Después de trabajar casi 10 años en empresas multinacionales, me animé a cambiar mi rumbo profesional en una start-up. Esto fue hace ya 5 años. Es que trabajar en este tipo de empresas me resultó tan divertido y cambiante que no sentí ganas de volver a la experiencia anterior. Viajala es la segunda start-up donde trabajo y todas tienen características muy propias que las diferencian de las grandes corporaciones.

Trabajar en grandes compañías significa formar parte de un engranaje complejo, donde hay diferentes personas involucradas en la toma de decisiones y también, en el caso de corporaciones internacionales, con una guía del camino del negocio que viene desde casa matriz.

El mundo de las start-ups es completamente diferente. Para empezar, se trata de organizaciones mucho más pequeñas donde las decisiones de negocio se van tomando en base al análisis permanente de los resultados y el aporte de todos los colaboradores.

Cada miembro del equipo es una parte fundamental, como también lo es la cultura de la organización. A la hora de buscar talento, no importa solamente el curriculum y sus conocimientos sino también influyen mucho los valores de los candidatos y el estilo de vida que buscan. Sólo con un equipo donde haya cohesión y sinergia se puede llevar adelante una empresa de pocas personas.

Otro valor fundamental de los colaboradores dentro de una start-up es la capacidad de emprender. Porque aunque la start-up no deja de tener dueños, CEO y/o Director General, cada colaborador es un emprendedor de su área o sector. Sólo con ese nivel de autonomía se logra que la compañía avance y que los proyectos se concreten.

El intercambio es 100% colaborativo y complementario. Cada uno debe aportar desde su disciplina y conocimientos el valor que la empresa necesita. Hay lineamientos y objetivos generales que se plantean a comienzo de año pero también tenemos la capacidad de cambiar de estrategia a tiempo si vemos que la coyuntura se modificó o que surgió un issue imprevisto.

Al ser compañías más chicas, las start-ups suelen tener menor presupuesto e infraestructura y eso obliga a explotar la creatividad. La lógica de mercado hoy cambió y sabemos que no siempre el que tiene más recursos es más exitoso, sino que se trata de usar esos recursos de manera eficiente, ese es el verdadero desafío.

En mi opinión, no hay mayor gratificación que ver cómo crece año a año una compañía como Viajala que empezó de la mano de 5 personas en 2013 y hoy tiene 25 en toda Latinoamérica. Sobre todo sabiendo que fue gracias al granito de arena que cada uno de nosotros aportó en este tiempo lo que nos hizo crecer, que en el camino aprendimos y crecimos cada uno como profesionales a la par de la empresa y que los objetivos que tenemos hoy también los vamos a lograr juntos.

Para aquellos que están buscando nuevas aventuras y tienen ganas de disfrutar de un entorno colaborativo, dinámico y que construye hacia el futuro, no tengan dudas que una start-up es el mejor lugar donde desarrollarse profesionalmente.

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