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El reconocido economista estadounidense Jeffrey Sachs ha sostenido últimamente que después de los avances logrados con los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que guiaron las iniciativas mundiales de desarrollo entre 2000 y 2015, los gobiernos del mundo han negociado un conjunto de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para el período 2016‑2030.

Los ODM – que apuntaban a poner fin a la pobreza extrema, el hambre y las enfermedades evitables- fueron los objetivos mundiales de desarrollo más importantes en la historia de las Naciones Unidas. Los ODS, en tanto, van a continuar la lucha contra la pobreza extrema, pero añaden el desafío de garantizar un desarrollo más equitativo y ambientalmente sostenible, con especial atención a reducir los peligros del cambio climático inducido por el hombre.

Ante esto Sachs plantea interesantes preguntas: ¿podrá un nuevo conjunto de objetivos ayudar al mundo a trascender los riesgos actuales y entrar en una nueva senda de desarrollo sostenible? ¿Serán realmente eficaces?

Es cierto que hace ya varias décadas venimos escuchando acerca de conceptos como desarrollo sostenible o sustentabilidad. La interrogante natural subsecuente sería: ¿qué significan estos conceptos? La Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de las Naciones Unidas define en 1987 el desarrollo sostenible como “la satisfacción de las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.

Variadas definiciones de sustentabilidad muestran los matices existentes en el debate social y académico respecto del concepto, pero -al mismo tiempo- se hace bastante evidente en aquella discusión la existencia de elementos comunes en las múltiples definiciones: las necesidades de la generación presente, las necesidades de las futuras generaciones, las necesidades del mundo natural y la necesidad de mantener la integridad y coherencia entre tales sistemas. Lo anterior considerando siempre, al menos, las dimensiones social, económica y ambiental.

Lo interesante es que identificados los desafíos globales y los ODS, estudios recientes –como los realizados por Todd Cold, académico de la Universidad de Yale- indican que una compañía puede aumentar en un 47% su valor bursátil si invierte en sustentabilidad.

Eso permite darnos cuenta que tanto las necesidades planetarias como las tendencias industriales estarían indicando que el desarrollo sostenible debiese ser el motor de la innovación tecnológica y social de las próximas décadas.

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