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¿Podríamos presumir o estar de acuerdo en afirmar que en los procesos de innovación, se manifiesta como premisa básica y fundamental la libertad creativa depositada en los actores involucrados? Puede resultar atractivo pero afirmarlo tal vez muy osado.

Rápidamente podríamos encontrar indicadores de que esa anhelada soltura creativa, que sin duda libre y espontáneamente podría entregar señales y resultados basales con grados sustentables, parece tender a perder fuerza y consistencia perdurable por falta de rigor, disciplina, visión o propósito.

Entonces, ¿Toda innovación es el resultado de un proceso con un propósito? ¿Qué tal visualizarlo como un propósito inserto en un proceso?… Parece que este podría ser un buen punto, “Un Propósito Inserto en un Proceso”. Cuando encontramos o singularizamos motivos, razones o porqué resulta imperiosamente necesario iniciar un proceso de cambio, comenzamos a compartir e involucrar a otros y ya no estamos en neutro, hemos enganchado y es el punto de partida del ahora, obligado proceso.

Aparece un reactivo acelerante “La competencia”… obvia, necesaria, agotadora para algunos e insoportable para otros… Pero está ahí, presente y en todos los ámbitos. ¿Qué hacemos? ¿La anulamos o morimos? ¿Nos diferenciamos y competimos? Muy complejo verlo de este modo, se presenta como una guerra de supervivencia. Increíble… rápidamente recordamos que el ser humano es innovador por naturaleza, comenzó su obligado proceso evolutivo instintiva y básicamente por sobrevivir. Desarrolló competencias para crear, descubrir, competir e innovar, con el simple y tal vez inconsciente propósito de mantenerse vivo.

La competencia y la innovación parece que siempre han estado y van a continuar en directa relación. Cordialmente te invito a concluir y a reflexionar con tu personal visión respecto a la influencia e importancia de la libertad creativa, de Las Competencias y de la competencia en la innovación.

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