La llamada Cuarta Revolución Industrial subraya el rol que la tecnología y la digitalización juegan en nuestra vida cotidiana y en distintas industrias en la actualidad.

Las tres revoluciones anteriores marcaron situaciones parecidas. La primera tiene sus antecedentes en el paso de la producción manual a la mecanizada (entre 1760 y 1830), luego se refiere al cambio de la electricidad y la consecuente producción en masa (alrededor de 1850) y -finalmente- la experimentada por el mundo a mediados del siglo XX, con la llegada de la electrónica y las tecnologías de información y telecomunicaciones.

No son muchas las oportunidades de vivir procesos que marcan un nuevo paso en el rumbo de la historia. Transiciones políticas, cambios en la economía mundial, avances en la ciencia, entre tantos otros, se transforman en testimonio vivo para las futuras generaciones.

La tecnología y la digitalización marcan esos ritmos en la hora actual, conocida también como la Revolución 4.0 . Los orígenes de estos cambios se sitúan en Alemania, país que la estableció en su agenda de gobierno como “estrategia de alta tecnología”, y se basa en el proceso de transición que el mundo está viviendo hacia uno completamente digital, el cual se soporta en la infraestructura construida en la tercera revolución.

A esto hay que sumar otros dos puntos importantes: Internet de las Cosas jugará un rol gravitante en esta revolución y, segundo, la economía mundial recibirá 14,2 billones de dólares en los próximos 15 años, de acuerdo a estimaciones del Foro Económico Mundial, producto de este proceso.

Los alemanes estimaron también que esta nueva etapa cambiará el paradigma del mundo laboral en todas las industrias del planeta y que las nuevas tecnologías apalancarán conceptos que suenan cada vez con más fuerza, como el teletrabajo o tecnologías transformadoras, como la telemetría.

Esta última permite medir magnitudes físicas a distancia, las que son enviadas hacia un centro de recopilación de información. Está presente en distintas industrias y sus usos son múltiples: monitoreo, control y gestión de cualquier tipo de maquinarias y/o vehículos, mayor seguridad y productividad en las empresas y faenas, disminución de accidentes, entre muchos otros.

Gracias a la telemetría, diversas industrias verticales, como redes de suministro eléctrico, de gas, plantas químicas, por nombrar algunas, pueden ver impactos positivos en su performance, uso de recursos y beneficios -económicos y laborales-, los que se traducen en una mayor competitividad para quienes la utilizan.

En Chile, sectores como la minería y el transporte ya la han incorporado y la disminución de costos y/o aumento en la productividad nos muestra que su uso será cada vez más frecuente en los próximos años.

La oportunidad para que las empresas sean las protagonistas de esta Revolución 4.0, es invaluable. Es un momento concreto de dar un paso adelante en términos de productividad, diferenciación y de incorporar códigos que serán el lenguaje corporativo y de los negocios del mañana.

Las claves para el éxito están dadas por la apertura y la flexibilidad para adaptarse a este cambio es fundamental. Únicamente las empresas que abracen esta transformación serán capaces de vivir la nueva etapa desde dentro y dejar ese testimonio histórico que serán los antecedentes de una posible nueva revolución en el futuro.

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