcionan correctamente, en la que se respetan las libertades individuales y se generan oportunidades de empleo.

Tampoco se ocupa únicamente de responder ante las demandas de un grupo específico o actuar reactivamente frente a los vaivenes de la economía o las catástrofes naturales.

Por sobre todo lo anterior, una sociedad responsable es la que es consciente del valor de las nuevas generaciones, en este caso los niños y adolescentes, y el rol que van a cumplir para conducirla por el camino del desarrollo.

Esta nueva política pública, que es una muestra concreta de la visión de Estado sobre un tema crítico y sensible como la migración, nos invita no sólo a reflexionar sobre cómo podemos, desde nuestro ámbito personal o las comunidades en las que participamos, contribuir en esta integración tan necesaria.

También nos llama a tomar distancia de aquellas discusiones desinformadas y muchas veces exacerbadas por la instantaneidad de las redes sociales y que no hacen más que atentar contra la belleza y los beneficios que reporta para un país la llegada de hombres, mujeres, niños y adolescentes de otras nacionalidades.

Seamos capaces de colaborar en la construcción de esta sociedad responsable y brindemos oportunidades a quienes hoy la necesitan con urgencia.

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