Hace unos días realicé un recorrido por varias librerías, de las cuales pude rescatar un elemento común. En todas pude apreciar y notar que existía una sección de libros dedicadas únicamente al tema “Innovación”. ¿Cómo innovar?, “Las mejores metodologías para lograr la innovación”, ¡¿Cómo impulsar la innovación?”, son algunas de las interrogantes y vertientes que se buscaban explorar y presentar en estos libros.

Estos libros son herramientas que nos orientan y apoyan en la innovación, sin embargo, se debe desacralizar la idea de que la innovación está allá afuera y debemos alcanzarla, debemos quitarle la investidura de algo casi mágico que nos llevará más allá y nos resolverá los problemas.

Tengo la impresión de que las personas, empresas y organizaciones que buscan la innovación, en algún punto del camino se separan tanto de la realidad propia de la organización, se olvidan del objetivo, y el norte de la búsqueda de la innovación se transforma en un horizonte a alcanzar. La innovación deja de ser el medio para alcanzar algo y se convierte en el fin último a alcanzar.

Efectivamente, es bueno tener como cultura organizacional un valor que destaque la constante búsqueda de innovar y buscar hacer las cosas de una nueva y mejor manera. Sin embargo, el elemento crítico está en no olvidar que la innovación es un medio para algo. Es una herramienta para nuestro objetivo, no nuestro objetivo.

Antes de innovar, debemos preguntarnos ¿Para qué innovar?, ¿Cuál es el objetivo que alcanzaremos a través de la innovación? Teniendo claro lo anterior, podemos abrir un abanico de posibilidades que nos permiten alcanzar nuestro objetivo.

Siguiendo la línea de lo anterior, puedo mencionar un ejemplo muy concreto –y a primera vista simple– de lo que sería una innovación.

Recuerdo mi primera experiencia laboral en Rankmi.com, una empresa dedicada a ofrecer un servicio que agrega valor a la gestión de personas, a través de una plataforma web. Los principales productos que se ofrecían mientras yo formaba parte del equipo era la Gestión del Desempeño y Gestión del Clima laboral, entre otros.

Ahora bien, una preocupación constante de la empresa era mantener una cultura productiva, una cultura organizacional en donde el clima laboral fuera excepcional y diera gusto ir a trabajar a la empresa.

Ese es un objetivo concreto y claro, y dentro de múltiples prácticas que se realizaban para mantener estos objetivos, hay una práctica muy simple, concreta e intuitiva, que para mí, es un ejemplo de innovación. Mi jefe el primer día de trabajo me dice “Si tú quieres puedes venir con shorts y polera al trabajo, siempre y cuando tengas una muda para visitar o recibir clientes”. (¡Imaginen lo que es tener la posibilidad de ir a trabajar con short y polera en pleno verano con 34º de calor!)

A simple vista puede ser un detalle, sin embargo, este tipo de prácticas aumenta el compromiso, motivación y satisfacción de los colaboradores de una empresa. Lo anterior, tiene como efecto un aumento en la productividad de los equipos, lo que permite a una organización conseguir propios objetivos.

A veces el buscar la innovación solo por la innovación significa perdernos en ideas mesiánicas de que allá afuera, lejos de nosotros, hay algo que encontraremos y nos convertirá mágicamente en innovadores.

No debemos olvidar que la innovación es un camino y una herramienta para conseguir nuestros objetivos. Sin objetivos claros, no sólo la innovación se convierte en una ilusión imposible de conseguir, sino que además, perderemos distintos tipos de recursos.

En síntesis, para lograr innovar debemos responder las siguientes interrogantes: ¿Cuáles son nuestros objetivos? ¿Para qué queremos innovar? ¿En dónde vamos a innovar? Debemos tener claro nuestro objetivo que queremos conseguir, distinguir el medio (la innovación), y siempre debemos considerar la realidad única de nuestra organización. Sin lo anterior resuelto, naufragaremos en un mar de intentos fallidos.

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