La prohibición de bolsas plásticas en supermercados y comercio en general fue una terapia de shock: de un día para otro tuvimos que, a la fuerza, cambiar nuestros hábitos en pos de un medioambiente más limpio. El cambio no ha sido fácil, pero de seguro la gran mayoría de los chilenos entendemos el porqué y estamos dispuestos a aplicarnos con ello. Un golazo en la región, uno que nos alzó gloriosos como el primer país del continente en prohibir el uso del plástico en el comercio, uno que nos posicionó como una nación cada vez más responsable. Ahora debería ser el turno de la contaminación atmosférica.

La Organización Mundial de la Salud estima que siete millones de muertes ocurren cada año debido a la contaminación atmosférica. De ellas 3,8 millones mueren por contaminación del aire doméstico y un 95% de la población mundial vive en una zona con una cantidad de partículas en el aire superior a la recomendada.

Y si se trata de cifras alarmantes, la cuenta no para y nos toca directamente. Un reciente estudio de Greenpeace ubicó a nuestro país como la segunda nación más contaminada de Sudamérica y a nueve ciudades de Chile, dentro de las 15 más contaminadas de la región, todas ellas en el sur del país. La causa: en un 95%, el uso de leña para calefacción.

La leña es un recurso de amplio acceso, muy arraigado en nuestra cultura – al igual lo eran las bolsas plásticas -, pero que contamina de forma importante, no hay dudas de ello. Se habla de leña seca – claro, mejor que la húmeda – y de nuevas estufas, pero seguimos parados en el mismo paradigma, incluso cuando mutamos a pellet, parafina o gas.

El uso de leña es un tema cultural, uno muy arraigado, pero que requiere una inmediata corrección.

Desde la Región de O’Higgins a la Región de Aysén, el 74% de los hogares consume leña para calefaccionar los hogares y cocinar los alimentos. Ya es un tema cultural, uno muy arraigado, pero que requiere una inmediata corrección. De acuerdo a un estudio del Ministerio del Medio Ambiente,  la leña es la principal fuente emisora de material particulado fino a nivel nacional con un 86,7%.

Existen experiencias exitosas en el sur de Chile en donde se han cambiado estufas a combustión, por equipos basados en electricidad, logrando los mismos o mejores niveles de confort en los usuarios, con cero contaminación, bajos costos operacionales – competitivos con la leña, medidos y cotejados con los usuarios -, altos niveles de seguridad y comodidad, y un sinfín de otras externalidades positivas. Y las autoridades están al tanto de ello.

Nosotros en Climo, por ejemplo, ya hemos realizado dos giras al sur de nuestro país, donde hemos intentado conversar con los ciudadanos para explicarles la importancia del recambio de fuentes de climatización. Existe una creencia injustificada que dice que las fuentes de energía eléctrica gastan mucho más que la leña; y esto no es así. Nuestros equipos incluso lograr ahorrar hasta un 70% versus otras alternativas de climatización existentes en el mercado.

Nuestro propósito como empresa es el de acercar la climatización a todos los chilenos por igual, y el de descontaminar nuestro país. Ahora, el Gobierno tiene la pelota. Cuenta con importantes recursos y programas para la descontaminación de esta zona, y podría meterse otro golazo: aplicar terapia de shock, cambiar el paradigma de calefacción sureño y descontaminarlo de una vez por todas.

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