Entre los 70 y 80 se crearon las grandes empresas de nuestro país, que hoy generan gran parte de las riquezas de Chile. Cualquiera que quiera entrar hoy a industrias tradicionales se encontrará con «grandes buques», que tienen una estructura de costos casi imbatible. Y es que durante más de 15 años y antes de la aparición del internet, estas grandes empresas se dedicaron a fortalecer su producto y abaratar el proceso; en años de baja volatilidad e incertidumbre el camino natural es el de la reingeniería de procesos y estandarización de producto, y la estrategia del negocio podía proyectarse hasta 5 años post, y seguía vigente sin ninguna interrupción.

Hoy el mundo ha cambiado. La planificación estratégica de una empresa, como mínimo, se hace anualmente. El enfoque de innovar y fortalecer el producto está casi obsoleto, y cada día más los productos se transforman en commodities. Pensemos en un celular: cualquiera sea la marca, todos alcanzan año a año niveles similares de atributos, funcionalidades, estética, packaging, etc.

También es claro que hoy es muy difícil ganar mucho dinero, como sí lo lograron hacer los dueños de las grandes empresas de los años 70. De ahí que las familias más afortunadas de este país hoy «tengan» dinero, y no requieran «ganar» dinero. Pese a esta dificultad, considero que hay un único tipo de innovación que realmente hace temblar a estos grandes buques: aquellas que desafían sus modelos de negocio. Usualmente, startups que vienen de afuera de la industria, pero que con modelos de negocios disruptivos entran a irrumpir la dinámica competitiva. En general, se trata de plataformas más que de productos; de innovaciones al modelo de negocios tradicional, y no innovaciones en los atributos o en las funcionalidades de los productos.

«Lo único que realmente puede competir con estas grandes empresas son los «outsiders» que irrumpen desde afuera para cuestionar modelos de negocio tradicional».

De esta forma, debemos estar preparados: lo que ya llegó y lo único que realmente puede competir con estas grandes empresas son estos «outsiders» que irrumpen desde afuera para cuestionar modelos de negocio tradicional, y que migraron del producto, a las plataformas.

En esta línea, es razonable que la bolsa de valores ponga más confianza en empresas tecnológicas o en plataformas, más que en modelos empresariales tradicionales; porque lo que está quedando obsoleto es justamente el modelo de negocios. Esto hace que estas empresas tecnológicas tengan una alta capacidad de generar liquidez, y con ello, una aparente sensación de solidez financiera. Lo que es claro, es que nos movemos en un mundo altamente volátil, y ni las empresas más tecnológicas están libres de esa incertidumbre e inestabilidad.

Mi sugerencia para aquellas grandes empresas que han movido la economía del país por años, es que pongan atención no tanto al producto, que cada día es más un commodity, sino a su modelo de negocios. Enfocar los esfuerzos de innovación en generar plataformas y aprovechar las grandes ventajas generadas en el tiempo para irrumpir en otras industrias diferentes de las que han participado por años, con modelos de negocios disruptivos que utilicen la tecnología de forma novedosa.

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