En un mundo cada vez más cambiante, complejo y heterogéneo, ya no es suficiente «hacer bien la pega» para ser una buena empresa, hay que reaccionar rápido; con propósito y generando externalidades positivas que antes no eran prioridad, pero que hoy son obligatorias para cualquier organización. Hay que estar atento a lo que pasa en el mundo y evolucionar acorde al mismo.

Una empresa debe estar preparada para entender qué está pasando en el entorno, no solo con su competencia directa, sino, además, con las tendencias (tecnologías y fenómenos sociales) que pueden modificar sus gestiones antes de lo que imaginan.

La innovación, como un mecanismo de adaptación y evolución, abre los poros de la empresa para escuchar el exterior y, si es que existe la versatilidad organizacional suficiente, ayuda a transformar lo necesario para evolucionar. Adicionalmente, este cambio debe comenzar desde el liderazgo de la empresa. Si los directivos no se convencen de llevar a sus equipos en esta dirección, el barco completo probablemente no llegue a buen puerto.

2018 fue un año en el que la sociedad y, sobre todo las empresas, se dieron cuenta de que haciendo las cosas de la misma manera, las probabilidades de éxito futuro, bajaban.

Innovar o aprender a innovar es una gestión que, aunque depende de muchos factores y variables, el más importante es que tiene que convertirse en parte importante de la cultura de las organizaciones, de lo contrario, los avances no van a tener mayor éxito, o no se va a sostener en el largo plazo.

Sin embargo, muchas organizaciones tienen un prejuicio ante la idea de innovar: presupuestos grandes y movilización gigante de recursos humanos. Pero en realidad, no siempre resulta una gran inversión en términos monetarios. También es posible innovar junto a mil ojos externos que entienden mejor el entorno, la sociedad, las tendencias; y de la mano de la expertise del negocio. Si se conectan bien estos nodos, pasa la magia, más barato y más rápido. No hay mejor manera de aprender a innovar que ejecutando la innovación, y  al contrario de lo que muchos directivos creen, no es necesario armar equipos costosos dentro de las empresas para innovar.

Hay miles de innovadores sociales que ya detectaron los problemas que las empresas se están demorando años para identificar. Solo en la plataforma de Socialab tenemos registrados 658.000 creativos, pero son muchos más los creativos en el mundo. La decisión de las empresas hoy es si verán a estos creativos como articuladores y aliados, como sus ojos en un entorno que no conocen, o si en cuestión de meses los ven capturando su mercado de una forma en la que no lo hubieran imaginado.

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