A pocos días de volver con un equipo de 26 emprendedores Endeavor de una gira de prospección comercial y tecnológica a Israel, con foco en crear instancias para conectar con inversionistas, distribuidores y clientes, parece relevante compartir nuestras experiencias y por sobre todo, los desafíos que nos deja este viaje.

Podemos decir que la gira fue un éxito, nos permitió ver lo bueno y lo malo de nuestro ecosistema y quedar maravillados con un país que nos lleva una delantera de 20 años en términos de emprendimiento, siendo capaz de convertirse hoy en un hub global de desarrollo tecnológico de primer nivel, peleándose los primeros lugares de todos los rankings con Silicon Valley.

Fuimos a conectarnos con industrias relevantes para los emprendedores. Industrias de las cuales podemos aprender pero también ser parte. Por eso fuimos a la gira con proyectos escalables y que ya han demostrado que su tecnología es exitosa en Chile y en otros mercados. Y eso nos abrió muchas puertas.

Es aquí cuando vienen las buenas noticias y podemos ratificar la idea de que los emprendimientos nacidos en Chile tienen todo el potencial para ser escalables y exportables. Nos reunimos con fondos de inversión, autoridades, grandes compañías y otros emprendedores, quienes se sorprendieron del nivel de las soluciones generadas por nuestros emprendedores, y no sólo se interesaron en generar alianzas con ellos sino incluso están analizando la viabilidad de instalar en Israel soluciones que allá no existen y que son necesarias.

«Tenemos miles de emprendedores con alto potencial. Es tiempo de que los aprovechemos en serio y entendamos el poder que tiene el emprendimiento de alto impacto para  transformar el país».

Las malas noticias vienen cuando hablamos de financiamiento para el emprendimiento y la innovación. Países tan avanzados en acceso a capital dejan en evidencia lo al debe que estamos en Chile. Tenemos emprendimientos exitosos, el volumen de emprendimientos más maduros es cada vez mayor, pero hay pocos actores a nivel local financiando el crecimiento. Necesitamos más fondos e inversionistas que estén dispuestos a salir de la zona de confort, a correr riesgos, a apostar por estos proyectos y a compartir su conocimiento, asesorando y trabajando codo a codo con los emprendedores. La retribución es inmensamente mayor a lo que se puede obtener en sectores más tradicionales, como la inversión inmobiliaria.

Contar con pocos fondos se traduce en poca competencia y poco dinero disponible. Hoy nuestro sistema de capital de riesgo ofrece acceso limitado al dinero y en demasía costoso para el emprendedor. Lo que nos pone en  una situación de cuello de botella. Cada vez hay más emprendedores escalando con soluciones innovadoras, pero pocas fuentes de financiamiento para apoyar su crecimiento. Por lo mismo, tomar un avión y cruzar fronteras para buscar  financiamiento es una realidad que nuestros emprendedores lamentablemente están normalizando.

El año pasado los fondos israelíes, financiaron el crecimiento de cientos de emprendedores invirtiendo 5 mil millones de dólares en diversas rondas. Un Inversionista Ángel en Israel es aquel que al menos invierte 1,5 millones de dólares en una empresa. Acá en Chile, Ángel es aquel que invierte 15 mil dólares. Estos números tan abultados en el caso de Israel hacen que nos preguntemos ¿por qué ellos invierten tanto en dichos emprendedores? ¿por qué tantos capitales concurren a esa zona para financiar el crecimiento de los emprendedores? Y llegamos a la conclusión de que no es precisamente porque sea un mal negocio. Es obvio, ¿cierto?

Además de los desafíos antes mencionados, cabe destacar que también desde el sector público necesitamos un proyecto a largo plazo para que las políticas públicas fomenten el emprendimiento y la innovación. No nos puede pasar que al llegar fondos internacionales se les llene de trabas. Al contrario. Necesitamos dar a conocer los beneficios de apostar por Chile y empezar a robustecer nuestro ecosistema de financiamiento. Recientemente estuve en contacto con inversionistas alemanes, atraídos por el bullante ecosistema emprendedor chileno. Su tristeza no fue menor al enterarse que el acuerdo para evitar la doble tributación entre Alemania y Chile yace en nuestro congreso desde el año 1999 sin prosperar. Sin duda, son aspectos en los que debemos avanzar.

Tenemos miles de emprendedores con alto potencial. Es tiempo de que los aprovechemos en serio y entendamos el poder que tiene el emprendimiento de alto impacto para  transformar el país.

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