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Según señala el Atlas de Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) que desarrolla el Banco Mundial, Chile se encuentra en el sexto lugar en la lista de países analizados, con el 40% de la población más desfavorecida que ha experimentado mejoras económicas más rápidamente si se compara con la media mundial.

El país ingresa así al grupo de las diez naciones que más han luchado por corregir la desigualdad desde el año 2009.

Si bien la pobreza continúa siendo un problema que debemos enfrentar con herramientas concretas, la realidad es que hoy Chile se sitúa en una posición de avanzada, en un ranking que incluye a 220 economías globales.

La pobreza en nuestro país es una realidad que preocupa transversalmente. Los innumerables esfuerzos que se vienen realizando desde las políticas públicas en conjunto con otros actores de la economía y la sociedad en general, siempre parecen ser modestos ante una situación de la cual no quisiéramos establecer reporte alguno.

Por ello, cuando llegan buenas noticias, como el reciente informe emitido por el Banco Mundial, y en el cual se afirma que nuestro país es líder en reducción de la pobreza, también debiéramos alegramos de forma conjunta.

Los resultados evidencian un trabajo concreto durante las décadas recientes, aunque aún con oportunidades de mejora, especialmente en el acceso a oportunidades para los más desposeídos, en la educación de las futuras generaciones y en la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, por nombrar algunos.

Aún tenemos tareas pendientes que debemos asumir de forma articulada y consciente, para abrir espacios y evidenciar nuevas posibilidades de alcanzar una mejor calidad de vida para quienes lo requieren.

Con una población cercana a los 18 millones de personas, según los datos del último censo, este reconocimiento no es más que una invitación a revisar lo que hemos estado realizando correctamente como país para mejorarlo y hacerlo extensivo a más sectores de la población.

Con humildad es posible reconocer los logros alcanzandos en este tema, sin perder de vista que se debe continuar trabajando por eliminar las grandes brechas sociales que aún existen. Celebremos, pero siendo conscientes de que aún queda mucho por hacer.

La sociedad chilena puede y quiere marcar una diferencia radical en una problemática de tal magnitud como ésta. Mujeres, hombres y futuras generaciones conforman un gran potencial para transformarnos en una nación desarrollada, en donde la pobreza no exista.

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