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La excelencia en el servicio de transporte público para pasajeros depende mucho de la efectividad de las operaciones que se realicen, así como de la disponibilidad de información y la buena comunicación entre los actores involucrados.

Para alcanzar estos puntos de excelencia, la existencia de una importante inversión resulta fundamental. Porque un sistema de transporte eficiente y la mejora en la movilidad de los ciudadanos han sido, y seguirán siendo, factores cruciales para el progreso económico de las sociedades avanzadas.

La importancia de contar con una infraestructura vial, una flota de transporte público que responda frente a la usabilidad diaria, la disminución de los tiempos en trayectos, el nivel de servicios de los viajes, son algunos de los elementos que se ven directamente beneficiados al incorporar las tecnologías a su uso.

Las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC´s) tienen mucho que decir en este tema, porque habilitan soluciones avanzadas que colaboran a afrontar los problemas, ya sea mediante la propia integración de aplicaciones en vehículos y sistemas de gestión de tráfico, favoreciendo la reducción de desplazamientos a través de servicios digitalizados.

Las horas actuales en este tema no son las mejores, sobre todo si se considera que desde la implementación del Transantiago el año 2005, el Estado ha desembolsado US$6.080 millones para que este pueda operar de forma efectiva.

Ante estas cifras, la pregunta que surge es si efectivamente estamos tomando decisiones correctas respecto a la planificación de transporte en nuestro país. Y ante ello surge con fuerza la incorporación de TICs a sus funcionalidades.

La adaptación del sector de transporte a las nuevas tecnologías involucra la necesidad de realizar inversiones para su implementación y posterior marcha. Debido a esto, la diversidad de aplicaciones que ofrecen las TICs al sector del transporte implica que sus costos también sean distintos.

Por otra parte, hay que considerar los ahorros económicos involucrados, ya sea por mejora de productividad, ahorro en gastos derivados de accidentes, contaminación medio ambiental, entre otros.

Eso sí: claramente, la tecnología por sí misma no solucionará todos los problemas, aunque su incorporación coordinada por parte del sector público y privado, puede colaborar a avanzar en una dirección correcta.

El desafío de fondo no recae sólo en disponer de herramientas tecnológicas, sino en cómo optimizar, de buena manera, su utilización en el escenario local. En ese sentido, resulta fundamental generar iniciativas que permitan implementar sistemas tecnológicos que se ajusten a los requerimientos y necesidades de los usuarios.

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06/12/2016 / Columnista: Jaime SotoSecretario General de ACTI.

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