Muchas son las emociones que nos han acompañado en torno al  accidente laboral que afecta a 33 mineros en la zona de Atacama. Pasamos de la sorpresa a la desesperación,  después vino la indignación, ahí empezamos a  dejar fluir la esperanza y la fe. Luego desatamos la alegría y el júbilo de saber que “estamos bien en el refugio los 33”. Ahora, tenemos las emociones relativas a la impaciencia de los familiares y de todos los chilenos, por saber que ellos están sanos y salvos en tierra firme.

Todo un país atento a las faenas de rescate Plan A, Plan B y Plan C.  Millones de dólares puestos al servicio de las  labores de rescate, millones de pesos, puesto en las labores de seguridad de la población que se ha instalado en el lugar, millones de pesos en los equipos de los medios de comunicación que cubren la noticia día a día. Y miles de millones de esfuerzos y donaciones destinadas a alimentar a las personas que están  en el sector de la mina  San José.

Sin ánimo de poner ningún manto de duda  respecto de la legitimidad de estas labores de rescate y del esfuerzo económico realizado por salvar estas 33 vidas, quiero reflexionar  respecto del valor de transformar  nuestra seguridad laboral de manera de crear mayor valor para nuestros trabajadores, nuestras empresas y nuestro país.

La verdadera innovación busca crear valor para un demandante y capturar valor para el oferente. Pero, ¿por qué hablar de innovación en relación a este accidente? Estoy convencido de que llegó el momento de abrir los ojos respecto de la seguridad laboral y de innovar en ella, aprendiendo las lecciones  del caso.  Cómo es posible que nos gastemos tal nivel de recursos en esta emergencia, cuando, con una mínima parte de los mismos, se podría haber invertido en las condiciones de seguridad que este yacimiento debería tener para operar con mayores niveles de seguridad. ¿Por qué la mina no tenía  Plan A, B y C para  posibles emergencias? La respuesta es obvia, pues si se consideraran estos planes es posible que el negocio no sea rentable.  Estoy convencido de que estas miradas de cortísimo plazo no ayudan a que Chile despegue definitivamente del subdesarrollo. La cuenta al final alguien la paga, la pagan los negocios o lo pagamos todos los chilenos.

Es así como surge el imperativo de innovar en la visión de la seguridad laboral de nuestras empresas.  Si la minera San José hubiese considerado mejores estándares, (por ejemplo: ductos de emergencia para evacuar), claro que tendría un menor margen de rentabilidad. Pero, si se mira como una forma de asegurar lo continuidad de las labores del yacimiento o de un respaldo para  sus trabajadores, estaremos todos de acuerdo que resulta en una menor rentabilidad pero sustentable. Hoy, que tenemos una empresa que, por no anticipar y no tomar estos resguardos, en este momento tiene 33 trabajadores en riesgo vital, el yacimiento sin ninguna posibilidad de continuar sus faenas en el futuro,  con el estado gastando una cantidad de recursos  que no estaban previstos a esta causa, y  con los dueños de la empresa sin capacidad de responder  por estos gastos.

Finalmente, el costo de la seguridad laboral  no es más que un seguro de rentabilidad sustentable. Mientras menos accidentes se sufra y menor sea la gravedad de estos,  más bajos serán  los costos y el tiempo  de restablecimiento de las faenas.  Lo contrario, es  no hacerse cargo de los riesgos implícitos en cada labor e, ingenuamente creer, que ese ahorro me lo estoy ganando. Probablemente, muchos opinarán que no hay nada nuevo en lo relativo a la seguridad laboral, pero claramente hay un espacio para pensar de manera creativa  acerca de ella. Esto nos permitirá implementar soluciones más eficientes, quizás de menor costo, claramente soluciones que permitan una pronta reanudación de las faenas después de un evento y, definitivamente, todas ellas aportando a la creación de valor y a capturar parte de él.  Alguien paga la cuenta siempre, pero la idea es que ésta sea la menor posible y así evitar la destrucción de valor.  A innovar en la manera que pensamos en nuestra seguridad laboral,  a crear valor  para nuestros trabajadores, para nuestros inversionistas y para nuestro país.

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