Mis Favoritos

Durante muchos años y en varias oportunidades he tenido que asumir cambios radicales de vida, nuevos escenarios particularmente difíciles de enfrentar e incluso casi imposibles de sobrevivir. Hoy a duras penas logro aceptar y comprender la cruda realidad saturada de incertidumbre permanente, generada por el desacreditado esfuerzo con características de osado atentado, de intentar doblarle la mano a la adversidad.

Definitivamente no soy el único que ha tenido que enfrentar cambios de vida. Probablemente tú también los has vivido y sabes lo difícil que suelen resultar. Seguramente tú sabes tan bien como yo, que todo aquel que intenta hacer algo nuevo con su vida, va a cambiar y seguramente va a evolucionar, pero sometiéndose a un proceso de renovación interna y deberá con claridad, atenerse y asumir las consecuencias. Claro que no debemos olvidar que ese cambio va acompañado del entorno e involucra y puede afectar a otros. Cuando nos enfrentamos a cambios, nos enfrentamos a lo nuevo, a lo desconocido que tiende naturalmente a la personal innovación basal.

¿Pero qué nos motiva y a veces nos obliga a cambiar? ¿Nuestra insoportable naturaleza evolutiva?, o simplemente ¿somos estúpidos que queremos cambiar o intentar aportar para mejorar el Mundo? Para muchos, esa podría ser la respuesta correcta. Para “esos” solo somos estúpidos innovadores. En este contexto, asumo mi estupidez abrazándola con todas mis fuerzas; me gusta, lo disfruto y quiero seguir siendo un estúpido soñador.

Hablar de innovación sin vivirla, no tendría ninguna gracia y se notaría muy rápido la falta de sentimientos. Sí, porque primero somos personas y sentimos. Sentimientos como la alegría y el placer de crear, pero también sentimos la bofetada del dolor. ¿Dolor? Claro, y aunque la mayor parte de las veces es alegría, también suele doler. Duele cuando tus propios amigos y en tu propio país, consideran que el producto de tu creatividad es solo una pérdida de tiempo o son solo ideas locas. Duele, cuando vez lo difícil que resulta conseguir apoyo o financiamiento para desarrollar tu nuevo producto y llevarlo al mercado. Duele, cuando vez tu casi innovación, envuelta en incertidumbre y sin resultados. ¿Duele? Sí, puta que duele.

Pero como tú eres tan emprendedor como yo, te invito a disfrutar de esos maravillosos sentimientos e incluso te invito a ponerle el pecho al dolor, te invito a que sin temor mires directamente a los ojos a la estúpida innovación. Pero ahora, hay que pensar en innovación con resultados. Hay que pensar en invenciones dirigidas. Hay que pensar y crear dirigiendo el foco en el implacable mercado. Hay que imaginar y pensar en montar como a un caballo salvaje a la novedad, y domarla.

 

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