Los últimos años hemos apreciado un fenómeno inusual en el tenis. Federer, Nadal, Djokovic y otros de la misma generación siguen ganando con facilidad, a pesar de su edad, contra tenistas mucho más jóvenes y seguramente más atléticos que ellos. Esto ha despertado la curiosidad de la prensa especializada, ¿los jóvenes tienen un peor rendimiento? ¿Erran en algo durante sus entrenamientos? ¿Los mayores están mejor preparados en facetas que quizás no consideramos relevantes? Este mismo fenómeno al parecer ocurre en el emprendimiento.

La intuición o sentido común dice que mientras más joven el emprendedor, mayor la probabilidad de éxito del emprendimiento y de lo que viene. Más empuje y energía para probar y equivocarse, probablemente con una mochila más liviana y que permite mejores movimientos en el caso de que todo no vaya como la planeada. Son algunos de los puntos que sustentan esta hipótesis, sobre todo los inversionistas que ven con buenos ojos este ímpetu desenfrenado, relativamente a bajo costo, para generar mayor ganancias al futuro.

¿Qué motiva a gente de edad más avanzada a atreverse y embarcar proyectos de futuro incierto?

Al parecer la evidencia de los fríos números va en contra de esta creencia popular. Un estudio publicado por la BBC en 2018 arroja que la mayor cantidad de creación de startups en Estados Unidos viene de personas que rondan los 30 y  49 años. Por otro lado, las con mayor crecimiento en las empresas van entre los 40 a 49 años.

Al igual que la situación en el tenis, ¿por qué se da que los emprendedores con más “recorrido” en la vida y el mundo laboral tienen mejores resultados? ¿Qué motiva a gente de edad más avanzada a atreverse y embarcar proyectos de futuro incierto?

Hay un factor exógeno que probablemente empuja a la gente a emprender y es que cuando el futuro corporativo comienza a tornarse incierto, la posibilidad de seguir igual que siempre disminuye a pasos agigantados. Es por eso que muchos llegan a preguntarse si acaso podría llegar a quedar sin trabajo, un temor fundado y que despierta las alarmas.

Es ahí donde algunos despiertan su espíritu emprendedor. Los menos visionarios lo hacen cuando temen perder lo suyo, siendo mucho menor el margen de error y con stress que vuelven no tan sana esta actividad.

De lo anterior concluyo que hay una oportunidad enorme en los momentos que uno sigue vigente en el sector corporativo, o incluso estando fuera de este pero en una edad superior a los 30 años. Estas personas deben cumplir un rol de mentorear y aportar valor en los proyectos que no necesitan solo dinero sino que también la visión de alguien que haya vivido experiencias similares.

Otro requerimiento es buscar lo necesario para emprender mientras tu situación económica no dependa de ello. Esta experiencia puede ser rejuvenecedora y puede pavimentar el camino a un nuevo cargo o negocio.

Por último, no temer que la energía del más joven te pasará por encima. En la cancha, como en el tenis, hay muchos factores en juego. Algunos de ellos pueden que no sean comunes o populares, pero juegan muy a favor. Más de lo que se cree.

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