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Umberto Eco, semiólogo y escritor italiano, plantea en su novela “El nombre de la rosa” que una rosa en un matorral no existe por estar ahí o porque uno la está mirando; o porque uno se pinche un dedo con su espina. Existe por su nombre, porque tras su existencia de rosa, lo único que queda es su nombre. Y así su significado y valor pasan a ser inmortales en la medida que se hable sobre ella.

¿Cuántas historias que nunca fueron comunicadas, pero que probablemente generaron mucho impacto en su tiempo, no existen por nuestra incapacidad de poder conversar sobre ello?

Desde esa lógica, es verdad que cuando las cosas no se hablan no existen, así lo hemos visto con la escasez del agua, con la libertad de género, con el aumento de la obesidad, con crisis políticas, etc, si no hablamos fuerte los que conocemos nuevas realidades, permitimos que muchos se enteren en tiempos que son demasiado tarde. Es ahí donde nosotros desde Avonni (avonni al revés) buscamos generar un cambio y una mejora.

Para nosotros, es fundamental que cada persona que nos conozca pueda ser un amplificador del valor que tiene la innovación y de reconocer que tenemos talento en el país de primer nivel. Amplificar nos permite existir, nos permite poner nuestros casos en el imaginario colectivo del país.

Y aunque es innegable que como sociedad tenemos una tendencia a guardarnos los elogios, desde Avonni hemos comprobado que reconocer y vitorear en conjunto (nuestra comunidad de expertos, ganadores, finalistas, nuestras empresas embajadoras, las autoridades y un sinfín de amigos que nos apoyan desde distintos sectores) genera un estado de ánimo distinto, entrega confianza a todos, y abre una ventana de optimismo a que buenas cosas están ocurriendo y que pueden seguir haciéndolo.

Cuando partimos reconociendo la innovación eran pocos los que hablaban del tema, y esos pocos eran además centros técnicos y científicos, que no tenían comunicación directa con las personas. Hoy, gracias al poder de amplificación que tenemos gracias al compromiso que tuvieron desde un principio TVN como El Mercurio, hemos logrado cumplir 11 años reconociendo a distintos innovadores en el país; declaramos en 2013 -junto con el ministerio de Economía- el Año de la Innovación; hemos visto como casi todas las universidades del país han abierto sus mallas para permitir el acceso a proyectos de innovación y emprendimiento, generando también cruces de estudio colaborativo entre distintas carreras. La publicidad ya habla de innovación como un valor accesible a cualquier persona y lo mismo sucede en los medios de comunicación.

Cuando se quieren desarrollar temáticas pro innovación casi siempre los casos exhibidos son ganadores de nuestro Avonni. Hemos visto nacer iniciativas como Start Up Chile, IF, Empresas B, Laboratorio de Gobierno, Mujeres del Pacífico, la Comisión de Innovación de la Alianza del Pacífico, entre varias otras. La amplificación así se transforma en una cadena virtuosa que abre camino a que más iniciativas en pro de la mejora en la calidad de vida de las personas se instalen y rompan cadenas que no nos llevan a ninguna parte.

Este 9 de noviembre se realiza la versión número once del reconocimiento a la innovación nacional. Si cada uno de ustedes que lee esta columna quiere ser un aporte en el desarrollo pro innovación en el país, por favor investigue sobre innovación, lea casos de innovaciones chilenas, enamórese del valor que genera, más que tenerle miedo a los riesgos que implica, pero por sobre todas las cosas HABLE, comparta los casos, las buenas prácticas.

Haciendo esto va a permitir que más puertas se abran, siendo también un facilitador en la creación de una sociedad del conocimiento donde los que ganan son más que menos y en donde las oportunidades se encuentran en todo momento.

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