Cuando en el área de innovación de una empresa se confunde la adrenalina de sacar adelante un proyecto con la urgencia que el mercado requiere, el grado de incertidumbre que esto produce muchas veces puede llevar al fracaso.

Es muy común creer, que  para que esta adrenalina pueda ser controlada y manejada, para el correcto funcionamiento de los proyectos, se deba hacer una carta gantt clara para establecer los plazos de ejecución. Pero los proyectos de innovación se caracterizan por un alto grado de incertidumbre, en cuanto a su posible adopción por parte del cliente o usuario. No podemos planificar hoy, cómo nos irá en cada una de las etapas de validación con nuestros clientes ni cuántas iteraciones tendrá el diseño de la solución.

​La metodología de innovación que se está difundiendo en numerosas empresas nos enseña que la velocidad es efectivamente una ventaja competitiva en la carrera de los innovadores. No obstante, cuando hablamos de velocidad se refiere ante todo a la necesidad de aprender más rápido que sus competidores para lograr esa ventaja.

Ahora bien, el aprendizaje no es únicamente descubrir cosas positivas, inesperadas o excepcionales. Aprender es también darse cuenta de las numerosas ideas que no generarían valor para un cliente y, darse cuenta lo más tempranamente posible, llevará a no incurrir en gastos e inversiones inútiles.

​La innovación es tan importante que puede suponer la diferencia entre el triunfo y el fracaso de un negocio: innovar en el momento adecuado (y no cuando ya sea tarde) puede hacer que las ventas de una empresa se catapulten, mientras que no hacerlo podría suponer la agonía de un negocio, o bien que la competencia nos supere y pueda acabar con nosotros. Por tanto, se trata de una decisión estratégica de vital importancia y que hay que tomar en el momento adecuado y sin apuro.

La innovación puede adoptar mil formas: tecnológica, mejoras en procesos productivos, que los hagan más rentables; comercial, un desarrollo o un nuevo producto que nos permita ser más competitivos ante los clientes; aplicada a los procesos de la empresa, producción, administrativos, comerciales, de distribución; entre otros.

Entonces, el gran objetivo de generar innovación es crear una ventaja competitiva, para que los clientes puedan percibir  aquellas oportunidades totalmente nuevas, o bien atender a ese mercado  que otras marcas han descuidado u olvidado en el camino, ahí es donde nuestra innovación se convierte en ventaja competitiva.

La clave para ello, es respetar los tiempos propios de cada proyecto, de estudio, de evaluación y de validación. Ninguna innovacion se logra de una semana para otra, como todo trabajo necesita tiempo, metodología y los ensayos de error y fracaso. Por ello, la perseverancia que debe tener la empresa para innovar con resultados es la de seguir alimentándose de ideas y de proyectos de todo tipo, y la de procesarlos de la forma la más eficiente y menos costosa aplicando métodos de comprensión de sus clientes y a través del experimento.

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